Semanas atrás el senador Bartolomé Abdala confirmó que parte de su equipo de asesores no se presenta a trabajar en el Congreso. Incluso ni siquiera viven en Buenos Aires, sino que se encuentran en San Luis trabajando en lo que se sería su próxima candidatura a la gobernación. Ante esto, no demoró en despertarse la polémica y llegaron las primeras acciones: se controlará el presentismo de los asesores en el Senado.
Si bien en la Cámara Baja se implementó un sistema digital donde los asesores están obligados a marcar su asistencia, este sistema no estaba en la Cámara Alta y no se descarta su implementación en el corto plazo.
Los asesores de planta permanente son aquellos que tienen estabilidad y están afectados a una dependencia, comisión o despacho. Por otro lado, los transitorios entran y se van con el senador que los contrató, y su sueldo proviene de los módulos que tiene cada legislador. Lo mismo ocurre con los de locación de servicios, aunque estos son los únicos que no figuran en la página oficial del Congreso.
Para evitar que casos como el de Abdala se repitan, la secretaría administrativa del Senado, María Laura Izzo, resolvió implementar el sistema que exige la huella digital.
“Habiendo cesado las razones sanitarias que motivaron la modificación transitoria de las pautas de habilitación y control de ingreso a las instalaciones del organismo, también fueron normalizados progresivamente las actividades presenciales”, dice una parte de la resolución. Y agrega que se cita a los empleados legislativos, excepto los temporarios “afectados al despacho de los senadores”.
Según fuentes del Senado, aún no existe un proyecto para incluir a los asesores transitorios en la resolución que exige la huella digital para fichar.