Rodrigo tiene 23 años y su infancia está marcada por el potrero. Cuando era niño se escapaba con sus amigos a la canchita de la calle Catriel y en los ratos libres vestía la camiseta del Spot Andacollo, el equipo del Barrio Centenario. Los clubes que llegaron después, su sello de goleador y la fundación que comparte con su familia. El premio a la constancia, al esfuerzo y un deseo de llegar lejos en el fútbol europeo.