Francisco Quito Bustelo

Maestro de radio

La historia del periodista que, a los 77 años, aún se levanta todas las mañanas para sentarse frente a un micrófono y desmenuzar los hechos noticiosos. Por Gustavo Martínez.
domingo, 11 de marzo de 2012 · 10:50
Por Gustavo Martínez
gmartinezpuga@tiempodesanjuan.com

El 13 de febrero de 1935 nacía Francisco Bustelo Graffigna, a quien todos llaman Quito, en una casa ubicada frente a la Bodega Graffigna, que había fundado su abuelo, Santiago Graffigna, un nombre emblemático de la vitivinicultura sanjuanina. A metros de esa bodega, en 1943, cuando Quito tenía 8 años, su familia hizo un gran esfuerzo y levantó otro emblema sanjuanino y nacional: la antena de LV1 Radio Colón, que con sus 216 metros de altura aún hoy está entre las más imponentes de Sudamérica. Por esos días, el pequeño Francisco, que correteaba en el fondo de su casa entre los equipos de transmisión de esa artesanal radio familiar, nunca imaginó que se abriría un camino en la historia provincial como uno de los periodistas de mayor trayectoria radial.

Y todo en tres radios. Es que tuvo un breve paso por su competencia de toda la vida, Radio Sarmiento, en los años de la bisagra de la histórica argentina: el regreso de la democracia. Y desde el 2006, cuando se dio un golpe en su casa le provocó dificultades físicas que lo llevaron a deshacerse de su parte accionaria en Radio Colón por los obstáculos que tenía para subir y bajar las escaleras del sótano. Pero luego siguió en radio La Red, donde aún va todas las mañanas para sentarse frente a un micrófono y analizar desde su punto de vista, muchas veces polémico pero nunca frío, la realidad política y social de la provincia y el país.

“Politiqueaba más que estudiaba”, reflexiona Quito cuando se le consulta cómo fue que desembarcó en el mundo del periodismo un joven con apellido ilustre ligado a las fibras más íntimas del empresariado sanjuanino. Y en pocas palabras lo cuenta: “Yo hice la primaria en el Colegio Don Bosco, donde todos los días veía como la maestra Julieta Sarmiento salía de su humilde vivienda para tomar el micro y viajar a dar clases sea como sea”, cuenta, aprovechando para ir contando cómo nació su clásica oposición pública ante los paros del gremio de los docentes como medida de lucha. Y sigue contando: “La escuela secundaria estuve pupilo en el Colegio Carmen Arriola de Marín en Buenos Aires. Después empecé a estudiar Agronomía en Mendoza, donde conocí al obispo Lona, quien se recibió de Ingeniero y terminó siendo Obispo. Yo abandone y ahí empezó mi experiencia en la radio. En la mañana trabajaba en la bodega Esmeralda y en la tarde tenía un cargo de subdirector en Radio Colón.
Dos meses antes había entrado Luchón Román”, recuerda Quito sobre un sillón junto a una ventana de su casa del Barrio Bancario, con nostalgia y orgullo de haber conocido de joven a ese otro reconocido periodista que llegó a entrevistar al papa Juan Pablo II para el aire de Colón. Y pide no olvidar otros grandes momentos que tuvo esa radio, con Rodolfo Terragno –quien fue 11 años corresponsal en Buenos Aires- cubriendo en Suiza la primera marcha de la Organización Internacional de Trabajo (OIT).

Por esos días el director de Colón era Alfredo Graffigna. Y, de a poco, Quito empezó a dar sus primeros pasos en el periodismo. Era 1961. “Los tiempos de la noticia eran otros. Los periodistas gráficos pedían tiempo para anotar a los reporteados. La vida de la radio era de noche, como la vida de los periodistas, que era de noche, cuando se sentaban a escribir con lo último que había. Las noticias eran más simples que ahora: una noticia oficial había que ver la repercusión a la noche. Y transmitíamos por la noche desde la redacción del diario Tribuna y después del Diario de Cuyo, porque allí llegaban las últimas noticias del país y del mundo”, cuenta Bustelo.

