aberrante

Así seducía el portero abusador por WhatsApp

Ramón Espíndola está acusado de abuso sexual simple y grooming a una alumna del Instituto Parish Robertson de Monte Grande, a quien la acosaba mediante mensajes a través del celular.
martes, 22 de enero de 2019 · 21:27

Las heladas de las frías mañanas de invierno azotaban las veredas del conurbano. Las ráfagas de viento pegaban en las caras de los adolescentes, que con los ojos chiquitos entraban al colegio Parish Robertson de Monte Grande. Una de ellas era Jimena (nombre ficticio para preservar la identidad de la víctima) quien, con pollera roja tableada y a cuadros, iba todos los días a la institución ubicada en el corazón de la ciudad bonaerense. En la puerta la esperaba el portero Ramón Espíndola, quien daba la bienvenida a todos y cada uno de los alumnos, como también algunas palabras de aliento para arrancar el día. Vestido con camisa blanca, corbata, pantalones de vestir y zapatos bien lustrados, Espíndola sonreía y llamaba por su nombre a los chicos. Tenía memoria: se acordaba de casi todos.

Pero detrás de la amabilidad excesiva se escondía otra persona completamente diferente. El portero quedó detenido tras la denuncia de una de las familias de la institución, cuya hija le contó que se comunicaba asiduamente con el hombre en horarios extracurriculares y que había sufrido abuso en las instalaciones del colegio. La causa quedó en manos de la fiscal Verónica Pérez, de la UFI N°3 de Esteban Echeverría y Espíndola, encarcelado por abuso sexual simple agravado por ser encargado de la guarda y grooming. Además, sin intenciones de declarar. Este martes, Pérez ordenó que se le hagan las pericias técnicas al teléfono del hombre, ya que la denunciante presentó las conversaciones que tenía con él ante la Justicia.

Muy querido por toda la comunidad educativa, el portero empezó a ganarse la confianza de la menor lentamente. Le pidió su celular en junio del 2018 y un simple “Hola, ¿cómo estás?” fue el inicio para un vínculo más cercano. “Mirá lo que te escribí, pero borralo porfi”, le advertía el hombre. Al tener una relación de confianza, Jimena accedía y eliminaba algunos de los mensajes. “Te veo mañana, te espero antes de que te vayas. Nuestros corazones están latiendo al unísono, ya te estoy extrañando. Si podés y querés sacate fotos y mandame. Cuando puedas nos escribimos”, seguía diciéndole él, según revelan fuentes judiciales muy cercanas a la causa a Crónica.

Otro día, el hombre propone un contacto más directo: “Cuando puedas, llamame”. Jimena se resiste y le cuenta que no le dejaban usar el celular porque tenía las materias bajas. Pero el portero insiste: “Igual escribime, si podés sacate una foto en el gimnasio y mandame. Te espero siempre con los brazos abiertos y con el corazón más”. Además, en horarios de clase le preguntaba: “¿Venís un ratito?”. La nena se negaba, pero Espíndola insistía. Una situación de abuso sexual fue en el laboratorio del colegio.

Además, el portero le mandaba canciones románticas, algunas de Julio Iglesias. También le pedía que le mandara notas de voz, porque “le encantaba escuchar su voz”. La justificación de las charlas entre ellos, según el hombre, era porque “la amaba, la extrañaba y la necesitaba”.

Por otro lado, se presentaron ante la Justicia dos mujeres que trabajaron en el Instituto Parish Robertson. “Ay sí, me lo sospechaba. No me llama la atención”, dijo una de ellas. Otra, con varios años de trabajo en el lugar, aportó más datos: “Algo olía mal. Él entró dos o tres años después que yo. Este caso es una sorpresa entre comillas. Porque en realidad lo que veía todo el mundo y lo que nos llamaba la atención eran sus saludos muy cariñosos con las alumnas, las madres y con algunas profesoras. Yo no vi nada más, pero era de público conocimiento que era muy amable. Tengo entendido que la representante legal del colegio le habría dicho que su comportamiento hacia las alumnas debía ser otro”.

Los informes psicológicos hechos a Jimena determinan que su relato “tiene un hilo conductor” y que la menor es “espontánea” para declarar. Además, que el denunciado establecía una “relación de afinidad y seducción” con la menor, “erotizando poco a poco el vínculo con ella”.

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