Empresario: Mario Pulenta

Con el vino de herencia y el hockey en el corazón

Hijo de una de las familias fundadoras de la industria vitivinícola en la provincia, con sus 73 años Mario Pulenta sigue trabajando, fue también pionero en el hockey sobre patines, deporte que sigue jugando en el grupo de los “veteranos”.
miércoles, 28 de diciembre de 2011 · 12:29

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

“Les he pedido que me hagan jugar otra vez de refuerzo, ¡quiero jugar al hockey!”, dice Mario Pulenta entre risas. La frase podría no significar nada si no fuera porque quien la dice tiene 73 años y una pasión por el hockey sobre patines que lo desborda.

Pulenta es descendiente de una familia pionera en la industria vitivinícola, aunque  aclara que los pioneros fueron varios, “fuimos varias familias, los Graffigna, los Montilla, los Del Bono”. Lo cierto es que la empresa de su familia, Peñaflor, llegó a ser uno de los grupos vitivinícolas más poderosos de la Argentina y hoy, en manos de un grupo internacional, es la primera firma exportadora de vinos del país.

Don Mario se divide hoy entre sus dos amores: la bodega Augusto Pulenta y la comisión directiva del Concepción Patín Club, donde dio sus primeros pasos como jugador. Pero además, le tocó actuar en distintas instituciones empresariales y sociales de la provincia como:   Automóvil Club Argentino, en la comisión directiva; fue presidente de la Cámara de Bodegueros de San Juan, de la Federación Económica, de la Unión Industrial de la Cámara de Comercio Exterior, y miembro del directorio del Club Social. Hasta participó en la Fundación Mediterránea. “Siempre me gustó la conducción, sigo incluso trabajando como ex alumno de Don Bosco”, dice.

La historia de este líder nato comienza en Angaco Sur, que en 1942 pasó a llamarse San Martín. “Mi niñez fue muy simple, mis padres trabajaban en la empresa familiar, Pulenta Hnos., que tenían en conjunto los 9 hermanos que se quedaron sin sus padres de muy jóvenes, bajo la tutela del mayor, Quinto. Todos fueron conformando la empresa que después sería Peñaflor”, cuenta Mario.

El nombre de Peñaflor venía de un pueblo de España que la familia Romano había adquirido como marca y luego fue comprada por los padres de Mario, aunque jurídicamente siempre se manejaron como Pulenta Hnos. Pero el concepto, explicó Mario, era tener una empresa innominada, para que cuando dejara de pertenecer a la familia, no quedara pegada a un apellido. “En los años ‘50 yo no lo veía así, pero pasó el tiempo, los padres se pusieron mayores y desparecieron y vendimos, porque era familia muy numerosa, a un banco inversor de Estados Unidos y se conservó el nombre de Peñaflor”.

Esa firma se vendió en el año ‘97 y por entonces elaboraba la cerveza Bieckert, agua mineral Villa del Sur, jugos Cepita, vinos de mesa Termidor y vinos finos Trapiche.
La parte que le tocó a Mario, la reinvirtió en fincas y siguió así atado al sector. “Continué aferrado a la industria vitivinícola con una dimensión muy chica, muy diferente a lo que era Peñaflor, pero lo hacemos con la familia. Yo soy el mal llamado jubilado mayor, y mis hijos están todos incorporados a la empresa”, dice.

-¿Por qué eligió seguir en el sector vitivinícola?
- ¿Qué otra cosa podíamos emprender que  no sea estar jugando a la quiniela? Yo no era de mentalidad de depositar el dinero en el banco e irme a tomar café a la plaza. Siempre trabajé, siempre estuve muy activo por razones ideológicas; no soy de los que está marcando, pero soy el primero que llega y el último que se va de la empresa. Nuestro espíritu era hacer cosas, emprendimientos, y es lo que estamos haciendo con mi señora y mis hijos.

Los negocios de Mario Pulenta hoy se dividen entre la bodega y fincas con uvas finas en San Martín y la finca con uvas de mesa en Ullum. En la bodega elaboran los vinos marca Valvona, en honor al pueblito de los abuelos Pulenta en Italia, y la marca Augusto P, en honor al papá de Mario. Elaboran uvas Pinot Gris, Chardonnay, Viognier, Malbec y Syrah.  Los Valvona son vinos nuevos, frutados, elaborados con tecnología de punta; mientras que Augusto P es un vino de guarda con toque de madera, que pasa por cubas. Ambos vinos han ganado varias medallas de plata y oro en concursos nacionales y provinciales.

