Dolorosas efemérides. Fueron dos femicidios que conmovieron a San Juan y al país. Este 1 de enero, una de las dos causas cumple dos años, más exactamente el brutal asesinato a Yoselí Rodríguez, de 11 años, por parte de su primo en Sarmiento. El otro caso está relacionado al aniversario número 29 del nacimiento de Brenda Requena, la joven mamá que fue atacada salvajemente por el padre de sus dos hijos en Albardón.
Doloroso Año Nuevo por el recuerdo de dos sanjuaninas víctimas de femicidio
En relación a esta fecha, la Asociación Civil Familias Unidas por el Dolor del Femicidio publicó un posteo en las redes sociales: "Hoy (en relación a este lunes) Brenda cumpliría 29 años. La recordamos con mucha tristeza y nostalgia. Abrazamos a su familia, a nuestra querida compañera y amiga 'Laurita' y a sus dos pequeños hijos que preguntan por ella todos los días". "Brenda presente ahora y siempre", finalizó el mensaje.
Con respecto al otro caso, expresaron: "A dos años del femicidio de Yoselí abrazamos a su familia, principalmente a su mamá Yésica. En este día tan emotivo y triste, Yoselí presente ahora y siempre".
El caso Yoselí
La pequeña Yoselí Ailén Rodríguez Pereyra, de apenas 11 años, fue atacada salvajemente por su primo Juan Carlos “Pelado” Rodríguez, el 1 de enero de 2022, durante la madrugada, justo después de los festejos. La niña había sido abusada sexualmente y luego herida de 10 puñaladas.
El cuerpo fue hallado durante la tarde en un descampado, a 150 metros de su hogar, en un asentamiento de Sarmiento. Familiares y amigos nunca dudaron de la autoría del femicidio a manos de su primo. El padre de Yoselí, Raúl, habló con Tiempo de San Juan. Fue el primer medio en dar a conocer su palabra.
Con la voz quebrada, llorando, dijo: "Quiero que se sepa quién le hizo tanto daño a mi hija”. Luego convocó a una multitudinaria marcha que pidió la celeridad de la Justicia. En marzo, tras la investigación judicial, el asesino de Yoselí fue sentenciado a reclusión perpetua.
El martes 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, para la sorpresa de muchos de los presentes, Carlos Rodríguez (23) fue condenado a la pena máxima: reclusión perpetua.
En esta jornada estaba estipulado que se realice la audiencia de control de acusación, pero no. Luego de que el fiscal de la UFI N°1 Iván Grassi, dio a conocer cómo fue el hecho con sus fundamentos y el pedido de pena; el abogado defensor, Hugo Trigo expresó que el imputado le dijo que quería ir a juicio abreviado y no ir a un debate oral y público -dijo que tenía una estrategia-. Ante esta razón, las partes llegaron a un acuerdo.
Tras un cuarto intermedio -que duró un poco más de media hora- el triunvirato de forma unánime homologó la pena pactada y condenó a reclusión perpetua por el delito de abuso sexual con acceso carnal en concurso real con homicidio triplemente agravado por alevosía, criminis causa y violencia de género (femicidio), en prejuicio de su prima Yoselí Rodríguez de 10 años.
El caso Brenda Requena
El 11 de julio de 2019, Diego Álvarez asesinó a Brenda Requena, su esposa y madre de sus dos hijos. El femicidio ocurrido en Albardón conmovió a toda la provincia y tuvo un alto impacto en materia judicial.
Antes de que fuera encontrado el cuerpo, el femicida satisfizo su último deseo: destruir la imagen social de su mujer. El condenado denunció la desaparición de Brenda, dijo en la Policía que la había encontrado en el campo con otro hombre, que al notar su presencia salió corriendo por el campo desnuda y que hasta tuvo tiempo de robarle dinero. El festín fue para todos: para los uniformados, que dieron a conocer la versión en los medios en tono jocoso; para los medios, que transformaron la noticia en un circo novelero de las cinco de la tarde; para la sociedad, que se encargó de juzgar a Brenda. Hubo hasta quienes descargaron todo tipo de resentimiento social y le desearon lo peor. Hasta que pasó lo peor. Y ahí hubo silencio.
El último goce del femicida fue radicar la denuncia por averiguación de paradero en la Comisaría 18°, de Albardón, departamento en el que vivía con Brenda y sus niños. Álvarez era un violento controlador. Había armado un perfil de Facebook para los dos, no le permitía a la joven tener un perfil propio en la red social. La degradaba como persona y la violentaba psicológicamente. Y sin un atisbo de culpa, llegó a la seccional y dijo que su esposa se había ido corriendo luego de ser descubierta en plena infidelidad. Álvarez ya la había asesinado, descuartizado y quemado, pero después de cometer el acto atroz solo pensó en una estrategia para pegarle a Brenda otra vez.
Y hubo lapidación social. Primero, de los policías, que informaron la desaparición con detalles nuevos y más morbosos. El teléfono descompuesto del machito. Los medios replicamos la versión policial. No hubo descreimiento. Ni se aclaró que era “una versión policial”. Dimos por hecho. El peor error.
El escarnio social vino de la mano de la publicación en los medios. Hubo quienes le desearon la muerte a Brenda. Y hasta quienes pusieron en duda su honor como persona. Su desaparición se transformó en la comidilla de cafés, en la “excusa” del machismo para despotricar contra las mujeres y en “el caso” que posibilitó que los fabricantes de odio puedan explotar de prejuicio.
El 17 de julio encontraron un cadáver en Albardón, en un descampado. Era Brenda. La primera prueba de que era ella fue su cadenita. El rastro de vida que Diego Álvarez no pudo arrancar. Cuando el crimen fue reconstruido se supo que el hombre con el que estaba Brenda, José Guajardo, también la abandonó. La dejó desamparada ante la violencia de su marido, que la asesinó a los pocos minutos. Guajardo se fue del lugar, le negó auxilio y se encontró con amigos después a tomar alcohol. Como si nada hubiera pasado dio vuelta la página.
El viernes 18 de junio de 2021, el tribunal compuesto por los jueces Juan Bautista Bueno, Víctor Hugo Muñoz Carpino y Miguel Ángel Dávila Saffe condenó a cadena perpetua por el delito de homicidio agravado por el vínculo y por violencia de genero a Diego Álvarez.