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sábado 25 de abril de 2026

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Franco Poggio y su experiencia en Gran Hermano: ser amigo de Andrea del Boca, un desayuno insólito y la expectativa por el repechaje

El sanjuanino que hizo historia en la edición Generación Dorada por ser el primer representante de nuestra provincia en el reality repasó su salida, los vínculos que construyó dentro de la casa y cómo la experiencia lo transformó.

Por Bautista Lencinas

Franco Poggio, el primer sanjuanino en ingresar a Gran Hermano y protagonista de la edición “Generación Dorada”, abrió las puertas de su experiencia tras casi dos meses en la casa más famosa del país. En diálogo exclusivo con Tiempo de San Juan, relató desde el desconcierto de su eliminación hasta los vínculos que lo marcaron y su deseo de volver al reality.

Su salida se dio en un versus con Brian Sarmiento y, según contó, fue un momento difícil de procesar. “Estaba abombado, no entendía qué estaba pasando”, recordó. Apenas cruzó la puerta y llegó al estudio con Santiago del Moro, el impacto fue inmediato: “Vi gente con mi cara en carteles y remeras, me pareció rarísimo”. Más allá del shock, reconoció que lo que más le preocupaba era no comprender por qué había quedado eliminado. “Eligieron otro tipo de juego este año”, le explicaron al salir.

Tras el reencuentro con su círculo cercano, entre ellos su novio Lizardo Ponce, fue trasladado a un hotel donde vivió una noche tan esperada como extraña. “Me costó mucho dormirme”, contó sobre ese primer descanso en soledad después de semanas de convivencia. También describió sensaciones cotidianas que cobraron otro significado: la primera ducha sin cámaras, una comida en silencio y hasta despertarse en la madrugada buscando el micrófono, como si aún siguiera dentro de la casa.

En ese proceso, destacó la contención psicológica que recibió para readaptarse a la vida fuera del reality. “Te acompañan mucho para volver a la rutina”, explicó. Y es que, puertas adentro, la experiencia lo atravesó profundamente. Sin relojes ni referencias externas, los días se vuelven eternos y la noción del tiempo desaparece.

“No sabés a qué hora comés o dormís, te guiás por lo que sentís”. “No sabés a qué hora comés o dormís, te guiás por lo que sentís”.

Esa desconexión, sumada a la falta de estímulos como el celular o la música, lo llevó a una fuerte introspección. “Pensé mucho en mí, en mi vida, en mis vínculos”, aseguró. El resultado, según él mismo define, es un cambio personal notable: “Me siento mucho más maduro y seguro de mí mismo”.

Entre las anécdotas que dejó su paso por la casa, una se destaca por lo insólita: la relación con la comida. La escasez y la mala administración de los recursos derivaron en situaciones particulares, como desayunos improvisados. “Llegué a tomar café con vainillín y comer morrón con huevo”, contó entre risas. Lo curioso es que esa combinación de leche con vainillín le terminó gustando y hoy la replica ocasionalmente en su departamento en Buenos Aires.

También explicó la intensidad emocional que se vive en cada gala de eliminación. “Se siente como si se muriera alguien”, graficó, en referencia al nivel de angustia que atraviesan los participantes cuando un compañero abandona la casa.

Uno de los aspectos más llamativos de esta edición fue la convivencia con figuras reconocidas, como Andrea del Boca. Franco formó parte de su grupo y reveló cómo fue compartir el día a día con una actriz icónica. “Sabíamos quién era, pero adentro se vuelve una más. Es como una amiga de toda la vida”, aseguró. El vínculo trascendió el reality: hoy mantienen contacto, compartieron eventos e incluso visitó su casa para tomar mates.

De cara al futuro, Poggio no oculta su ambición de regresar. Apunta directamente al repechaje y, en caso de lograrlo, ya tiene claro su objetivo: “Iría contra Brian Sarmiento. Su juego es sucio, agresivo y soberbio”. Con la experiencia de haber visto el programa desde afuera, asegura que volvería con otra impronta. “Sería más auténtico, me mostraría más y jugaría de verdad”, afirmó, convencido de que puede “ganarlo todo”.

A modo de balance, resumió su paso por Gran Hermano en tres palabras: “desafío, aprendizaje y adaptación”. Una experiencia que, según sostiene, lo cambió para siempre y lo dejó listo para una posible revancha.

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