viernes 3 de abril 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
CASOS QUE CONMOCIONARION A SAN JUAN

A 69 años del terremoto: cómo impactó la tragedia en el alma sanjuanina

Las consecuencias psicológicas del terremoto del 15 de enero del ’44, fueron tanto o más importantes que sus efectos devastadores en casas, edificios y personas. Sobre su reconstrucción material se ha escrito y se ha dicho demasiado, no así sobre la reconstrucción social y espiritual de los sanjuaninos. Por Michel Zeghaib.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Michel Zeghaib
Tiempo de San Juan


Para poder entender las consecuencias psicológicas del terremoto del ‘44, un camino posible es conocer las experiencias de gente común, de sanjuaninos concretos que lo vivieron y experimentaron, en carne propia, la fatalidad.

Dos historias, entre muchas

Ítalo Letizia, conocido empresario sanjuanino, vivía en calle Rivadavia, entre Jujuy y Aberastain. Era su casa paterna, y como era ya de noche, él estaba sentado con su hermana en el umbral de la puerta. Conversaban de bueyes perdidos, con las pernas estiradas hacia la vereda. Él tenía 10 años, su hermana 6. En ese cuadro común del paisaje sanjuanino, fueron sorprendidos por el movimiento telúrico faltando minutos para que fuesen las 9 de la noche, de un día sábado. Gente por doquier en el centro y las calles. Los bares y cines abarrotados de almas en busca de encuentros o distracciones. Las Iglesias copadas por misas o casamientos. Las plazas llenas de niños jugando y padres sentados en algún banco cercano observando con atención cada movimiento de sus críos.
Ítalo y su hermana se abrazaron, fue un movimiento espontáneo y certero, ya que  si se incorporaba, los hubiera enterrado una cornisa que hasta minutos antes les servía de resguardo. Y se cayó todo. Delante de ellos, se esparcieron metros y metros de escombros, polvo que se pegaba en el cuerpo, la ropa y los pulmones. Ítalo todavía guarda el recuerdo de una cicatriz en la cabeza, y su hermana, terminó con toda su espalda golpeada a causa de la caída de pedazos de su casa.
Esa noche, cada 5 o 10 minutos había réplicas. Empezó a llover. Parecía el preludio del fin del mundo, algo así como una profecía de Nostredamus. Esa noche fue terrible, terrible, una noche feísima, porque al temblor y a los temblores que se sucedían, después todo ese terragal, venía la lluvia, el viento, los gritos, una sensación de tristeza, de miedo, y de angustia, porque nadie sabía lo que estaba pasando, más aún, que iba a pasar después. Y la gente hablaba que venía el fin del mundo, porque esa era la impresión que daba todo.
Osvaldo Díaz, un sanjuanino sencillo, un trabajador, se encontraba de la calle San Lorenzo y Necochea, en San Lucía. Estaba conversando con una parienta suya. Había dejado su bicicleta apoyada en la pared, cuando sintió un inmenso ruido, ensordecedor. Y gritaron, mucho, fuerte, y después… empezó a correr, lo más rápido que pudo, pero sin saber hacia dónde, sin rumbo, desorientado. Estaba en la casa su tío, don Salvador Richet, el dueño de la colonia Richet, casa que ahora es un bodegón.

Para volver a su casa, tenía que caminar tres kilómetros. Lo hizo por la calle San Lorenzo, hacia el Este. Caminó, caminó… La desesperación por llegar, la desesperación y la necesidad de saber cómo estarían sus familares, le hizo olvidar la distancia que debía recorrer entre escombros, muertos, polvo y réplicas. La mayoría de las casas en el suelo, ya no se podía andar por la calle. Las casas eran muy precarias y algún código de construcción adecuado para una zona sísmica como San Juan, brillaba por su ausencia.
En ese momento, Osvaldo sintió que alguien le pedía ayuda: ¡señor, venga, ayúdeme a sacar a este señor!, ¡venga!, ¡mire que se le ha caído esta pared encima!, le gritaba desesperado otro sobreviviente. Pero esa vez no fue la única que Osvaldo fue obligado, por la situación, a detenerse. Lo hizo dos o tres veces más, y él, en cada lugar que se detenía, se desesperaba por llegar a su casa. Cuando llegó, encontró su pieza, que era de techo de palos, cañizo y barro, estaba destrozada en el suelo. Su cama, aplastada por el techo. La familia intacta, pero la casa destruía.

