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Por fin una interna, 22 años después - Por Sebastián Saharrea

La última para definir candidatos en San Juan tiene más de dos décadas. Herramienta en desuso, habrá que ponerse a estudiar para aprenderla a usar. Los secretos del gran choque citado para agosto.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Sebastián Saharrea

Hasta acá, la interna fue una mojada de oreja de los más poderosos a los más débiles: si se animan, que nos enfrenten. Obvio, nadie se animaba. Esta semana, casi sin darse cuenta, un grupo de dirigentes opositores aceptó medirse en las urnas por una candidatura expectante y rehabilitó un camino que en la historia democrática de San Juan había sido utilizado sólo un puñado de veces. Lástima.

La última interna que hizo ruido fue aquella de 1991 en el PJ, que enfrentó a la fórmula Escobar-Rojas contra la de Del Bono-De Sanctis por la candidatura a gobernador del partido. Y fue sorpresa, porque el entonces empresario no era el favorito ni de la interna ni de la general, y terminó ganando ambos turnos: el segundo de ellos, con el envión que supone un triunfo dentro del partido como validación democrática.

La sabiduría partidaria de entonces hizo posible evitar las contraindicaciones del envase de las internas: que los roces entre los bandos terminen en posturas irreconciliables que impidan avanzar en la general. El peronismo de la época –a diferencia del caracterizado internismo radical que ayer nomás Dante Caputo definió como la kryptonita- hizo posible la unificación de tropas detrás del carro del vencedor, a punto tal que hoy es difícil definir quiénes de los dirigentes de peso de entonces vigentes aún hoy estuvieron de uno y otro lado aquella vez. Vueltas de la vida, hoy dos los integrantes de aquella fórmula derrotada son funcionarios importantes de la gestión de Gioja, y las diferencias aparecieron tiempo después en el intestino de la misma fórmula, cuando Juan Carlos Rojas se benefició por la destitución de su entonces compañero.

Hubo alguna otra ocasión en que la interna se empleó en la dimensión provincial para resolver aspiraciones. En el radicalismo se recuerda el choque interno de 1987 en que Héctor Seguí derrotó en la interna para gobernador a Gerardo Salvioli y luego quedó cerca del bloquista Carlos Gómez Centurión, quien ganó la general. O turnos provinciales de choques a escala nacional, como aquel duelo Menem-Cafiero que alineó tropa sanjuanina a ambos bandos, o el de Chacho-Bordón.

Luego hubo un tiempo en que las internas fueron institucionales, una forma legal distinta a las actuales PASO. En la provincia hubo 6 años de vigencia de la ley de lemas, que permitía saldar la interna en la misma general, permitiendo a quien quisiera anotarse con su candidatura en un lema (equivalente al actual frente o partido), y sumar para el recuento general al de los otros aspirantes del mismo lema. En 1995, Escobar compartió lema con Olga Ruitort y derrotaron a los se encolumnaron del otro lado, dirigentes opositores como el recordado Javier Caselles (en fórmula con el actual presidente de la Corte, Adolfo Caballero), Marata, Romero Giacaglia, el propio Antonio De Tomasso. Cuatro años más tarde, Escobar suprimió la ley para la elección de gobernador, pero la mantuvo para intendentes, una elección de recuento titánico y demoroso porque también los concejales se computaban de un modo manual y paquidérmico.
Hubo municipios en los que no se conocía en intendente aún tres o cuatro días después de la elección. Y verdaderas proezas electorales, como el triunfo del lema aliancista en Capital con las formulas de Alfredo Avelín Nollens y la del radical Antonio Falcón, que terminaron derrotando a tres tanques del peronismo que iban por separado: el entonces intendente Daniel Coll, la entonces ministra de Economía Nélida Martín y el actual senador Roberto Basualdo. Había que restregarse los ojos para creerlo.

Luego vino el tiempo de las grandes estructuras partidarias en el que las minorías sólo se animaban a amagar. Se recuerdan a algunos internistas seriales, como el ex intendente caucetero Emilio Mendoza que se presentaba a cuanta elección interna del PJ hubiera junto al también recordado Negro Zuleta. Recibían el consuelo de algún lugarcito en la lista, y chau interna.

