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Sepa disculpar el lector cierta recurrencia temática sobre el movimiento político en el campamento opositor, pero es allí donde se concentra la mayor emoción en estos tiempos de cierre de alianzas con fecha límite al 12 de junio. Del lado oficialista no hay mayor interés que escuchar la única palabra válida a la hora de los bifes –la del gobernador Gioja-, mientras que del otro lado asoma el desafío de ofrecer contención política y formato de candidatura a la furia que se escucha de tanta gente enojada.
Nada menor el asunto, entonces. Con un paisaje bordado de multitudes de aspirantes que vienen por el aviso. Con forcejeos de posicionamiento de esos que suelen ser mejor definidos como codazos en el área, estrategias, amistades y enemistades, enojos, fotos. Y demasiada tela para cortar, como para convalidar el intento de un decálogo con la sugerencia de una hoja de ruta.
