Estrenada en las salas de cine tras una importante campaña publicitaria y basada en un libro aclamado como una de las mejores obras recientes de ciencia ficción, “Proyecto fin del mundo” (Project Hail Mary), la nueva película protagonizada por Ryan Gosling llegó con todos los elementos para convertirse en un gran tanque del género: una misión espacial desesperada, un protagonista carismático, ciencia, emoción y hasta un inesperado guiño argentino. Sin embargo, detrás de su ambiciosa propuesta y su ritmo particular, la película termina pareciéndose demasiado a una historia que ya vimos en el pasado.
La nueva película de Ryan Gosling: una larga historia que ya vimos, pero a un ritmo especial con guiño argentino
Basada en la novela de Andy Weir, combina ciencia, emoción y un inesperado detalle nacional en una misión para salvar a la humanidad.
La propuesta es buena, incluso tierna, y tiene un trasfondo profundo que va mucho más allá de las estrellas. Sin embargo, hay dos factores que juegan en su contra. El primero es el tiempo: 2 horas y 37 minutos resultan excesivos para contar lo que pretende. El segundo, y más importante, es que se parece mucho a una antecesora del género de 2024.
Con el astronauta Ryland Grace como eje, “Proyecto fin del mundo” comienza cuando él despierta en una nave espacial sin recordar quién es ni por qué está allí, flotando en medio del espacio. Poco a poco descubre que es el único superviviente de una tripulación enviada al sistema solar de Tau Ceti y, a medida que avanza la historia, comprende que forma parte de una misión crucial: salvar a la humanidad de una amenaza cósmica que pone en peligro la supervivencia de la Tierra.
Mientras busca respuestas que aparecen a cuentagotas, Grace debe confiar en su instinto, en su conocimiento científico, en su ingenio y en su voluntad para seguir adelante. En ese proceso, deja de lado la desconexión total que lo deshumaniza y abre paso a un vínculo inesperado con un personaje muy particular: un peculiar alienígena al que Grace llama Rocky.
Desde el comienzo, la historia tiene un punto fuerte indiscutible: Gosling está impecable en el papel y sostiene con solvencia esos largos minutos en los que se encuentra completamente solo en pantalla. Además, la estructura narrativa ofrece respiros a la opresión de la soledad y a la inmensidad del espacio, ya que el espectador acompaña al improvisado astronauta mientras reconstruye lo que ocurrió en la Tierra antes de llegar allí: cómo un exbiólogo solitario, convertido en profesor de escuela, terminó siendo la última esperanza del planeta.
Gran parte del atractivo de la historia de Andy Weir (autor del libro homónimo en el que se basa la película) radica en su habilidad para integrar complejos conceptos astrofísicos y traducirlos de una manera atractiva y comprensible para el público general.
A eso se suma su verdadera esencia. Más allá de su enfoque en la creatividad científica y la resiliencia humana, la historia explora el espíritu humano frente a lo desconocido. Aunque se desarrolla en el vacío del espacio, su núcleo está profundamente anclado en emociones universales: la pérdida, la identidad y la conexión. Mientras lucha por recuperar sus recuerdos, Ryland no solo enfrenta los enigmas del universo, sino también su propia vulnerabilidad y fortaleza interior.
Sin embargo, llegan los peros.
Más allá de que entretiene, las más de dos horas y media de duración se sienten largas, especialmente porque el verdadero sentido de la historia se vuelve evidente mucho antes de que la película alcance su punto medio.
En paralelo, el planteo, sus matices, los conflictos y la forma en que se desarrolla el nudo narrativo resultan demasiado parecidos a los de “Spaceman” (“El astronauta”), la película estrenada en 2024, también basada en un libro, protagonizada por Adam Sandler y duramente criticada tanto por el público como por parte de la prensa especializada.
En aquella historia, el viajero espacial también está perdido, solo y atravesado por la necesidad de establecer un vínculo con alguien más. Y quien aparece para acompañarlo también es un extraterrestre, aunque en este caso con forma de araña, mucho más cercana a la imagen clásica de estos animales terrestres.
Aunque “El astronauta” apuesta por un tono menos científico y más onírico, romántico e introspectivo, su planteo humano es prácticamente el mismo. Sin embargo, aquella producción fue ampliamente cuestionada y, pese a durar apenas 1 hora y 49 minutos, fue señalada por ser demasiado lenta y extensa.
Finalmente, más allá del aspecto científico y del respaldo del marketing, ambas historias son profundas, sinceras y humanas. Las dos invitan al espectador a reflexionar sobre el legado que cada persona deja, el valor de la amistad y la necesidad más primaria del ser humano: conectar con otros y compartir para poder salir adelante, incluso en las circunstancias más extremas.
