La economía nacional parece estar sobre un tren sin control. Precios que suben mes a mes, devaluación y el anuncio de ayudas y bonos dentro de lo que muchos denominaron “Plan Platita” generan su impacto a nivel macroeconómico. Mariano Cáceres, especialista en la materia e integrante de Fórmula, Asesores Financieros, analiza el panorama económico nacional y su impacto en los ahorristas que se inclinan por resguardar su dinero en plazo fijo.
De acuerdo a lo que indica Mariano, una de las herramientas de inversión más utilizadas en pesos por los argentinos en general y los sanjuaninos en particular es el plazo fijo, debido a la consideración popular de “ser muy seguros”. Ante esto, el especialista asegura que, en tiempos de alta inflación, dólar en alza y crecimiento exponencial del déficit cuasi-fiscal, en primer lugar, hay que evaluar los plazos fijos vinculándolos con otras variables de la economía nacional, y en particular, examinando el balance del Banco Central.
“En primer lugar, en relación a la base monetaria, todo el dinero que hay en circulación en la economía se puede observar que, actualmente los plazos fijos representan 2,85 veces el total de la base monetaria al mes de septiembre 2023, cuando el promedio de 2003-2022 de esta relación es de 0,98 veces. Evidentemente se observa una primera anomalía en esta ratio”, asegura Mariano.
Conforme a lo que indica el especialista, el origen de esta situación tiene su punto de partida en la política monetaria llevada adelante por el Banco Central (BCRA), que subió las tasas como política “antinflacionaria” del 38% en enero 2022 a 118% en septiembre 2023, buscando generar una tasa atractiva que enfríe una economía recalentada en términos inflacionarios.
Otra de las causas que contribuye a este desequilibrio es que, en regímenes de alta inflación como el que se vive hoy, se producen contextos de baja en la demanda de dinero, que se traduce en que a los agentes económicos les apremie desprenderse de los pesos, ya sea buscando invertirlos para generar intereses, anticipando compras o comprando divisa extranjera que sirva como resguardo de valor, que en el caso argentino típicamente son dólares estadounidenses.
“Siguiendo con el análisis, los plazos fijos con respecto al PBI Argentino representan un 7,7%, en línea con el promedio de los últimos 20 años de 7,8%. Por naturaleza, los bancos tienen la función de captar depósitos de las familias y las empresas para colocarlos en préstamos tanto para el sector privado como para el sector público obteniendo en la intermediación y spread de tasas su rentabilidad. Justo en este punto es donde radica una de las principales diferencias en términos de nuestra historia, en donde, si uno analiza los niveles de crédito al sector privado con respecto al PBI, que es del 5%, puede observar que se encuentra casi a la mitad, un 9%, del promedio histórico de los últimos 20 años. Por lo tanto, esto evidencia que una parte importante de los depósitos son prestados o colocados en el sector público, lo que nos lleva a preguntarnos ¿a quién del sector público le presta nuestros depósitos en plazo fijo el sector bancario?”.
En el balance del BCRA se puede observar tanto a quien se le debe dinero como el monto. El principal pasivo de la entidad se encuentra compuesta por Leliq y Pases Pasivos, que periodísticamente suele denominarse genéricamente como la “bomba de Leliq”. En otras palabras, el dinero que los ahorristas colocan en plazo fijo termina en gran parte colocados por los bancos a una tasa de interés en Leliq o Pases Pasivos en el BCRA, es decir que la garantía de los depósitos termina siendo estos papeles.
Al respecto, Mariano explica: “Si observamos el stock total de Leliq y Pases Pasivos, el mismo representa 3,35 veces la base monetaria. En pocas palabras, es el triple del dinero que circula en la economía, que además con los niveles de tasa actuales podría llegar a 4 veces en diciembre. Asimismo, vale mencionar que el efecto de estas deudas y los intereses que generan provoca una pérdida en el balance del BCRA, lo que se traduce en déficit cuasifiscal, es decir que el estado de resultados del BCRA arroja un saldo negativo, generando una pérdida patrimonial para la entidad”.
Ante todo, esto, la seguridad es un tema que entra en debate. Se podría interpretar en primera instancia que sí, pero ¿qué pasaría si los ahorristas deciden todos ir a buscar sus depósitos?
“Si nos remontamos al pasado, el 10 de diciembre de 1989, se anunció un esquema de desdoblamiento cambiario con tipo de cambo comercial de 1.000 australes por dólar, que convalidaba el precio del mercado paralelo con una devaluación del 53%, y un tipo de cambio libre donde el precio sería fijado por la oferta y demanda del mercado. El esquema resultó poco efectivo y duraría poco tiempo, dado que el 18 del mismo mes, asumiría un nuevo ministro, Erman González, que decretaría la eliminación del control de cambios, la flotación de la divisa y la supresión de los controles de precios. Este conjunto de medidas no tendría mejor suerte que las lanzadas apenas unos días antes y, en un clima de desconfianza y aceleración inflacionaria, el tipo de cambio escaló aceleradamente, provocando como respuesta altas tasas de interés que empeoraban la delicada situación de balance del BCRA y profundizaban el déficit cuasi fiscal”, comenta Mariano.
Con el fin de evitar una corrida generalizada de los ahorristas contra los bancos, el gobierno nacional de turno opto por la drástica solución de reducir en forma sustancial el stock de los recursos monetarios y cortar el incremento de los pasivos remunerados del BCRA.
Esta solución se denominó “Plan Bonex”, y se aplicó del 1 de enero de 1990 con el decreto 36/90, estableciendo un canje compulsivo de todos los plazos fijos por Bonos Externos con vencimiento a 10 años (1999). Dado que los Bonex 89 eran bonos en dólares, para el cálculo del canje se consideró un tipo de cambio de 1.830 australes por dólar, es decir teniendo en cuenta una devaluación del 83% con respecto al tipo de cambio establecido 21 días antes. Vale aclarar, que se les permitió a los tenedores de plazos fijos retirar hasta un millón de australes (500 dólares aproximadamente) y el resto fue convertido. Asimismo, se dejaron de reconocer los intereses desde el 28 de diciembre y la operatoria de plazos fijos quedó suspendida.
“Arrancamos esta nota buscando una respuesta a la pregunta de si los plazos fijos eran instrumentos riesgosos, y analizando descubrimos que tuvieron un crecimiento exponencial en su stock en los últimos meses, que el destino final de gran parte de los pesos de plazo fijo era la denominada “bomba de Leliq”, que presentaría dificultades si los ahorristas potencialmente piden devolución de una parte importante de dicho stock con consecuencias negativas en términos inflacionarios y de escalada de la divisa norteamericana. Asimismo, repasamos los libros de historia y revisamos que sucedió en el pasado en situaciones similares los cuales terminaron en la entrega de un bono a 10 años y con una devaluación muy importante del peso con respecto al dólar, a lo que resta agregar que no siempre la historia se repite, pero muchas veces rima”, indica el especialista de Fórmula.
Si a todos estos datos se agrega que quien invirtió en plazo fijo generó desde principio de año hasta el cierre de septiembre una rentabilidad de un 90%, contra un 115% que generó el dólar MEP desde enero hasta hoy; y si tenemos en cuenta que tampoco le gana a la inflación estimada que desde principio de año hasta ahora es del 98%, independientemente de la percepción de riesgo que tenga cada inversor de los plazos fijos para un momento tan delicado en términos económicos como el actual, se interpreta que es una mala inversión para proteger nuestro patrimonio.
Para mayor información consultar a la web de Fórmula, asesores financieros o al mail [email protected].