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Opinión

El extraño limbo político de dos intendentes sanjuaninos taquilleros

Cristian Andino y Fabián Gramajo miden alto en el territorio, no vienen del palo más íntimo pero pueden ser bendecidos si no se tratara sólo de confianza. El factor Gioja y todos los tableros que se manejan.

Por Sebastián Saharrea

Pocas dudas existen –adentro y afuera del universo peronista sanjuanino- que la opción excluyente para encabezar las listas el año que viene es Sergio Uñac. Lo dijo en claro español el propio gobernador a los intendentes en su última reunión. Y que el plan B es, también, Sergio Uñac. La pregunta del millón es que pasaría si eso no ocurre y hace falta apelar a un plan imprevisto.

A eso parece jugar José Luis Gioja, “compañero” enrolado en la antítesis partidaria orejeando la baraja y demorando sus pasos, tal vez hasta el filo de la extinción de sus tiempos. Lo que opera cinco minutos antes del cierre de listas y presentación de candidaturas, aún sin fecha. Ante la incertidumbre también del día que se irá a votar en comicios provinciales.

Para el ex gobernador, el mejor plan -¿el único posible?- de su operación retorno es encontrarse con un escenario peronista despejado sin Uñac enfrente. Consciente también que no se la dejarán servida, ni cerca. Y que si por un motivo u otro el actual mandatario no es de la partida, no le dajará el camino allanado ni un poquito así. No lo sabrá –tampoco- hasta último momento, plan de nervios incluido.

En ese plano es donde entran a jugar, contra su propia voluntad, los dos intendentes más taquilleros del oficialismo provincial. Sobre los que operan coincidencias asombrosas, algunas leves diferencias de perfiles, y una suerte en común atada a una sola moneda en el aire.

Cristian Andino y Fabián Gramajo forman parte del equipo oficial, pero con diferente reverberancia y recelos cruzados: ninguno de los dos puede seguir, ambos han agotado sus dos mandatos de ley (Andino suma una gestión anterior), conducen municipios diferentes, manejan perfiles distintos ante el electorado, disponen de procedencias partidarias distintas. Son dos de los dirigentes del oficialismo que mejor miden entre las opciones disponibles, claramente, pero ninguno de los dos pertenece al círculo más íntimo del gobernador. Lo que agrega un condimento nada menor a la hora de una definición.

Padecen el síndrome que supo cantar Facundo Cabral sabiamente: “no soy de aquí, ni soy de allá”. Lo que no los coloca en un lugar pecaminoso, para nada, pero sí que influye cuando se debe pasar el testimonio y la confianza de los trapos íntimos empiezan a ganar terreno. Claro que, como se verá, no sólo de confianza se nutre esta historia sino también de cálculo de posibilidades, intereses, chances reales entre todos los tableros.

Además de lo más probable, la opción de Sergio Uñac como comandante es la más potente a nivel electoral para el oficialismo provincial. Pero si llegara a operar esa hoy lejana pero nada imposible opción de que Sergio no fuera, se abre un mar de especulaciones.

Para empezar, el más favorecido en su propia apuesta sería José Luis Gioja, quien aspira a compulsar frente al oficialismo pero sin Sergio a la cabeza. Ese es el escenario que más le apetece, en el que le florecen chances reales de volver. Por eso apuesta a que Sergio no vaya y deba designar a un eventual sucesor, claramente no tan taquillero como el actual mandatario.

Su problema –el de Gioja- será que no lo sabrá hasta bien entrado el calendario, sobre la línea de inscripción de candidaturas e incluso después de su cierre. Y en ese interín deberá decidir él también si se inscribe, no vaya a ser que termine favoreciendo las chances de su rival interno. El fantasma de la Gran Armani, doblemente compleja para un hincha de Racing como él.

En esa misma línea de hipótesis en la que Uñac debiera seleccionar quien tome su posta es donde se abre todo un universo complejo. Porque aparece una apreciable lista de dirigentes y funcionarios bien cercanos cuyo principal componente es la confianza sin que se traduzcan hoy en las hipótesis de mayor alcance electoral. Allí figuran el actual vicegobernador Roberto Gattoni o ministros como Marisa López, Jorge Chica, Alberto Hensel o Fabio Aballay, quienes en conjunto acumulan méritos surtidos para aparecer en las especulaciones.