Largos años sin una interna hasta que llegó el sistema legal de internas abiertas y obligatorias vigente tanto a nivel nacional para sus cargos electivos, como en la provincia para los suyos. Dos sistemas muy parecidos que intentan imitar al modelo de EEUU o Uruguay, introduciendo un turno obligatorio antes de la elección de cargos, en los que la gente puede previamente elegir a los candidatos para cada cargo.

Sistema finalmente virtuoso el día que se afine el lápiz, porque supone una doble instancia democrática, un filtro previo a las candidaturas. Y que aparece como capaz de potenciar aspiraciones: ganar una interna nunca es una cosa menor, tanto en la mesa chica como de cara a la sociedad. Si lo sabrán Menem o De la Rúa, ganadores de internas en las que no eran candidatos y terminaron cobrando un impulso que los depositó en la presidencia.

El asunto es que en San Juan, como en el gran parte del país, aún no lo aprendieron a usar. Porque el sistema de internas abiertas y obligatorias no es la primera vez que rige: ya lo hizo hace dos años y no hubo ninguna interna. En cada casillero, lista única, una clara tendencia de la dirigencia de escaparle al espíritu de resolver diferencias en las urnas, con condición eliminatoria.

Hasta ahora. El miércoles, un grupo importante de referentes opositores de la provincia se citó para el 11 de agosto a resolver diferencias y a sacarse de la cancha. La cuenta alcanza a 6 o 7 dirigentes de peso, de los cuales sólo uno quedará en pie, y el resto deberá comprometerse a apoyar al que de allí resulte. Alta complicación para los tiempos que corren, pero sin vuelta atrás: cumplido el plazo de alianzas, los contendientes ya están en el ring.

Será el punto más atractivo del turno electoral del 11 de agosto en la provincia porque esa interna, rotulada como Compromiso Federal y apadrinada por el senador Roberto Basualdo, es la única donde habrá algo para resolver. En el resto de los frentes o partidos que se presentaron, el tablero es (será, en realidad, porque todavía pueden aparecer diferencias internas) de lista única: el oficialismo por un lado, el frente de la Cruzada y el FAP por el otro (donde el candidato será Alfredo Avelín Nollens), la UCR (con Hugo Domínguez como candidato) y Dignidad Ciudadana (que aún no tiene aspirante).

Ahora, los habitantes de la interna deberán aprender a utilizar esta herramienta en desuso, y en condiciones que son especiales. Por ejemplo, se trata de un recipiente electoral con visiones demasiado diferentes de la política y de la vida, con filo-bloquistas, filo-radicales y filo-peronistas. Cómo hacer que el que gane sea atractivo para el electorado de los que pierdan, es el gran secreto. El otro: cómo contener hipotéticas calenturas por roces de campaña, pero ese es un asunto menor porque involucra a la estructura y no al electorado. Y más: cómo sumar al público de los desplazados, y evitar que se los lleven los que van directo a octubre.

Por ahora, hay varios pesos pesados en la línea de partida: Mauricio Ibarra, Enrique Conti, Rodolfo Colombo, Eduardo Cáceres, Wbaldino Acosta. Se les suma el morbo de que no jugarán dos de los dirigentes opositores mejor considerados en las encuestas, Roberto Basualdo y Marcelo Orrego, y aún que el partido de ambos –Producción y Trabajo- no aparece con candidatos fuertes: sólo quedan en largada Armando Campos y, menos entusiasmado, Fabián Martín. Susana Laciar y José Peluc parecen haberse quedado en boxes.

Entre todos ellos habrá especulaciones de aquí al 22, fecha de cierre de candidaturas. Enroques, sociedades, juntos, separados, unos que se bajan, otros que se suben. También habrá un razonable intento de bajar la lista de aspirantes. Hizo la propuesta Cáceres de uno por partido, tal vez para resolver el lío de su propia quinta: el PRO, donde hay tres.

Les vendría bien hacerlo. Menos protagonistas es igual a menos roces, menos calenturas, menos portazos. Y menos aroma a cambalache, como le pasó a la ley de lemas.


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