El viento puede superar los 150 kilómetros por hora en la Reserva de la Biósfera San Guillermo y en el mirador natural, ubicado en el área del Parque Nacional, las ráfagas hacen perder la estabilidad y se camina con dificultad. El esfuerzo vale la pena, el panorama es sobrecogedor en la interminable belleza de una tierra que no ha sido modificada en siglos.
Este es el hábitat del puma andino, que saltó a la fama en todo el país después de la campaña de Greenpeace en la que piden parar la actividad minera para salvarlo. En esta zona núcleo de la Reserva no hubo ni habrá actividad minera. Es un área intangible, es decir que no se puede realizar ninguna actividad que pudiera alterar el ecosistema, allí el puma es el rey y las miles de vicuñas y guanacos, sus fieles e involuntarios súbditos.
En Agua del Indio los esqueletos completos de guanacos, los huesos esparcidos y las huellas en el suelo, dan fe de que es un sitio donde caza el puma. Pero según los expertos, le gusta alimentarse con poca luz, prefiere el amanecer o atardecer para saltar sobre su presa.
El grupo que acompaña al fotógrafo y diseñador de la página web de la Reserva, Gustavo 'Huevo' Muñoz, pasa dos veces por este sitio donde el puma viene a cazar, pero el felino no hace su aparición, es un animal discreto. Sólo las vicuñas, confiadas tal vez en la posición alta del sol, se acercan a pastar en la quebrada donde corre un hilo de agua de un surgente.
Pero no es imposible verlo, las fotos de pumas en los celulares de los guardiaparques y del guía Pablo Nielsen, motivan a Muñoz quien comienza a planear un refugio natural para esperar, horas o días, a que el animal aparezca y poder fotografiarlo en la próxima visita.
Marcelo Tejada, un jachallero que cuida el refugio de La Brea, usado como campamento por la única empresa de turismo autorizada a realizar expediciones, Nielsen, contó que hace un mes atrás un puma se apareció por allí y le hizo frente, pese al miedo congelante, Tejada mantuvo una postura desafiante y el puma se alejó.
Puma es una palabra quechua que significa 'fiera', y en el país, como en casi toda América, es una especie protegida y en peligro de extinción. El puma abundaba en la época precolombina y fue considerado un animal peligroso a partir de la colonización de América, sus lugares de dominio fueron ocupados por los hombres y eso hizo que sus poblaciones disminuyeran en casi todos sus hábitats históricos.
En América la población total de pumas se estima en menos de 50.000, según cifras de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (UICN), con una tendencia descendente. Pero no hay cifras locales.
“La situación del puma en la Reserva no debe ser mejor en ninguna otra parte del país, es el principal depredador de la cadena alimentaria”, dice Dardo Recabarren, director de Áreas Protegidas de la Provincia.
Recabarren, que trabaja en la Reserva desde principios de los ’80, contó que hay épocas en las que se ven muchos pumas y otras en las que casi no se dejan observar. “El puma espera la noche o la madrugada para cazar y si ve alguna alteración no se va a acercar. Pero hay muchas fotos de pumas tomadas por gente que estuvo meses arriba”, cuenta.
Desde su área presumen que la población de pumas es importante, pero no se sabe cuántos hay; “es difícil, casi imposible hacer un censo de pumas, pero es seguro que hay más porque antes los cazadores veían un puma y lo mataban, porque les mataba las vicuñas o el ganado, era perseguido por la gente de la zona gente que subía a pastoreo o trasladaba ganado a Chile”.
Un informe realizado por el Instituto de Políticas Públicas, señala que la Reserva constituye el mayor ecosistema árido de Sudamérica que cuenta con un ensamble completo de fauna nativa. Se trata de un ambiente escasamente modificado por el hombre y las relaciones ecológicas permanecen en su estado original. La única intervención humana se manifiesta en las huellas para transitar y está prohibido circular fuera de ellas.