Como Marisa, de escaso nivel de conocimiento pero buen potencial; o Fabio, un prototipo a desarrollar con chances. Y entre los intendentes, quien conjuga confianza con potencialidad electoral de riñón uñaquista puro es el capitalino Emilio Baistrocchi, pero para él parece haber sólo planes de reelección en el horizonte (por ahora, téngase presente la acepción del todo puede pasar).

Ninguno de ellos es hoy una alternativa segura. Y si la complejidad es escalar la montaña de Gioja en un mano a mano duro por las cicatrices y desconfianzas de una interna emparchada pero no resuelta y luego la de Marcelo Orrego, tal vez la confianza comience a dejar terreno a la búsqueda de la mejor opción en materia de competitividad. Más aún si se juega como ahora todo en un solo tiro. Interna, general, todo, con fecha a confirmar pero no más allá de 6 meses.

Allí es donde salen a la cancha los dos intendentes que ofrecen un escalón alto en ese renglón y esperan turno. No son estrictamente del riñón de mayor confianza, aunque Uñac sabe que puede trazar acuerdos con ellos, en mayor o menor medida (más con uno que con otro). No son paladares negros del uñaquismo, pero tampoco juegan de visitantes en la interna.

Generan el recelo lógico de no provenir de la matriz, bien llevados pueden ser una solución frente a los obstáculos electorales que se vienen: Cristian Andino y Fabián Gramajo ya dijeron que quieren, se desesperan por ser señalados como sucesores, y aunque a veces alguno pierda la tranquilidad no sacan los pies del plato. Al derecho o al revés, pueden ser considerados como una opción y lo saben, deben transitar la angustia lógica mordiéndose la lengua.

Fabián Gramajo hace jugar el principal factor con el que cree contar: que es el líder territorial indiscutido del principal distrito a preservar por el oficialismo para conservar chances provinciales. Chimbas, ante la degradación de Rawson, el otro fuerte. De allí se deduce que cree disponer de chances para ganar, también de hacer perder. Viene del peronismo frontal, con matices diferentes de la versión que conjuga el uñaquismo. No sería un problema. Tiene contactos nacionales por zonas donde el oficialismo local no transita, factor al que considera una virtud.

Dice por lo bajo y manda a decir por lo alto que no está en su naturaleza un rol legislativo como el que aparentemente les estaría ofreciendo: diputado por Chimbas, proporcional, jefe de bancada, como mucho legislador nacional. Pero no, él pronuncia sin riesgo a marcha atrás que lo suyo es la gestión. Ni siquiera ministro, mandó a decir, en el caso en que a alguien se le ocurriera ofrecérselo. Gestión, sumado a su impedimento para seguir en Chimbas, no queda otra que el cargo máximo. Ahora, qué haría si no se abre la posibilidad de ser señalado y el jefe de la lista es Uñac? Más allá de los amagues, algo que aún no se le escuchó ni en on ni en off.

Cristian Andino es la otra opción. Gestiona un municipio de un perfil totalmente distinto: más chico, menos relevante a nivel cuantitativo, pero bien acomodado y apreciado tierras afuera de su distrito. Es un recién llegado al peronismo proveniente de otras afinidades, pero lo hizo a instancias del propio Uñac. Que lo convenció y le dio la bienvenida no sólo a su círculo político sino al del partido.

Andino es más componedor y tal vez un tanto más paciente. Aceptaría la suerte que le tocara en un ministerio si es que el candidato es Uñac y renueva, pero no sin el lamento de ver pasar el turno para el que se encuentra en el punto justo. Incluso podría funcionar si debiera poner en una campana los acuerdos previos del uñaquismo.

Lo dirá el tiempo, que no es mucho. Sonó con fuerza el 14 de mayo para ir a votar, lo desmintieron desde el oficialismo extraoficialmente pero no debería ser demasiado lejos de eso. Unos meses antes, se acerca la hora de la verdad.

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