Efectos colaterales

Un cuidadoso análisis del terremoto deja ver la cantidad impresionante de secuelas y consecuencias de tipo psicológicas (entre otras de tipo social, económico, político y religioso) que dejó en la sociedad sanjuanina. Las siguientes líneas son parte de un trabajo de investigación realizado por el cronista de esta nota sobre cuatro elementos: los miedos, las esperanzas, la vida y la muerte después del 15 de enero de 1944. En esta ocasión, sólo se hablará sobre los miedos.
Los miedos surgidos después del aquel 15 de enero, en primer instancia, son ancestrales, es decir, experiencias que atenazan a la humanidad desde tiempos remotos y antiguos, que no  se circunscriben sólo a los efectos de una fatalidad porque el ser humano nunca dejó de tener miedos. De todos los posibles, el miedo más profundo, recóndito, oscuro y siniestro que surgió después del terremoto es a lo imprevisible, es decir, a lo que acecha de manera súbita, sin lógica aparente ni control. Este tipo de miedo –o temor– es una vivencia que se tiene después de cualquier fatalidad, de origen natural o humano.
Los hombres y mujeres que vivieron el terremoto del ’44, quedaron marcados por este terror a lo inesperado, viviendo, también como terrorífico, el hecho de que el terremoto volviera, no importaba si con más o menos fuerza, simplemente que volviera, y al hacerlo, lo hiciera de manera irreconocible y fantasmal. Fue –y lo sigue siendo– aterradora la incertidumbre de no saber por dónde vendrá el peligro, porque, al desconocer dónde se ubica, no se sabe cómo defenderse de él. El miedo a lo desconocido, es atenazador. Pero, cuando se despeja el enigma que asusta, entonces el temor se torna menos amenazante.
Cada sobreviviente del terremoto –a su forma, con el tiempo y a partir del mismo–, logró elaborar una idea fundamental: las circunstancias en las que se vive no es algo que se puede elegir como será; pero, al mismo tiempo, se dispone de un cierto margen de libertad para decidir qué se hará con lo que esas circunstancias le obliguen a vivir. Muchos sanjuaninos entendieron que la vida no está prefijada y sólo a cada cual le corresponde decidir que vivirá y cómo lo hará. Las crónicas de la época dan cuenta de que recién a los tres días de ocurrido el terremoto el sanjuanino empezaba a reaccionar con respuestas positivas. La verdad fue que al sanjuanino, después de la fatalidad y de haber padecido innumerables y lamentables pérdidas humanas, materiales y espirituales, tuvo que enfrentarse a un futuro incierto. Es por eso entendible que lo único que le quedó fue su fe y sus creencias sobre las que se apoyó para enfrentar su porvenir.

ÍTALO LETIZIA
“La ciudad era puro llanto, gritos, se oscureció todo porque se apagó todo. Yo vivía a media cuadra de la Plaza Aberastain, entonces hicieron poner los autos con las luces que iluminaban a la plaza. Y ahí todos los médicos atendían los heridos. Muchísimos muertos. Yo he visto muchísima gente muerta en la calle. Una chica que estaba al lado de mi casa que cuando yo pasé corriendo, la vi que le faltaba una pierna. Y bueno, he visto… y después, posteriores al terremoto, ver tirados cadáveres tirados por todos lados. Por eso era peligroso quedarse porque por… había peligro de infecciones y de de alguna plaga que podía venir…”.

LILIA ELSA AGUIRRE DE PANTANO

“Se empezaron a sentir los perros... Ladraban, ladraban y corrían… corrían, si… por eso esa sensación me quedó siempre de cuando yo sentía ladrar mucho los perros en la noche… ¡va a temblar! O los pájaros que se empiezan a correr digamos, a volar de un lado a otro, uno pensaba: ¡va a temblar! Eso me quedó a mí siempre. Pero nosotros… bueno, este esa noche fue muy tremenda. A pesar de que yo tenía cinco años, yo me acuerdo patente que no podíamos dormir porque sentíamos gritos así de gente. Y a las dos casas de donde nosotros vivíamos, sentía gritos, gritos, toda la noche…”

