Con 93 años, José “Pepe” Martí, el fundador de una de las talabarterías más tradicionales de San Juan, decidió dejar el negocio que fue su vida durante décadas en manos de su hijo, Juan Carlos Martí, quien con devoción, dedicación y sapiencia lleva adelante uno de los pocos lugares que quedan para celebrar la tradición y al gaucho sanjuanino.
Apostado detrás del escenario principal en el Festival del Puestero Iglesiano, realizado en Bella Vista, Juan Carlos junto a su nuera, quien también forma parte del negocio familia, despliegan las decenas de tesoros que cargaron en Santa Lucía, donde está La Casa del Ensillado, para ofrecer a visitantes, lugareños y sobre todo a los integrantes de las distintas agrupaciones gauchas un sinfín de variedades de indumentaria, accesorios y todo aquello que pueda a llegar a ser necesario a la hora de montar un caballo.
“Es un legado talabartero. La idea es que sobreviva. Sostener una trayectoria de 50 años no es fácil. Es raro el día que no vayan clientes, hoy hay un montón de negocio más, pero a nosotros nos marca una trayectoria, y es ahí donde no podemos fallar”, comenta Juan Carlos.
La familia Martí es reconocida en el mundo gauchesco y tradicional no solo de San Juan sino del país. Sucede que además de mantener en pie uno de los negocios más tradicionales de la provincia, fueron los primeros en armar la Agrupación gaucha Troperos de Santa Lucía. Además, José Martí fue Campeón en Jesús María en 2016 y volvió a repetir podio en el 2017.
Al respecto, Juan Carlos relata que lamentablemente una tragedia los marcó y la tropilla dejó de existir. “Hace tres años atrás tuvimos la desgracia de tener un accidente en la bajada del Colorado, donde volcamos y murieron un total de 26 caballos. Eso fue muy doloroso y no hemos podido reponernos. Tenemos toda una vida con el caballo”, detalla.
En los anhelos de Juan Carlos, sueña con los años de oro de la talabartería, donde aún se mantenía viva en las familias sanjuaninas el sentido gauchesco, la paisanada, las tradiciones criollas y ese orgullo folclórico, y espera que vuelvan.
“Nos hemos ido adecuando a los tiempos actuales. Tenemos regionales, regalos, todo lo que necesita el caballo. Trabajamos calidad, porque por ahí vendes algo barato, y a los dos días ves que no queda, se achico, se rompió, y llevamos toda una vida vistiendo a los gauchos y por eso no podemos fallar”, reflexionó el talabartero sanjuanino.