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editorial

Los 10 mandamientos (por ahora) de la oposición local

Nacionalizar, no pelearse adentro, juramentarse acompañamiento, cuidar la interna de cada uno. Algunos de los puntos en que deberá reparar el armado opositor sanjuanino para pelear con chances. A continuación, el decálogo. Por Sebastián Saharrea

Por Redacción Tiempo de San Juan

 

Sepa disculpar el lector cierta recurrencia temática sobre el movimiento político en el campamento opositor, pero es allí donde se concentra la mayor emoción en estos tiempos de cierre de alianzas con fecha límite al 12 de junio. Del lado oficialista no hay mayor interés que escuchar la única palabra válida a la hora de los bifes –la del gobernador Gioja-, mientras que del otro lado asoma el desafío de ofrecer contención política y formato de candidatura a la furia que se escucha de tanta gente enojada.
Nada menor el asunto, entonces. Con un paisaje bordado de multitudes de aspirantes que vienen por el aviso. Con forcejeos de posicionamiento de esos que suelen ser mejor definidos como codazos en el área, estrategias, amistades y enemistades, enojos, fotos. Y demasiada tela para cortar, como para convalidar el intento de un decálogo con la sugerencia de una hoja de ruta.

1-Nacionalizar, nacionalizar, nacionalizar.
 Es la pretensión que predomina en todos los campamentos: Correrle el cuerpo al debate frontal contra la administración provincial, que conserva una fuerte imagen en el electorado, y disparar los dardos sobre la gestión de Cristina Kirchner, a caballo de las denuncias mediáticas y su amplificación proveniente de las figuras opositoras nacionales.
Sostienen el argumento de que se trata de elecciones nacionales y provinciales, pero deberán extremar la creatividad porque en San Juan confrontan con un gobierno provincial alineado sin disimulos, que esta semana envió 40 micos a los festejos de Plaza de Mayo. Y con legisladores que, absolutamente sin excepciones, ha defendido todos los proyectos de ley enviados por el Ejecutivo nacional.

2-No pelearse entre ellos
Mayor requerimiento para los aspirantes, guardar la compostura. Casi excluyente: quien se sienta con posibilidades en esta pulseada deberá registrar que, especialmente para un aspirante opositor de proyección, las buenas artes discursivas y la resistencia a confrontar están entronizados.
La oposición se monta en los postulados de no agresión –al menos formal- y esa palabra tan malinterpretada por estos tiempos, consenso. De tanto repetirla, ese electorado la exige como carta de presentación. La interna abierta será una fuerte tentación no sólo a los cruces verbales entre compañeros, sino a chicanas de todo tipo y color. Hasta ahora, todos los candidatos han tenido especial cuidado, con alguna excepción. Habrá que esperar qué sucederá cuando alguno derrape. Como ocurrió esta semana con una fuerte jugada de Colombo: recriminó a Ibarra haber dado quórum en una sesión a favor del oficialismo.

3-Cuidar los frentes internos
Antes de entrar en la interna propiamente dicha, casi todas las agrupaciones disponen de frentes tormentosos en sus propios intestinos. En el PRO, el candidato oficial es Eduardo Cáceres, ya bautizado por el propio Macri, pero no pierden oportunidad de rayarle la pintura Gustavo Raverta –quien, aseguran, no atiende el teléfono del interventor Burzaco- o Antonio Russo, quien hace campaña con el símbolo del PRO alterado porque le prohibieron hacerlo con el oficial.
En el basualdismo, hay una franja importante dispuesta a jugar con Ibarra, y hasta se habla de la fórmula Ibarra-Laciar. Pero hay otra que se resiste y está decidida a tirarse de cabeza a la interna, que es la del diputado Armando Campos, uno de los íntimos del senador. Eso ha generado calentura interna.
En el bloquismo disidente no todos están de acuerdo con Conti y en el radicalismo hay una candidatura oficial que es la de Hugo Domínguez, pero hay un sector en que reporta Capello que no están en caja. Así irán todos a la una alianza macro.

4-Ir todos juntos.
Mayores esfuerzos en concentrar las fuerzas en un candidato fuerte, que surja de una interna abierta de agosto. El gran articulador es el senador Roberto Basualdo, quien no compite pero a quien le atrae levantarle la mano a un diputado por la oposición provincial, cualquiera sea.
El asunto es que su prédica ya encontró algunos obstáculos que harán que hasta ahora los frentes opositores no bajen de tres, con chances de ser hasta cinco. En este criterio, se escurre la potencia del voto opositor. Hay quienes piensan lo contrario, que todos juntos no es la mejor idea.

