La Argentina vivió una explosiva semana post electoral. Dos proyectos de país -diametralmente distanciados entre sí- ingresaron al balotaje del 19 de noviembre: Unión por la Patria, con el ministro/candidato Sergio Massa, y La Libertad Avanza, con Javier Milei, que ahora tiene el apoyo del ex presidente Mauricio Macri. Ambos aspirantes a la Casa Rosada se acusan recíprocamente de postrar al país y dejarlo al borde del precipicio. Dos consultores políticos sanjuaninos hicieron un análisis que vale la pena leer (click aquí) sobre quién llega mejor posicionado y por qué.
El líder del catolicismo en San Juan, en confesión: el balotaje, cómo hace política la Iglesia y cómo se financia
En la provincia, el peronismo logró -apenas por unos votos- las dos bancas en el Senado, una en Diputados y el puesto de parlamentario del Mercosur. Los libertarios ganaron una en el Senado y una en Diputados. En tanto, Juntos por el Cambio, la fuerza del gobernador electo Marcelo Orrego, quedó tercera, sólo con representación en la Cámara baja. El pacto Milei-Macri, que hizo crujir al radicalismo y los gobernadores, no afectó considerablemente a San Juan. Orrego dio libertad de acción. Los presidentes del Pro y la UCR de San Juan estuvieron de acuerdo (click aquí y aquí). No hay correlato local de la fractura nacional al menos por ahora.
En ese marco de inestabilidad política, Tiempo de San Juan tuvo un mano a mano con la figura más importante de la Iglesia Católica en San Juan, el arzobispo de San Juan de Cuyo, Jorge Lozano. Monseñor fue generoso en sus definiciones. Incluso explicó cómo funcionan las líneas internas dentro del catolicismo y cómo juega políticamente la Iglesia. También mostró su preocupación por el discurso de odio de Milei. Además, contó por qué el Papa Francisco no visitó la Argentina cuando recorrió el Cono Sur de América Latina. La entrevista tuvo un alto de grado de profundidad que hizo bromear a Lozano: "El talle del zapato lo dejamos para la próxima vez".
T: ¿Cómo ve a la sociedad argentina hoy?
L: Calmada y tranquila no está la sociedad. No me animaría a decirlo que lo estuvo en algún momento. Hay crispación desde hace meses, cuando empezaron las campañas políticas. Hubo insultos, desacreditación, golpes bajos. Eso hace que haya tensiones entre la clase dirigente y los pueblos. Se genera un clima de desconcierto.
T: ¿Tiene algún pecado la clase dirigente?
Me parece que a la clase dirigente le falta mayor discernimiento de las necesidades concretas. También mayor cercanía con la gente. Las personas ven con distancia lo que dialogan en algunos programas de televisión y lo que les pasa, en concreto, de modo cotidiano.
Me parece que les falta una mayor capacidad de apertura a todas las situaciones. Me incluyo. Salvo algunos programas especializados, la cuestión de la guerra en el mundo, no es una cuestión que se haya tocado responsablemente. La cuestión del agua o el cambio climático no ha sido una preocupación o una propuesta en los temas de campaña. Salvo en el último debate porque fue uno de los temas que votó la ciudadanía que se trataran. Son temas de una densidad importante. Los políticos no han podido acoger estos temas. Por ejemplo, el crecimiento de la desertificación de los suelos o el abuso de la pesca ilegal en nuestras costas. Depredan y ponen en riesgo de extinción al calamar y la merluza. Son riquezas que están siendo expoliadas.
T: Veo que habla de cuestiones económicas con un término muy marxista como la expoliación. ¿Hay una primacía de lo económico respecto a lo político?
L: A nivel global las decisiones se toman teniendo en cuenta poderes económicos más que políticos. Tiene que ver con el uso abusivo de los recursos naturales. No lo digo yo. Lo había escrito el Papa Benedicto XVI, que de comunista no tiene nada. Ni tampoco el Papa Francisco. Un 20% de la población del mundo utiliza el 80% de la energía disponible. Es realmente un escándalo.
T: ¿Hay distintas líneas internas en la Iglesia que se disputan el poder?
L: Hay estilos distintos. Me acuerdo de los últimos Papas de los que tengo memoria existencial. Juan XXIII era un hombre cuya imagen comunicaba a un hombre bueno. Convocó al Concilio Vaticano II que fue un hecho central en la vida de la Iglesia en el Siglo XX que todavía hoy nos sigue marcando. Reunió 2.500 obispos en Roma durante cuatro años para debatir cuestiones de la vida interna de la Iglesia.
A Pablo VI le tocó la difícil tarea de implementar esas reformar. Había que convencer a mentalidades que no estaban de acuerdo y otras que querían ir más rápido. Después, Juan Pablo I tuvo un periodo muy breve, apenas más de un mes, donde destacó su bonhomía en la simplicidad de la predicación.
