El sonido del bombo se siente en toda la plaza. En realidad
se siente en toda la villa Nueva Esperanza y los bailarines empiezan a copar la
calle de la esquina Panamá y Portugal. Un nene de 2 años imita y quiere seguir
los pasos, pero enseguida se distrae con los perros. "La murga es como tener un
hijo”, dice Karen Lucero. Recién ahí, el que no es murguero entiende la
profunda dimensión de algo que parece un juego y un carnaval eterno.
La murga Calavera Arrabalera es una de las 12 nacidas con el
Programa Murgas Comunitarias Identidad Barrial, que depende de la Dirección de
Cultura de la Municipalidad de Rawson.
¿Por qué identidad? Porque la murga refleja fielmente el
barrio, el entorno, y es una forma de ver y valorar a la comunidad. "La murga
es una mirada acerca de la cultura y sus potencialidades, un imaginario
colectivo en permanente movimiento, una voz que interpela y cuestiona”, dice la
socióloga María Raquel Pozzio, en su publicación ‘Murgas: Cultura, Identidad y
Política. Sus nuevos significados’.
El grupo Calavera aún no cumplió los 2 años y este 2017 ganó
el primer premio en el Carnaval de la Gente, realizado en el departamento.
"Ganamos porque a pesar de ser de las murgas más jóvenes del departamento, la
cantidad de gente que se sumó en poco tiempo fue impresionante; y como tenemos
chiquitos de 2, 3 años la gente se vuelve loca cuando los ve”, cuenta Brian
Vildozo, coordinador de la murga.
El municipio aporta las telas para la vestimenta y los
accesorios de percusión. Y con el dinero del premio obtenido en el corso van a
comprar más telas e instrumentos. También hacen bingos y beneficios para tener
fondos y poder autogestionarse.
El 1 de agosto de 2015 empezaron a ensayar y eran 5
personas. "Teníamos un bombo y yo apenas sabía tocar; ahora somos casi 50,
incluso viene gente de otros departamentos a esta murga”, dice.
Karen Lucero se encarga de coordinar el baile y Brian, la
percusión. Juntos elaboran las canciones sobre la base de música conocida. "Les
ponemos letra y las llevamos a ritmo murguero. A veces creamos canciones
completas pero generalmente lo hacemos con canciones muy conocidas”, explicó
Brian.
La murga es arte y como tal es cultura ciudadana. Los niños se sumergen en el ritmo y ofrecen
una coreo, el ritmo no es apto para cardíacos.
Brian explica que las murgas tienen distintas canciones. La
de bienvenida, donde la murga se presenta, cuenta de donde viene y como se
llama. La canción de crítica es en la que la murga expresa lo que no le gusta,
es el dedo acusador, y acá Calavera sí chilla. También está la canción homenaje
que puede ser a una persona o hecho; y la canción de retirada con la que la
murga se despide. También están las glosas, que es un recitado de presentación
y de retirada.
Como es una expresión genuina del barrio, la murga es
identidad. Pero es también una manifestación artística a través del baile, del
canto, el vestuario y sus accesorios.
En el ensayo de los sábados los chicos van bailando por
grupos al ritmo de la percusión y después hacen una pasada colectiva. Se
divierten, se desinhiben, disfrutan.
Al principio los chicos tenían vergüenza de bailar y cantar,
no se soltaban. "Ahora para ellos es parte de su vida. Les explicamos que esto
es un poco como la escuela, la ropa de la murga hay que cuidarla como al
guardapolvo. Que tienen que respetarse y cuidarse entre ellos. Ya lo toman así,
como un estilo de vida”.
Con 50 integrantes, de 2 a 40 años, Calavera Arrabalera
incluyó chicos de barrios carenciados,
niños con problemas de conducta y de adicciones. "La conducta cambia. En
esta murga había chicos con problemas y cambiaron la actitud. Cuando llegaron
se tiraban piedras, pero eso cambió completamente, ahora hay respeto hacia el
otro. Al que se porta mal los sentamos en el cordón, sólo pueden mirar y no
ensayan, eso les duele, pero así van aprendiendo y cambiando conductas”, cuenta
Brian.
Martin Ormeño, coordinador del programa, dijo que están muy
contentos con los resultados. "El programa surgió como actividad para ayudar a
la prevención de adicciones y las murgas han sido el mejor ejemplo de que la
convivencia entre barrios es posible. Antes no podían estar juntos en el mismo
lugar sin pelar y ahora trabajan juntos en las murgas, se respetan. Lo que pasa
en Rawson con las murgas es un buen
ejemplo para que otros apuesten a esto. Nos llena de orgullo y es un semillero
que sigue creciendo”, dijo Ormeño. El nombre de villa fue profético y en el aire se respira nueva esperanza.