5-Analizar si conviene separarse.
Hay una idea flotando en este grupo de cabecera liderado por Roberto Basualdo, de analizar la posibilidad de romper el acuerdo en dos, si es que consideran que los números les dan. ¿Cómo es eso? Si detectan que el antikirchnerismo supera el 50% en la intención de votos, lo mejor es presentar dos candidaturas fuertes con la intención de capturar no sólo uno sino dos bancas para la oposición, producto de dos eventuales buenas perfomances electorales de dos fórmulas distintas: ¿posibilidad o ciencia ficción?

6-Comprometerse a acompañar al que gane.
Naturaleza del sistema, la cita impone que uno gana y los otros acompañan. Y eso es, si bien no un imposible, alta dificultad en un terreno político cruzado por intereses, celos, oportunismo. Es decir que los que pierdan deberán contener la irrefrenable tentación de pensar en las dificultades de su propio futuro, para pensar en beneficiar a alguien con quien compite.
Todos los consultados hasta ahora entre los protagonistas desconfían por lo bajo que eso ocurra.  Se conforman igual con sacarlos de la cancha, que no jueguen para nadie, y que sequen la plaza de alternativas.

7-Resistirse a la idea de que el que gana se lleva todo.
Lo más probable es que el ganador de la interna de agosto salga de esa cita con una armadura y la sensación de haberse convertido en el jefe de la oposición. Tendrá motivos inapelables: será el que más votos saque en un cabeza a cabeza con los más reputados del ambiente. Pero deberá evitar hacerlo por un motivo directamente relacionado con el punto anterior: si el que gana es el cacique y el resto son los indios, no es esa una buena forma para el ganador de encolumnar a los que pierdan, casi todos ellos con corazón de primera serie.
Por el contrario, las caricias y el renunciamiento a podios estelares excluyentes parece el mejor concejo. Un acuerdo entre todos: este turno termina en octubre y después, vuelta a negociar.

8-No aplicar derecho a veto.
Gesto por demás habitual, no sólo en política sino en las relaciones humanas de toda naturaleza: si va éste, yo no voy, con este sí, con éste no, lo que me hizo aquella vez. No parece momento el actual para prestar oídos a los magullones del pasado, y menos de ponerlos a jugar cuando hace falta hacer coincidir los intereses de multitudes. Siempre habrá rayones en la pintura, deberán acompañar la digestión con Hepatalgina para no poner en riego un armado amplio.

9-Buscar un discurso que entusiasme.
No sólo de estrategia y posicionamiento vive el candidato. También, de la posibilidad de establecer una línea discursiva atractiva, capaz de ampliar la frontera electoral. En este caso, al tratarse de distintas versiones de visiones similares –al menos eso sugiere la presencia de todos en el mismo recipiente electoral- deberá existir una línea discursiva en común, en la que se diferencien por los matices.
No es posible ofrecer visiones abiertamente confrontadas, lo saben todos, y allí está el verdadero desafío. El rechazo común ante la posibilidad de la re-re de CFK aparece insuficiente, en especial porque se trata de una hipótesis que hoy no existe. ¿Cómo pensarán respecto de temas de agenda en el próximo parlamento? Allí habrá que buscar las respuestas.

10- Achicar la cantidad de aspirantes.
A medida que se acerca la fecha, la tendencia viaja a contramano de las necesidades. Cuando hace falta que la cantidad de anotados comience a depurarse, cada vez surgen más. Un repaso de lo que hay, orientados apenas por las paredes pintadas, señala hoy los siguientes apellidos: Ibarra, Conti, Colombo, Cáceres, Campos, Peluc, Laciar, Acosta, Raverta, Russo, Sansó, Castro, Jofré, Martín, en la estructura comandada por Basualdo. 14 apellidos en un solo espacio, demasiado.
Apareció Conti sugiriendo “el despropósito de un show de candidatos” y señalándose como unificador, pero fue mandado a su casa. Si se le suma el resto del universo opositor, surgen: Avelín, Seguí, Domínguez, Moya, Agüero. Casi 20 apellidos, y siguen las firmas. Las urnas, seguramente, serán las que los pongan todo en orden.


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