Tanto que se habla de consensos y de unión, aparece una oportunidad para que dejen de ser palabras huecas. El ataque de Greenpeace cayó justo en tiempo de campaña, y se abre entonces en la oposición local un debate sobre cómo posicionarse: sumarse a la línea del ataque ambientalista, hacer la plancha y mirar desde lejos, o plantear una postura institucional, más allá del gobierno, en una granítica defensa de una actividad que vaya más allá de los banderines políticos. Se verá.
El asunto es que los supuestos de donde parten las objeciones de Greenpeace son falsos: argumenta que hay minería en el parque nacional de San Guillermo cuando no es así, y que habita un puma al que tampoco se lo ve por allí. Y eso, además de darse de frente contra los intereses económicos de la provincia, no es un buen tablero como para apoyarse ni en la visión política más apocalípticas, para los que buscan sacar provecho desde las cenizas, una especie tan de moda.
Las consecuencias de que avanzara la prédica de Greenpeace no serán para una persona en particular, ni siquiera para un gobierno. Serán para decenas de miles de sanjuaninos que encuentran en Veladero y Pascua-Lama –los emprendimientos señalados- su fuente laboral y en otras decenas de miles que les venden cigarrillos en el kiosco.
Hasta ahora, la campaña electoral no ha mostrado a ningún dirigente montado encima la línea argumental de Greenpeace. Hubo, en ese plano, al menos cierta cautela. Se limitan los candidatos opositores en general a definir un discurso prominero, pero sin generar demasiadas acciones concretas para salir a su rescate en un momento de tempestades. Algo así como dejar que si anda un monstruo suelto, que castigue la corteza del oficialismo. Es, para ellos, un modo de no salir a recitar frases que los pongan cerca de Greenpeace, pero tampoco a hacer nada que los emparente con el discurso oficial.
A ninguno de los candidatos sanjuaninos en la línea de largada, excepto a los del frente de izquierda, se les escuchó proponer el freno de la actividad minera como lo sostiene Greenpeace. Predomina, en cambio, una visión a favor de la actividad pero sin embarrase. Enrique Conti reivindicó la actividad y llegó hasta a sugerir que Barrick no haría la inversión de los miles de millones de dólares que le faltan por las dificultades cambiarias. Luego retrocedió. Y Eduardo Cáceres fue la semana pasada a Paren las Rotativas y anunció un rotundo respaldo a la actividad. ¿Está en contra de Greenpeace, entonces?, se le preguntó. Un esquive como respuesta.
Los tiempos que corren y el diseño dialéctico al que la oposición toda parece haber suscripto, el de la no beligerancia la búsqueda de consensos mínimos, aconsejan ajustar la dirección. Y la minería, fuente de ingresos y riqueza para gran parte de la población, merece una respuesta en bloque para un ataque institucional de Greenpeace.
¿Podrá rankear electoralmente para los aspirantes a obtener votos una postura unánime y multipartidaria a la campaña mediática nacional? Debería, si es verdad el reclamo de las plazas repletas de cacerolas exigiendo unirse detrás de objetivos comunes.
Para las urgencias electorales, el ejercicio de mirar un poco más lejos suele ser desacostumbrado. Pero éste es el caso en que se impone el esfuerzo de reflexionar juntos para no lamentarse después. Hay muchas cosas que San Juan pone en juego en este partido. Tiene, entonces, mucho para perder.
sábado 4 de abril 2026