OSVALDO RAMÓN ORTIZ

“Yo sentía algo malo, sentía que el… como decir… como le digo, no miedo sino pánico. Ayudaba en algo y de ahí seguía para abajo porque era a donde yo vivía, porque desde donde estaba ese día del terremoto habría dos o tres kilómetros… conversaba con una parienta... Ya cuando volví para la casa, ya era una desesperación ver toda la gente a los gritos en la calle, otros apretados por los adobes, porque en aquel entonces las casas eran muy precarias… ¿¡ve!?, usted asentaba un adobe y no le hacía cimiento… sino le asentaba en la misma tierra…”

IRMA CONSUELO DE SANCTIS BRIGGS
“Y ese día del terremoto, en la tarde, dice la tía Amelia: ¡vamos a salir al centro! Entonces Meneca, mi hermana más chica, dice: ¡yo voy mamá, yo voy con la abuela y la tía!, ¡no! le dice… vos sos tan embelequera como tu tía, dice. Estando enfrente de la plaza 25, la tía buscando una peluquería para meterse a hacerse la permanente, y la Elsa le dijo ¡no!, mejor es que no ocupe el tiempo, y no coman cosas y nada porque yo estoy cocinando para hacerles una buena cena, dijo mi mamá. Entonces Elsa dice… la atajó ahí donde era La Cosechera era casi llegando a la calle General Acha, se cruzaron a la plaza… Ellos pusieron los pies en la orilla de la plaza y fue el terremoto. Así que no les pasó nada… iba mi papá, la abuela, la tía Amelia y la Elsita, mi hermana. ¡Se salvaron!”


OTROS TERREMOTOS

27 DE OCTUBRE DE 1894

Fue el mayor movimiento sísmico que ocurrió en la provincia de San Juan, Argentina, y el segundo más fuerte del país, ocurrido a las 19.30 hs. Incluso, fue el terremoto con registro más fuerte en Argentina, con una magnitud de 8,2 en la escala de Richter. Su epicentro se localizó en el noroeste de la provincia de San Juan, aproximadamente a 29°48′S 69°00′O, y una profundidad de 30 km. Como consecuencia directa hubo 52 muertos en San Juan. Nueve en Mogna, siete en Rodeo, ocho en Las Flores, seis en Iglesia, dos en Huaco. En la ciudad de San Juan murieron solamente 12 personas, en Albardón cuatro, en Angaco uno, en Jáchal tres. Y en la ciudad de La Rioja, ocho. La Catedral sufrió la rotura del campanario izquierdo, la abertura de la bóveda y el reloj público, que funcionaba desde 1824, se detuvo por primera vez. Los templos de Santo Domingo, San Agustín, Dolores y San Pantaleón sufrieron serios desperfectos. Muchas casas quedaron en ruinas, así como edificios públicos, tales como la Casa de Gobierno, el antiguo edificio de la Legislatura Provincial, el Mercado Público y la Biblioteca Franklin.

11 DE JUNIO DE 1952
Fue un movimiento sísmico que ocurrió a las 12:31 hs., y registró una magnitud de 7 en la escala de Richter. Su epicentro estuvo en 31°36′0″S 68°35′59″O, a una profundidad de 30 km.
El terremoto fue sentido en San Juan en "grado VIII en la escala de intensidad Mercalli. Causó daños en varias localidades del sur y del oeste de la provincia, además de dos muertes por derrumbes y varios heridos.

23 DE NOVIEMBRE DE 1977

Registró una magnitud de 7,5 en la escala de Richter. Su epicentro estuvo en 31°02′23″S 67°45′36″O, su hipocentro a una profundidad de 17 km. Se sintió con una intensidad de grado IX en la escala de Mercalli. El terremoto causó 65 víctimas fatales (aunque autoridades locales estiman actualmente que hubo unas 125 víctimas), destruyó casas y edificios en toda la región, con énfasis en la ciudad de Caucete. Los mayores daños se produjeron en las construcciones de adobe.

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
si estuviste este viernes santo en la difunta correa...¡buscate!

Las Más Leídas

Ajuste de cuentas narco en Desamparados: simularon ser policías, robaron droga y $7 millones y terminaron detenidos tras atrincherarse
Tragedia en la Difunta Correa: murió un promesante en plena peregrinación
Identificaron al promesante fallecido en la Difunta Correa: las probables causas de muerte
Buscan en 25 de Mayo al fotógrafo Alberto Quiroga, quien salió a trabajar el pasado domingo por la madrugada y no regresó.
Si estuviste este Viernes Santo en la Difunta Correa...¡buscate!

Te Puede Interesar