El trailer de la película "Proyecto fin del mundo"
*Extra: la música, una cita aparte y con dos representantes argentinos
Como es habitual en las películas dirigidas por Phil Lord y Chris Miller la música tiene un papel primordial en “Proyecto fin del mundo”. Ya sea dirigiendo, escribiendo o produciendo, sus films siempre cuentan con una banda sonora esencial. En este caso, la película presenta tanto una selección de canciones que ayudan a acentuar el clima y los momentos narrativos y que tiene la particular de unir las culturas del mundo a través de ellas. Ese aspecto es fundamental, porque hay dos representantes argentinas.
La banda sonora original está a cargo de Daniel Pemberton, quien logró transmitir a través de las partituras tristeza, miedo, asombro, felicidad y una mezcla de muchas otras emociones.
Todas las canciones de la banda sonora de Proyecto Hail Mary y cuándo suenan
“Sunday Mornin’ Comin’ Down” – Kris Kristofferson: suena poco después de que Grace despierta por primera vez de su coma inducido médicamente a bordo de la nave. Como no tiene recuerdos de por qué está allí y se da cuenta de que está solo, sufre una crisis, comienza a beber el alcohol que encuentra en la nave y hasta crea un compañero improvisado con un trapeador.
“Pata Pata (Stereo Version)” – Miriam Makeba: esta canción divertida y enérgica suena cuando Grace comienza a comprar materiales para un experimento en una secuencia de flashback ambientada en la Tierra. Una escena cálida y optimista, previa a todo el caos e incertidumbre del espacio.
“El Amanecer - 1a Version” (compuesto por Roberto Firpo) – Carlos Di Sarli y su Orquesta Típica: el tango (primer tema argento) aparece mientras la nave flota en el espacio y se acerca su versión alienígena, que construye un túnel de conexión para que ambos protagonistas puedan conocerse por primera vez.
“Rainbows” – Dennis Wilson: la cálida canción se oye durante un montaje en el que Grace le explica a Rocky la cultura de la Tierra, el planeta y su belleza. A bordo de la Hail Mary hay una enorme sala rodeada de pantallas que funcionan como paredes, donde se proyectan imágenes del planeta mientras Grace comparte ese momento con su nuevo compañero. Le muestra la naturaleza para recordarse a sí mismo por qué está allí.
“Wind of Change” – Scorpions: en una de sus secuencias de flashback en la Tierra, Grace recuerda una fiesta en los portaaviones donde el equipo del Proyecto realiza sus experimentos. Allí, dos personajes cantan esta canción en la máquina de karaoke.
“Sign of the Times” – Harry Styles: prácticamente todos los flashbacks en la Tierra encuentran a Grace compartiendo escenas con Sandra Hüller. Ella interpreta a Eva Stratt, encargada del proyecto para salvar al Sol. En un raro momento de vulnerabilidad, toma la máquina de karaoke y entona esta canción.
“Po Atarau” – Turakina Maori Girls Choir: suena en un momento clave cerca del final. Para evitar spoleirs se puede decir que es un momento profundamente emocional de reflexión.
“Gracias a la Vida” – Mercedes Sosa: partes de la canción de la reconocida artista argentina suenan durante el último flashback en la Tierra. Es una de las escenas más sombrías del film. La canción acompaña el momento en que el cuerpo inconsciente de Grace es preparado para el lanzamiento de la Hail Mary. Irónicamente, la letra habla sobre agradecer la vida que se recibió.
“Two of Us” – The Beatles: en otra etapa clave, el biólogo desarrolla las sondas y las nombra en honor a cada integrante de The Beatles. Por eso tiene mucho sentido que este tema este incluido cuando incluyan una canción de la banda cuando “las Beetles” parten hacia el espacio.
“Stargazer” – Neil Diamond: hay que ver la película para conocer este dramático momento que es esencial en la historia.
“Glory, Glory” – Ike & Tina Turner: llega durante los créditos finales, que muestran auténticas imágenes de astrofotografía de nebulosas reales. Es impactante ver imágenes tan vívidas de cómo luce realmente el espacio.
Ficha técnica
- Título: Proyecto fin del mundo (Project Hail Mary)
- Género: Ciencia Ficción / Aventura
- Año: 2026
- Origen: Estados Unidos
- Duración: 2:37
- Reparto: Ryan Gosling, Sandra Hüller, Lionel Boyce, Ken Leung, y Milana Vayntrub
- Dónde verla: Cines y Apple TV
- Dirección: Phil Lord y Christopher Miller