En sus años de periodista, Bustelo cubrió gestiones de gobernadores especiales en la historia sanjuanina, tales como Cantoni, Eloy Camus, Américo García y Leopoldo Bravo, además de golpes militares. Uno de ellos le tocó vivirlo en su otra pasión: la política. Fue en 1973, en su primera presidencia del Banco de San Juan –la segunda fue entre el 93 y el 95, en la gestión de Juan Carlos Rojas-.“Era la gestión de Eloy Camus y Perón había nacionalizado los depósitos. El 24 de marzo pasamos toda la noche en la Casa de Gobierno. Llegó la intervención y a mí me dejaron preso en mi casa”, recuerda Bustelo.

Se podría decir que Bustelo ya había vivido en esa época lo que hoy es el “periodismo militante”. Pero él marca una profunda diferencia con la actualidad: “Cuando militaba no hablaba por radio. Los de La Cámpora no tienen nada que ver con el peronismo de Perón. Ahora los Montoneros andan en 4x4, antes eran pobres”, dispara. Y aprovecha para dar su visión de la política nacional: “Este gobierno todavía tiene plata para vivir bien. Ella –por la presidenta Cristina-, la mujer de los 12 millones de votos, tiene un carácter muy fuerte y sabe cómo llevar a los hombres peronistas que no son peronistas y están colados al lado de ella”.
A los dos meses del golpe del ´76, Bustelo volvió a Radio Colón como director. Pero nunca dejó de trabajar a la par de sus periodistas. Esos años le dejaron anécdotas imborrables: “Era terrible. Pasaban cosas increíbles. Por ejemplo, cuando el terremoto del ´77 en Caucete, fuimos los primeros en llegar y en decir que habían muertos. Nos metieron presos en la Central de Policía por haber hecho eso porque nos dijeron que no estábamos autorizados a decir eso. Otra vez, yo tenía un programa musical y puse un tema de Charles Aznovar que se llama La Trinchera. A los minutos me llamaron desde la Séptima Brigada de Mendoza, porque nos monitoreaban, para decirme que sacara esa música subversiva del aire”.

Sin embargo, de esa época rescata la estrecha relación que entabló con Constantini, el ministro de Obras del interventor Carreras: “A él le decían el Pibe Topadora, porque fue quien reconstruyó la ciudad haciendo el trazado que tenemos ahora pasando la máquina con todo lo que se le interponía”, cuenta.

Con la experiencia que le dieron los años de micrófono, la militancia política, los golpes militares y los contactos privilegiados que le dio el periodismo desde Radio Colón, Quito Bustelo opina sobre la situación actual del periodismo: “Estamos ante una bisagra. Esto no es definitivo. Es un periodo de transmisión y no sé cómo va a terminar. Sí habrá menos actividad periodística, todo va a estar más especializado. Ahora no veo escuela de periodismo en los medios. Al menos en las radios, yo escucho lo que preguntan y no me satisfacen. Creo que se debe a un problema cultural de los nuevos periodistas. No veo pasión de sentarse a escribir lo que van a decir”.

Pero Bustelo no sólo analiza a las nuevas generaciones, sino que también tiene autocrítica: consultado sobre su función en la radio hoy, dice que “es incompleta. Creo que podría hacer más de lo que hago. Pero no depende de mí. De todas maneras, Sergio Eiben –dueño de la radio para la que trabaja Bustelo- me aguanta como soy, que no es poco”, comenta, con una sonrisa cómplice por el fuerte carácter con el que siempre ejerció el periodismo, como dueño y como empleado frente al micrófono.

“Es cierto que siempre fui malhumorado. Pero nunca deje de proteger a los periodistas que tenían pasión por lo que hacían”, cuenta. Y rememora una anécdota que define lo que dice: “Yo tuve periodistas de sangre, como José Arnau, un gallego que salía con el grabador de entre los gases lacrimógenos cuando habían protestas. O me acuerdo de Olga Cumpián, una periodista de izquierda que los funcionarios me llamaban para pedirme que no les mandara esa periodista porque no la soportaban. Un día la mando a cubrir la colación de grado de la universidad. Es decir, algo donde ella debía decir que era todo lindo, que estaba todo bien, y me trajo una nota con los delegados estudiantiles hablando de la mierda que era el plan de estudio. Era buenísima. Esa pasión ya no se consigue”.

Así, entre anécdotas, reflexiones y charlas, Tiempo de San Juan se despide de Francisco Quito Bustelo Graffigna, quien con mucha humildad pide disculpas por no poder pararse para despedir a los periodistas y acompañarlos hasta la puerta de su casa.

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