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sábado 21 de marzo de 2026

antes y después

La tierra los sacudió y San Juan se paralizó: cómo viven hoy los más afectados por el terremoto

Este 18 de enero se cumple un año del sismo que asustó a los sanjuaninos y que provocó destrozos en la zona del epicentro, en Media Agua. Qué fue de las familias que se quedaron en la calle y qué pasó con los daños que más impacto causaron.
Por Redacción Tiempo de San Juan

La noche del 18 de enero del 2021 parecía ser una más del año que recién comenzaba y que prometía ser mejor que el anterior, que se vio atravesado por la pandemia. Calma y calurosa, como toda noche de verano, cambió de un instante a otro y se convirtió en el escenario de terror para muchos sanjuaninos. Durante 25 segundos, la tierra se movió con fuerza y, tras despertar el pánico, el evento resultó más grave que una anécdota para algunos, fue una pesadilla ya que en tan poco tiempo perdieron el esfuerzo de toda una vida. 

El día después del terremoto

El terremoto más fuerte de los últimos 70 años había provocado destrozos en las viviendas más humildes y cercanas al epicentro del sismo que tuvo lugar en Media Agua. Su magnitud de 6,4 en la escala de Ritcher y su intensidad de Grado VII en la escala de Mercalli dejaron huella en las construcciones precarias y decenas de familias se quedaron prácticamente en la calle. Y como si fuera poco, las réplicas atormentaron a los más perjudicados durante las siguientes 72 horas. 

Destrozos en viviendas precarias de Sarmiento

Una de las imágenes que más impacto causó al día siguiente, cuando los daños comenzaron a quedar en evidencia con la claridad, fue tomada camino hacia la localidad de Sarmiento afectada. Una grieta de enormes proporciones irrumpió en la Ruta 40 para sorpresa de propios y extraños, puesto que daba cuenta de la inmensidad del fenómeno geológico que, literal, había abierto la tierra. 

Otra de las postales que más conmoción generaron fue la protagonizaron aquellas familias que se quedaron con lo puesto, que vieron caer sus ranchitos delante de sus ojos y, pese a la impotencia, nada pudieron hacer para evitarlo, solo correr por sus vidas puesto que su seguridad estaba en riesgo.

A un año de ese suceso que será recordado por siempre, sobre todo por aquellos que sufrieron las consecuencias del sacudón, Tiempo de San Juan regresó al lugar de los hechos y fue testigo del antes y el después de un pueblo marcado por esa tragedia. Historias de carne y hueso y lugares aún en pie son el recuerdo viviente del tercer terremoto más grande que se tenga registro en estas latitudes -junto al de 1944 y 1977- y son el reflejo de que cuando parece que todo está terminado, solo resta avanzar. 

Camino al epicentro, a la altura de Pocito, la vía que une a San Juan con Mendoza se vio dañada con una grieta de hasta 3 metros de profundidad en algunos tramos. Hoy, ese sector, ubicado entre Calle 18 y Anacleto Gil, presenta un solo vestigio: un parche en el asfalto que únicamente se reconoce si se presta atención. 

El parche en el pavimento, la marca que quedó de la grieta en la RN40

Vialidad Nacional inició de inmediato los trabajos para reparar la mítica ruta nacional y, en poco menos de tres meses, el acceso volvió a la normalidad. Actualmente, ese trecho que se localiza en Carpintería incluso se ofrece en mejor estado que el resto de la vía.   

La sorpresa del después se presenta más gratificante cuando se ingresa a la ruta provincial 295, donde a su costado se emplazaban los ranchos de las familias que allí vivían, los cuales fueron desmoronadas por el violento sismo. Todas ellas atravesaron un drama que fue compensado por la asistencia del estado, pero sobre todo por la solidaridad de los sanjuaninos. Su presente es un ejemplo del famoso refrán que sostiene que "no hay mal que por bien no venga", ya que les construyeron casas de material, sismo resistentes y hoy viven mejor que ayer. 

Antes de llegar a la villa cabecera de Sarmiento, en el acceso que se encuentra unos kilómetros antes del ingreso principal a la ciudad, la escena de destrozos era contundente. Con las pertenencias que pudieron salvar a un costado de sus ranchos a punto de venirse abajo, hombres, mujeres y niños quedaron a la buena de Dios y fueron testigos de la solidaridad de aquellos que se acercaron hasta allí para llevarles agua, ropa, calzado y mercadería mientras desconocían bajo qué techo dormirían. 

