Desde pequeño, Oscar Rodríguez, conocido por todos como “Gallego”, sintió la vocación del periodismo como un pulso natural. “Mi abuelo se levantaba a las 9 de la mañana, se afeitaba, salía y me decía: ‘Prendé la radio que hay que escuchar el noticioso’. Yo ponía un banquito y me subía a mirar cómo la lámpara de la radio se encendía hasta que arrancaba”, recuerda con una sonrisa que todavía ilumina sus recuerdos. Aquellos primeros años, entre diarios y radio, sembraron en él la curiosidad que luego lo llevaría a recorrer cada calle de San Juan y a involucrarse con cada historia.
Su amor por la cultura española también marcó su infancia y su alma. “Cuando tenés tus cuatro abuelos andaluces, una madre andaluza, un padre radicado en Argentina… y lo único que se escuchaba en mi casa era flamenco, copla, pasodoble… quizás eso hizo que me gustara tanto”, confiesa, mientras explica cómo incluso soñó con quedarse en España para profundizar ese vínculo. La música, el baile, el arte culinario, todo lo relacionado con su herencia se convirtió en parte de su esencia. “Mi alma es flamenca”, dice sin dudar, recordando cómo bautizó su primer programa en Radio Nacional: Alma Flamenca.
Pero la vida de periodista no siempre es ligera. Oscar admite que cubrir tragedias, especialmente cuando involucran a niños, le deja marcas profundas. “Estaba al aire contándole a Marisa López sobre un accidente, y bajé al costado de la ruta… vi la mano del nene… me superó, no podía seguir hablando”, relata, con esa mezcla de profesionalismo y vulnerabilidad que lo caracteriza. Y aunque los años enseñan a manejar emociones, él reconoce que no todo se puede disociar: “Es que eso es mi esencia… me cuesta mucho reponerme cuando voy a un siniestro donde hay una criatura involucrada”.
A pesar de la notoriedad y del reconocimiento en la calle, elGallego mantiene los pies en la tierra. “El día que vean que yo cambié mi esencia por estar en Telesol en una pantalla, ese día me dan un palo en la nuca”, asegura, fiel a su ética y a su identidad. Reconoce que la empatía con el público es tan importante como la información que transmite: “Que me digan ‘¿Me puedo sacar una foto con usted?’… me gusta conversar con la gente cuando me paran, darles un beso, saludarlos, preguntarles qué hacen”.
La justicia social y la cercanía con las necesidades de la gente lo definen. “Para mí es tan valioso hacer periodismo político como periodismo social… porque es un problema, es una necesidad que te están pidiendo”, explica, y remata: “Nunca pedí nada para mí. Jamás. Solo para poder ayudar a la gente”. Su mirada crítica sobre el país se combina con la esperanza de que la gente recupere la luz que a veces parece perderse: “Veo que hay mucha necesidad… y también decepción, pero seguimos caminando”.
Más allá del periodismo, su vida espiritual le da calma y guía. “Sí, soy católico, muy devoto de la Virgen del Rocío… pero no de estar todos los días metido en la iglesia. Hay cosas que no me como, que no me llevo… pero sí tengo una vida espiritual profunda, interna”, confiesa, mientras revela su miedo más grande: quedarse solo y sin asistencia en el futuro. “Tengo horror de que me dé una de chuche, quedarme tonto en una cama y no tener quién me asista… pero cuando has sembrado tanto cariño, es imposible no recibir”, dice, con la serenidad de quien confía en la humanidad que lo rodea.
Y en medio de historias difíciles, coberturas emocionantes y la vida que pasa rápido, hay pequeños placeres que lo hacen sonreír: la cocina española, el flamenco, y hasta su fanatismo por Mirta Legrand. “Me gusta y la sigo… y sigo viendo los programas por las redes, aunque sea sábado a la noche”, comenta entre risas. Finalmente, el reconocimiento a sus padres, faros de su vida, cierra el círculo: “Me dieron todo… el valor de enfrentar la vida, de ser quien soy y que no cambie nunca”. Esa esencia, la que lo hace único, es la que lo mantiene firme en cada historia, en cada calle, y en cada corazón sanjuanino que lo saluda por su nombre… o mejor dicho, por su apodo eterno: El Gallego.
Mirá la entrevista completa:
Embed - "Gallego" Rodríguez: de la infancia entre radios y flamenco a una vida dedicada al periodismo