Juliana nació en la Capital de San Juan el 15 de febrero de 1975. Tiene una hermana mayor, Mariana, que se dedica a su familia y vive en Mendoza; y un hermano, Martín, veterinario como su padre. Familiera, tiene cinco sobrinos y no tuvo hijos propios pero en San Luis vive en pareja con un médico, que es papá de cuatro "que son unos bombones", dice. Todos tienen de 20 años para arriba.
Si bien hizo la primaria y la secundaria en un famoso colegio católico, asegura que ahora no se acerca "ni loca" a una iglesia. "En la escuela era terrible pero no era mala, mi hermana era peor", se ríe.
Apenas egresó se fue a Mendoza y estudió Artes Dramáticas, a la par se estrenó en la televisión mendocina. "Empecé a hacer teatro allá y me puse a hacer un programa muy malo en el '97 o '98. Éramos tres conductores, tipo 'El rayo'. Me acuerdo que me tiraba de un puente y en parapente, como era maricona era gracioso. No sé en qué estaba pensando, era muy chica y me divertía mucho. Siempre fui una 'busca', donde me sentía bien estaba contenta", comenta.
Cuando su hermana se casó y se fue a vivir a la vecina provincia, Juliana volvió a San Juan. "Yo haciéndome la internacional me voy a Canal 8, creyéndome Déborah del Corral. Fui con mi programa grabadito y el gerente me llama y me dice que eran pésimos mis productos, pero que podíamos hacer prueba de cámara. Y ahí me tomaron y empecé a trabajar con Marcela Podda, en Mujer 2000, donde salía cada tanto", recuerda.
"Estrictamente social" fue un programa que salía por Canal 8 los domingos a la noche, mostrando toda la movida social de San Juan, donde Juliana era co-conductora. Salía vestida de moda pero siempre fiel a su estilo desacartonado.
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Juliana en "Estrictamente social", un programa exitoso que salía por Canal 8.
También por esos años incursionó en Radio Colón. "Hice un programa llamado El Ventilador. Yo no había hablado por micrófono nunca, ni en la escuela. Había estado en un noticiero en canal 5 no sé cómo y ahí me cuentan que buscaban pesonal en la radio. Cuando llegué me preguntaron qué experiencia tenía y yo dije que ninguna. Entonces improvisé y les gustó. Eran cuatro horas de reírme y pasar música, me re divertia".
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Juliana guarda recuerdos de Radio Colón, donde hacía "El Ventilador".
Luego de esa experiencia en la pantalla y éter locales, se fue a vivir a España en plena crisis del 2001. "Me fui porque salió la oportunidad, la idea era ir y volver, pero me enamoré de mi ex marido, me casé y me quedé en Valencia, que es muy lindo". Así, estuvo 11 años viviendo en esa ciudad española. "Trabajé en Hugo Voss como vendedora y daba clases de tenis. Costaba un ojo de la cara la ropa. En la tienda trabajaba una semana a la mañana y otra a la tarde, entonces podía darles a adolescentes. Toda mi vida jugué al tenis, desde los 4 años, ahora retomé a ver si me desintoxico porque fumo mucho", dice con humor.
Cuando se separó, luego de pasar brevemente por un par de países, volvió a San Juan cuando se enfermó su padre. "Se murió joven, era veterinario, un capo. No llegué a tiempo", se lamenta.
En esta etapa que fue triste en su vida, decidió quedarse su tierra natal, con los suyos. "Mi vieja sigue viviendo en el mismo lugar, y me quedo un tiempo con mi familia y sobrinos que había algunos que eran muy bebés y no los había disfrutado mucho. La idea no era quedarme. Me llamaron para algunos trabajos de San Juan hasta que me puse a hacer el programa sobre videos graciosos de YouTube", dice sobre el envío en Canal 13 San Juan.
Por esos días, en el diario Tiempo de San Juan escribía "una columna muy mala, sobre cosas que podían pasarte", se ríe.