El emprendimiento de uva en fresco de 100 hectáreas en Ullum, está en plena cosecha y hay un ejército de gente trabajando. Pulenta explica que la cosecha debe ser muy rápida porque la uva debe entrar rápido al frigorífico. Son uvas de maduración temprana, primicia, variedad Superior y en pocos días más comienzan a cosechar la Flame. Esta uva se exporta a Alemania, Italia y Rusia.

“Estamos muy satisfechos, todos quisiéramos tener un horizonte más afianzado, pero los vinos que se están haciendo en San Juan son excelentes, hay que buscar un nicho donde la superación sea permanente y no descuidar detalles, porque la gente suele buscar lo que le gusta, es como con el helado”, explica Pulenta.

Pionero del hockey

De chico le gustó el patinaje y en 1950 se inscribió en Club Concepción, tenía 12 años. “Fui un jugador muy malo por cierto, pero jugaba porque no había muchos chicos, no se conocía mucho el hockey. Cuando fui más grande estuve como pro secretario del club, después secretario y finalmente como presidente estuve como 20 años, hasta que me rebasaba la ocupación y el tiempo que había que dedicarle”, cuenta.

En los primeros años, el club alquilaba una casa y había un arco al costado en una pieza y el otro arco estaba en otra pieza, ahí practicaban, “los arqueros no se veían”, los palos eran de amansera de arado a los que les ponían vendas en la punta y los patines tenían ruedas de aluminio. “Ibas corriendo y pegabas con el palo a la pelota, ahora se empuja la pelota”, cuenta.
“Los amigos del alma que he tenido son de ese club. Por ejemplo si necesitábamos pagar la luz decíamos: bueno vamos a ir a jugar a Caucete, juntábamos para la nafta y nos íbamos en auto. Cobrábamos una entrada en el Centro Impulso, jugábamos un partido y con esa plata pagábamos las cuentas”, recuerda con nostalgia.

Los bailes y empanadas también servían para juntar fondos. “La familia Varela nos prestaba su casa y antes había discos, hacíamos bailecitos, hacíamos choripanes, empanadas y así juntábamos  para pagar todos los gastos y hacerlo crecer al club”. El piso se hizo metro por metro, literalmente.

Haciendo gala de una memoria prodigiosa, Pulenta cuenta que había un señor de apellido Clavel que tenía una fábrica de mosaicos que costaban 50 pesos el metro cuadrado. El grupo hacía un campeonato de ping pong y cuando juntaban los 50 pesos le decían a don Clavel ‘ya tenemos para 1 metro’. “Llamábamos al albañil, Carlos Cabrera que vivía  en la calle San Lorenzo y le decíamos que teníamos para poner un metro; y hacíamos así de un metro, nada de dejar guardado. Nos quedábamos a tejer alambre de parrales viejos y hacíamos la tela hasta las 3 de la mañana. Mi papá me decía ‘¿dónde andará  mi hijo’? Yo siempre estaba en el club”, dice con una sonrisa.

La pasión por el hockey no lo abandonó jamás y muestra un mensaje de texto de Mario Agüero donde le recuerda la reunión de la comisión directiva de esa noche. “La condición para que yo vaya es que después que se han peleado los aparto y después nos vamos a comer unos lomos”, asegura.

Fue a todos los partidos del Mundial de Hockey que se hizo este año en la provincia; y pertenece al grupo de “los veteranos”, con los que viaja a Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, a jugar al hockey. “Vamos un montón de viejos gagá y lo que nunca falta son las comidas light. Tengo todo el equipo y este año no pude ir a Mar del Plata porque a mi hija se le ocurrió casarse y no me hubiera perdonado nunca que no hubiera estado para su casamiento. Pero fui a todos lados y la única condición es que no se puede formar un equipo por provincia donde se juega porque el concepto es que no haya rivalidad, somos todos iguales. Es mi satisfacción en la vida”, asegura Mario.

Con 3 hijos y 5 nietos, Pulenta agrega “tengo que reconocerme a mí mismo que el club Concepción fue lo que más he querido, lo quería al club, a la camiseta, a la gente”.
Hoy la semana de trabajo de Mario es de  lunes a viernes, los sábados va a la finca de San Martin o Ullum y algunos domingos los dedica a sus nietos, “vamos al Patio Alvear y hacemos una cola infernal para comprar una cajita feliz”, dice.

Comentarios