Por Jorge Balmaceda Bucci
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Desde que partiera allá por agosto de 2015 del Parque de Mayo, Matyas Amaya no se cansa de alcanzar sueños a bordo de ‘Libertad’, su inseparable y fiel bicicleta. La primera meta la alcanzó en Panamá. Después recorriendo la mitad occidental de Europa y su última gran proeza - la más mediatizada de todas- fue llegar al Mundial de Rusia que terminó celebrando con la copa en la mano la Francia de Deschamps.
Hasta esa altura, Maty acumula en sus piernas cerca de 90.000 km a golpe de pedal, obviamente que no fueron concretados en línea recta, sino que su afán de conquistador de momentos y paisajes lo hizo zigzaguear envuelto en un continuo disfrute.
Tras pitido final de su compatriota Pitana, el también kayakista sopesó varias alternativas como nuevo horizonte. Una de ellas fue volver por donde llegó a Moscú y, tras el tiempo que le fuera necesario, regresar al mate compartido en familia, en suelo sanjuanino, con provocadoras semitas recién hornadas sobre el mantel.
Pero, al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen –con permiso del Martín Fierro-. Maty volvió a depositar su destino en su espíritu aventurero, y tras entramar la logística de la nueva aventura en Letonia- reactivo el cuentakilómetros de su bici con destino a la próxima cita ecuménica en el continente asiático.
Obviamente no pasa por su cabeza unir los puntos de su nueva travesía de la manera más recta posible. Contando con más de 50 meses como tiempo de plazo de entrega de una nueva satisfacción, Amaya se permitirá cosechar nuevas postales por otras latitudes de Europa, también buceará por el continente africano, rutas de Oceanía y, unos cuantos de miles de kilómetros después, encarará hacia Qatar.
Él está convencido de que lo conseguirá. Después de repasar su currículo, le debe gustar regalar el dinero al que apueste en su contra.
