Entre las calles 9 de Julio, Mendoza, Brasil y General Acha, hay un rincón donde la historia y la vida cotidiana se entrelazan bajo el sol sanjuanino. Es la plaza conocida como “La Jorobita”, un espacio que nació de las ruinas y que hoy late al ritmo de los juegos, los mates compartidos y las guitarras que acompañan las tardes de verano. Allí, donde los niños corren y los vecinos descansan, la memoria del terremoto de 1944 aún respira entre la tierra y los árboles.
Video: la reconstrucción de San Juan en una plaza llena de vida social
Nacida de los escombros del terremoto de 1944, la plaza “La Jorobita” se transformó con el tiempo en un emblema de vida y memoria. Entre juegos, paseos y encuentros vecinales, este rincón de la Capital sanjuanina sigue recordando que, de las ruinas, también puede brotar la esperanza. Fotos y video: Gabriel Iturrieta.
Fue Vitálico Gnecco, protector incansable del patrimonio local tras la tragedia, quien imaginó ese lugar como un monumento a la reconstrucción. Su idea era levantar, con los restos de la ciudad destruida, una gran estructura piramidal llamada “Mártir”, símbolo del renacer sanjuanino. Para ello, se amontonaron adobes, maderas y escombros del viejo San Juan, formando una loma que debía sostener el monumento principal. Pero el tiempo -con su manera silenciosa de cambiar los planes- transformó la intención original y le dio otra forma, otra función, otro nombre.
La plaza fue bautizada Hipólito Yrigoyen, aunque el pueblo terminó llamándola, con afecto y costumbre, “La Jorobita”. Aquella elevación hecha de ruinas se volvió escenario de travesuras, escondites y meriendas, un cerro pequeño donde generaciones de sanjuaninos aprendieron a jugar y mirar el cielo.
Con el correr de los años, el espacio sumó el Paseo de la Virgen de la Carrodilla, el Paseo del Viñatero y un pequeño anfiteatro que invita a la reunión y la cultura. En uno de sus caminos, el busto de Raúl Alfonsín recuerda otro capítulo de la historia argentina, agregando una capa más de memoria a este terreno que nunca dejó de reinventarse.
Actualmente, La Jorobita es mucho más que una plaza: es un testimonio de la fuerza con que San Juan se levantó de sus propias ruinas. Entre los escombros que alguna vez simbolizaron el dolor, floreció un espacio de encuentro y vida social. Allí, donde todo empezó como un homenaje al pasado, el presente sigue construyendo futuro.
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