Juan Pablo II le dio una impronta misionera. Abrió más la curia a cardenales y colaboradores de otros lugares del mundo y él mismo tuvo una actitud de salida. Benedicto XVI tuvo un pontificado más centrado en la doctrina. A Francisco le ha tocado seguir ese camino de mayor internacionalización de la curia y su contacto con la pobreza y el cambio climático. También una impronta misionera. Cada uno tiene su manera de ver la fe.
T: Pero hay un ala ortodoxa y un ala heterodoxa. Así como en la economía, el peronismo o los halcones y palomas del Pro.
No. No en ese sentido. Sí hay modos de entender las urgencias. Yo puedo entender que es una urgencia dedicarse a analizar todo lo que tiene que ver con el cambio climático. Otro puede entender que es una urgencia dedicarse a la catequesis. Otros a ver cómo se celebran los bautismos. Todas cosas importantes. Pero uno ve por dónde empieza.
T: ¿Hay retrocesos en las interpretaciones?
L: Algunas son retrocesos. En un cuerpo tan numeroso, hay gente que es más permeable a los cambios y otros no. Por eso la predicación del Papa y también nosotros los obispos tenemos que llamar la atención y que no nos quedemos encerrados. No nos quedemos dando respuestas que nos dan seguridad, pero para preguntas que ya nadie de hace. Entonces, implica siempre un dinamismo de crecimiento como en cualquier otra organización social. Para eso tenemos instancias como la que está sucediendo que es el Sínodo.
T: ¿Hace política la Iglesia?
L: En un sentido partidario no. Pero si dar de comer a los pobres o hablar de la Justicia se entiende cómo hacer política, en un sentido amplio hay una incidencia en el ámbito de lo político. Me acuerdo, cuando estaba coordinando la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal, que lo hice durante seis años, reunía a diputados de distintos partidos para ver cómo impulsar una ley que protegiera a las víctimas de la trata de personas.
Cuando llegaba el momento de las campañas, nos reuníamos con los candidatos a presidente con el fin de organizar una agenda con las preocupaciones de la población, que pudieron tener en cuenta la situación de los más pobres, tuvimos incidencia en la prórroga de la ley de inscripción de territorios indígenas porque, por deficiencias del aparato estatal, no se había hecho el relevamiento en tiempo y forma y quedaban muchas comunidades sin protección legal. Nos implicamos. Hacemos política, pero no en el sentido partidario.
T: Sin embargo, hay sacerdotes militantes, que ahora son massistas o kirchnristas, como el padre Pepe Di Paola
L: En cada diócesis, el obispo es el que se encarga de ver cómo acompañar y alentar la tarea de los sacerdotes. Acá en la provincia no tenemos ese tipo de situaciones. En el caso del padre Pepe, con quien he trabajado mucho y nos conocemos hace muchos años, diría que somos amigos, no tiene una militancia política. Tuvo un trabajo muy importante con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y con el ministerio de Desarrollo Social de Carolina Stanley durante el gobierno de Macri. Eso no implicó apoyo o rechazo a alguna de sus candidaturas. En el Gran Buenos Aires trabajó con intendentes del Frente para la Victoria. Al estar trabajando con la problemática de la droga, necesitaba vínculos.
Otros sacerdotes tuvieron una adhesión más importante. Recuerdo el intento de asesinato a la vicepresidente Cristina Kirchner que hubo algunos sacerdotes que acompañaron ese momento. Cuando el obispo vio que las cosas se exceden o que pueden poner en riesgo la institución, dice “por acá no” y se trata de rectificar.
T: ¿Cómo es el estilo de Lozano en San Juan?
L: Tenemos una muy buena relación con todo el ámbito social y política. Desde la comisión de Justicia y Paz del Arzobispado, que son en mayoría laicos de distintas disciplinas de trabajo, hemos hecho con el gobernador Sergio Uñac varias reuniones al año para compartir inquietudes. Lo mismo con ministros, con referentes de organizaciones sociales, sindicatos, cámaras empresarias. Cuando hay algún conflicto, suelen acudir a nosotros para pedir ayuda o mediación. Entonces, si hay algún movimiento social que tiene necesidad de plantear algún problema y no encuentran cómo, nosotros escuchamos, intercedemos, llamamos al ministro, al secretario. Tratando de favorecer el diálogo.
En esta oportunidad de las elecciones hemos tenido visitas con los distintos partidos políticos que han participado.
T: Hay un despliegue territorial de la Iglesia. ¿Cómo funcionan las parroquias?
L: La Iglesia Católica tiene parroquias en todo el territorio. Son 46 parroquias. Cada una tiene dos o tres o hasta cinco capillas. Son cerca de 400. Y se coordina la acción social a través de Cáritas. Tenemos después, en Cáritas, un comité de emergencias, que forma parte de un equipo de Desarrollo Humano, donde participan referentes de organizaciones sociales, la Acción Católica, organizaciones de otros credos. Ahí se coordinan esfuerzos, como ocurrió en el terremoto de enero del 2021.