Lo mejor estaba por venir

El nuevo hogar de Vanesa y su familia

Vanesa Rosa Silva, madre de 7 chicos, fue una de las tantas perjudicadas que después de unos tres meses de pesar recibió lo que siempre había soñado: una casa de material y segura. La mujer contó que desde el Municipio le prometieron que le iban a construir la vivienda y, aunque no creyó que eso fuera posible, con el pasar de los días observó cómo sus paredes y techo se levantaron. 

Así quedó el rancho de Vanesa

"Dios nos mandó esto (el terremoto) para que tuviéramos esta hermosa casa. Los chicos ahora viven mejor, ese es un sueño que nos han dado", aseguró la protagonista.    

Sobre lo que recuerda de esa noche de terror, Vanesa contó que quedó el shock no sólo por lo brusco que fue el movimiento del suelo sino también por sus hijos que ya se había acostado. "Estuve como una hora después llorando y llorando", confesó. 

El palo que cumplía la función de viga en el techo del rancho se rompió y con el peligro de derrumbe Vanesa y los suyos decidieron dormir los siguientes días en las afueras. Luego estuvieron evacuados y cuando volvieron al lugar se encontraron con su casa nueva, la que hoy agradecen y disfrutan.

Del algarrobo al sueño de su vida 

Quizás el caso de Marina Maza fue uno de los más conocidos porque la viuda de 41 años y madre de 4 chicos, que sufrió los destrozos de toda su vivienda, decidió acomodarse de bajo del algarrobo que está en el frente de su casa y vivir allí mientras tanto. Como pudo y con ayuda de algunos conocidos, acomodó sus pertenencias en la sombra del árbol y allí estuvo hasta que fue evacuada. 

Bajo el algarrobo, como hace un año, aunque ahora es distinto

No sabía cómo iba a empezar de cero, estaba sin trabajo y a cargo de los menores que dependían exclusivamente de ella. Sin embargo, la ayuda del Municipio no sólo le posibilitó volver a su lugar sino a un techo digno. Emocionada con el recuerdo del mal trago que tuvo, pero acompañada por la solidaridad de la gente, Marina rescató la buena voluntad de los sanjuaninos que no dudaron en asistirla con lo que podían. 

"Fue una experiencia muy triste para todos. Yo lloraba y decía 'qué voy a hacer con los chicos, a dónde voy a ir', fue muy sufrido para mí", expresó aunque destacó lo bueno de los otros: "Estoy muy agradecida con la gente que vino hasta acá para ayudar, con el estado y el intendente porque si hoy llueve o vuelve a temblar, con esta casa hoy estamos seguros".  

Marina aseveró que quizás nunca hubiese tenido la casa que ahora tiene sino hubiera sufrido el terremoto. "Es el sueño de mi vida y hoy lo agradezco. Lo que me dieron vale muchísimo", sostuvo. Al mismo tiempo, recordó que todavía hay familias que esperan por su vivienda digna, que se vieron afectadas y que necesitan la asistencia.

Noche de terror en la comisaría

Como otros tantos edificios de larga data, las instalaciones de la Comisaría 8va de Sarmiento también fueron víctimas del terremoto de hace un año. El lugar quedó deshabitado por el peligro de derrumbe que presenta y ya está en los planes la demolición y construcción de una nueva sede para la Policía en ese departamento. 

Actualmente, el edificio se usa como depósito y cuenta con una guardia mínima, dadas las circunstancias. Tiempo de San Juan tomó registro de las imágenes por fuera del sitio y obtuvo otras que fueron tomadas por personal autorizado, que demuestran los daños que se produjeron en el lugar.

La Fuerza se mudó a una cuadra de la plaza principal, mientras su nuevo espacio toma forma. En el especio que fue alquilado por el estado, los efectivos policiales instalaron su nueva base y allí trabajan más seguros. Algunos de ellos fueron testigos y protagonistas de aquella fatídica noche ya que, a pesar del susto por lo ocurrido, tuvieron que dejar de lado sus sensaciones personales y ponerse a trabajar.

Los uniformados que estaban de turno no dudaron en quedarse y cumplir con sus deberes. El lugar fue clausurado, pero los oficiales improvisaron una oficina al aire libre y, con el escritorio en la calle, atendieron los pedidos de ayuda de los ciudadanos más afectados. 

Minutos después del terremoto, los policías de la 8va atendieron los pedidos de auxilio 
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