Si a usted le cuentan la historia sin conocer a los protagonistas, no puede creer que una familia logre superar con tanto coraje dos trasplantes que se hicieron esperar durante meses y que mantuvieron a un niño de 4 años y a su madre peleando entre la vida y la muerte. Cuando los Pena abren las puertas de su hogar, contagian optimismo y esperanza. Es que en vez de relatar con pesar el trasplante de Facundo, hoy de 15 años pero que con sólo 6 tuvo que esperar un hígado para seguir viviendo y de Elena, la mujer de la casa que estuvo durante 10 meses internada en el Argerich, lo hacen siempre animados por el amor y las nuevas chances que les regaló la vida.
La familia está compuesta por Luis Pena y Elena Cataldo, la pareja tiene 6 hijos: Mariano (18), Federico (16), los mellizos Facundo y Gabriel (15) y las mellizas Milagros y Tamara (13). Luis siempre estuvo vinculado al mundo del hockey sobre patines, desde hace años es utilero del club Olimpia y esta institución fue clave para los Pena porque recibieron ayuda en forma constante para superar los dos trasplantes.
El primero que tuvo que enfrentarse a un trasplante fue Facundo. Cuando tenía cuatro años su hígado se desintegró por completo luego de contraer una hepatitis. Sólo un caso en 1.000 de estos termina tan mal. Facu fue trasladado al Garrahan, en el hospital de repente empezó a desconocer a todo el mundo, cayó en una crisis encefalopática que le duró cuatro días. En ese momento, los doctores les dijeron a sus padres que si no conseguían un hígado, Facu no iba a sobrevivir.
Sin desesperarse, acudieron a la familia para ver si existía la posibilidad de que haya alguien compatible. El tío de Facundo se ofreció, si bien era compatible la operación se frustró por un problema arterial que presentó. "Fue difícil cuando nos enteramos que la cirugía se había frustrado, porque era arrancar todo el proceso de nuevo, pero nunca perdimos la fe”, contó Luis.
Luego otro tío viajó a Buenos Aires, en este caso el hermano de Luis. Este segundo intento rindió sus frutos y el trasplante fue todo un éxito.
La vida le dio otra oportunidad. Facu tuvo la suerte de encontrar en su propia familia un hígado que le permitiera seguir viviendo. Hoy la vida del adolescente es normal, juega al hockey en Olimpia, participó en Olimpiadas para Trasplantados alrededor del mundo y sueña con convertirse en jugador de la selección argentina.
Cuando todo se encaminaba en la vida de los Pena, nuevamente una enfermedad los volvió a sacudir. Elena empezó con una picazón en todo el cuerpo. Durante un año le recetaron ansiolíticos porque los médicos a los que acudió acusaban al estrés de causarle semejante comezón. A la picazón se le sumaron nuevos síntomas, que llevaron a Elena a realizar otras consultas médicas.
En el medio de los estudios, el cuerpo de Facundo rechazó el hígado que le habían trasplantado. Abandonaron todo y se fueron a Buenos Aires. Allí Elena recibió los resultados de los estudios que le habían realizado. Fue en el Garrahan con Facundo internado cuando Elena descubrió que iba a necesitar un trasplante igual que su hijo porque su hígado estaba destruido.
Dos años fue tratada buscando dilatar la operación. En enero del año pasado el cuerpo de Elena no resistió más. Se descompuso, le dio una crisis encefalopática como a Facundo y tuvo que viajar a Buenos Aires de urgencia para ser tratada en el hospital Argerich. "Estaba cada vez peor, yo sabía que no había vuelta atrás. Tenía miedo, pero nunca pensé que me iba a morir”, relató Elena.
Cuando llegó a Buenos Aires le dijeron que no se podía volver a San Juan hasta que llegara el hígado que necesitaba. No era fácil porque a diferencia de Facundo, necesitaba un trasplante cadavérico. La pusieron en lista de espera en el INCUCAI, estaba en el lugar 2.300. "Era una experiencia durísima porque te vas y no sabés cuando vas a volver a ver tus hijos, ni nada”, comentó Luis.
En abril su abdomen se llenó de líquido, se le reventó la fístula y quedó en estado de gravedad. A este cuadro se le sumó su bajísimo peso, apenas 32 kilos, y los riñones que se le pararon. Todo superó Elena. "Yo siempre estaba en posición fetal, sentía que me acunaban unos brazos inmensos, cómodos. Es la única sensación que siempre tuve”, dijo.
Por su fuerza constante, los médicos del Argerich la apodaron "La Leona”. A primera impresión, Elena parece una mujer frágil pero a los pocos minutos, su mirada demuestra convicción y entereza. Fueron esas cualidades las que le impidieron flaquear. Sólo tuvo un momento de debilidad en los 10 meses que estuvo internada. "Estaba toda hinchada porque el cuerpo retenía líquidos, estaba muy flaca y me dijo: -Gordito, robame, estoy cansada, no doy más”, relató su esposo, que no se movió de su lado durante los meses que estuvo alojada en el Argerich.
Los hijos de los Pena estuvieron en San Juan durante los diez meses que duró la internación de Elena. Estaban al cuidado de una tía y de sus abuelos. Fue una etapa muy complicada para los niños. Lloraban en la noche bajito invadidos por el temor de perder a su mamá.
En junio recién llegó la noticia. Apareció un hígado de un jovencito que falleció en un accidente de tránsito. La operación no iba a ser sencilla porque Elena estaba muy débil. "Era dos de ocho de que todo saliera bien. Por suerte pudo superarlo, mis hijos estaban con nosotros”, comentó Luis.
El trasplante fue todo un éxito. Cuando todo parecía encaminado, Elena se agarró un virus que la llevó a terapia intensiva durante dos semanas. "Que Elena haya superado semejantes pruebas es un milagro, es gracias a la oración de personas que ni siquiera conozco, es un milagro de Dios”, relató emocionado.
En octubre se dio el tan ansiado regreso. Elena volvió junto a Luis a San Juan. Sus hijos los estaban esperando con todo el amor del mundo, para volver a ser la familia que lo puede todo. Hoy los Pena con su fuerza inigualable le pintan una sonrisa a todo aquel que se cruce en su camino con su testimonio de esperanza y amor.