Decidió cambiar de rumbo y se alejó de la escena mediática, empezando a trabajar en una prepaga. "Me llamaron porque había que hacer una suplencia que se transformó en un laburo que duró 10 años. Laburé siempre con gente hermosa en San Juan", asegura.
Un salto a San Luis
Juliana estaba de oficinista cuando conoció a su actual pareja, y de su mano se fue a vivir a San Luis de donde él es oriundo. Pidió el traslado a la sede de la prepaga en esa provincia pero se dio cuenta de que no era su lugar y cambió de aire.
"Empecé a montar mi taller hace unos dos años y medio, en la casa donde vivimos, es en un lugar muy bonito que se llama Juana Koslay. El taller empezó a ser mi mundo. Pensé 'o sigo padeciéndola o soy lo más feliz que pueda'. Y elegí esto", dice.
En su refugio, Juliana está desde las 8 hasta que las velas no ardan. "Cuando no tengo proyecto me pongo a dibujar", relata.
"Siento que no pertenezco a ningún lado, pero acá tengo mi cerro, tengo vista divina". Se considera muy enamorada de su pareja que es medico clinico. "Somos la antítesis, es muy formal y serio y yo una loca suelta. Es buen tipo, soy re babosa, llevamos juntos 10 años y es lo más lindo que me pasó". ¿Se casará? "Ya lo hice una vez, no sé si lo volvería a hacer", dice.
Comparte sus días con sus mascotas Nicolás y Vilma. "Son los hijos que nunca tuve", aclara.
Lo del arte, asegura, viene de cuna, de chica. "Son los recuerdos que tengo, mi mamá estudió Artes Plásticas de grande, entonces era verla con los óleos y espátulas en casa. Y mi abuelo era medio artesano, bueno con las manualidades. Yo salí autodidacta".
En San Luis su nombre se empezó a hacer conocido. La clave, dice, es tener mucho trato con sus clientes. "Un día me planteé cuántas veces en tu vida salis a comprar una cuadro para tu casa, es raro. Entonces, la idea es ofrecer a cada cliente una obra personalizada", cuenta.
Su estilo, señala, es abstracto. Produce cada obra para el espacio donde irá. "Veo los colores y que quede armónica, congeniamos con el cliente la paleta de colores y trabajo con absoluta libertad. Hay cuadros que salen en dos dias y otros en dos meses, buscándole la vuelta. Hay cuadros que he soñado y me levanto y salen así", explica.
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Para Juliana, una trotamundos, hoy San Luis es su lugar.
Esta semana es la primera muestra que hará de su arte en San Luis, donde "de a poco se va escuchando el nombre Juliana Pallaro". Algunos la conocen como "Gallega", apodo que le pusieron sus compañeros de la prepaga sanjuanina. "Fue porque me habían quedado muletillas como el 'vale' y 'nevera', ya los abandoné", afirma.
A la muestra fueron convocados 150 artistas relevantes puntanos. "Estoy muy copada porque es una muestra muy grande", asegura.
"Me defino artista, embellecedora de espacios, porque soy autodidacta, investigo pero no tengo un profesor, todo lo que hice tiene que ver con el arte y el resto es embellecer con lo que sea", dice. "Me defino artista, embellecedora de espacios, porque soy autodidacta, investigo pero no tengo un profesor, todo lo que hice tiene que ver con el arte y el resto es embellecer con lo que sea", dice.
Juliana vende sus cuadros más afuera que adentro de San Luis, Tiene varios clientes en Mendoza y en Córdoba, gracias a las redes sociales. En San Juan también, apunta. "No sé si voy a hacer esto toda la vida, hoy es lo que me hace feliz. La verdad que estoy muy en paz. No sé si volvería a trabajar en relación de dependencia, creo que no, esto me ha hecho descubrir un mundo distinto, todos los días estoy feliz", concluye.