T: Vamos al balotaje. Hay dos opciones. Una dice que el Papa es el representante del maligno en la tierra. Los dos dicen que el otro nos va a llevar al precipicio.
L: Nosotros no decimos a quien hay que votar. Ni tenemos juicios de valor sobre los precipicios. Pero decir que el Papa es la presencia del diablo en la tierra es desacertado. Ofende a quienes profesamos la fe católica. También ofende a quienes ven en Francisco un liderazgo espiritual de la Iglesia y un liderazgo mundial por su preocupación de problemáticas globales. Gente que no es católica, pero que valora sus gestos. Un ejemplo es cómo interviene en la guerra de Israel. Llama el presidente de Estados Unidos, a las autoridades de Israel, al presidente de Francia. Pensar que eso lo hace un representante del demonio es algo inaceptable.
T: ¿No es preocupación de la Iglesia quien gane el balotaje?
L: Ese tipo de discursos nos preocupa. No nos deja indiferentes. También cuestionamos la intención de romper relaciones diplomáticas con el Vaticano y con otras embajadas.
T: Y sin embargo, Milei no para de usar pasajes bíblicos
L: Lo he escuchado mencionar pasajes. Pero no son los suficientes para compensar los otros dichos tan desafortunados.
T: ¿Por qué no vino el Papa a la Argentina?
L: No le ha dado lugar en su agenda. Tenía previsto venir en el 2017, cuando fue a Chile. Me acuerdo porque tuvo una entrevista personal con él unos meses antes. Francisco había previsto venir a la Argentina y Chile en noviembre. Pero con las elecciones chilenas tuvo que cambiar el viaje para enero. Y en enero en la Argentina hay mucha gente que se toma vacaciones. Entonces hizo Chile y Perú. En varias oportunidades nos ha dicho su deseo de venir.
En el Cono Sur, salvo a Argentina, Venezuela y Uruguay, ha ido a todos. A Centroamérica ha ido a Panamá. Pero a mí me interesa ver a dónde sí ha ido: al África y al Asia, a lugares de conflicto.
T: ¿Perdió terreno la Iglesia en manos de otros credos?
L: Hay un avance del pentecontalismo. En la Argentina hay un avance de la no creencia. Ha disminuido en unos 10 puntos la cantidad de bautismos respecto de dos décadas atrás.
T: ¿Es algo social o se debe a errores de la propia iglesia?
L: No veo un condicionamiento económico-social. Hay gente que prefiere no bautizar a sus niños y que decidan cuando sean grandes o fallas en el modo en que nosotros estemos más presentes o no en los barrios. Por eso la necesidad de renovarnos en una actitud proactiva, misionera. No quedarnos encerrados.
T: Hay creencias que son dañinas. No es preferible no creer que creer en falsas religiones. Por ejemplo, todas esas expresiones que llenan los canales de televisión a la madrugada.
L: La creencia, la fe es libre. Tiene que haber libertad religiosa. Sí tiene que haber límites en cuanto a expresiones públicas si tienen que ver con violencia y atentados.
T: ¿Pero no hay cierta espectacularización de algunas religiones?
L: Tenemos que cuidarnos. Pero no prohibir, sino educar. Ayudar a que las opciones, sean opciones que puedan elegirse dentro de su libertad, que sean debidamente informadas.
T: ¿El Estado tiene que sostener a la Iglesia?
L: El Estado no sostiene a la Iglesia. Hay una creencia generalizada. Es errada. En San Juan, por ejemplo, recibimos del Estado los aportes a la educación por los colegios parroquiales. Hay un aporte del Estado pero es para un servicio público que el Estado no está dando. Es una compensación económica. Después, en algunas capillas se ayuda con el no cobro de impuestos territoriales. Para nosotros es una gran ayuda. Pero no es recibir dinero de parte del Estado.
En algunas otras, como el templo de San José de Jáchal, el Estado colaboró porque tiene un valor histórico y cultural. Por razones de infraestructura, estuvo cerrado durante cuatro o cinco años. También la restauración del campanil de la Catedra. El Estado municipal se encargó de colaborar con eso, lo administran ellos. Tiene que ver con promover el turismo. Son ese tipo de cosas, pero el Estado no le paga un sueldo a los sacerdotes. Los que sí reciben sueldos son los capellanes.
T: A quienes asuman el 10 de diciembre: ¿Qué mensaje les da?
L: Sea quien sea, tiene que buscar el bien común. Quien gobierne tiene que hacerlo buscando el bien común y el bienestar de la sociedad. Privilegiando a los que la están pasando peor.
Es cierto que todos estamos mal. Pero algunos que no están tan mal. Hay una final de la Copa Libertadores en Brasil y eso sale unos cuantos miles de dólares. Hay gente que está pudiendo viajar. Entonces, no puedo decir que no hay plata. Hay algunos que tienen plata y la usan para eso, otros que tiene plata y la usan para otras cosas, y otros que sufren porque no tienen para comer. Hay que apuntar políticas públicas para esos sectores que peor la pasan.