El trabajo sexual, como muchas otras actividades laborales, tuvieron que redefinirse con la pandemia. Sin posibilidades de conseguir clientes en la calle, ni chances de ir a hoteles alojamiento, muchas mujeres se arriesgan a trabajar para conseguir el sustento diario solo con clientes de larga data. A su vez, extremaron las medidas de seguridad a la hora del contacto sexual. Para ello definieron un protocolo que definió una serie de medidas de prevención. De igual modo, la demanda es muy baja y para sobrevivir reciben ayudas solidarias, estatales y lanzaron una campaña de donación.
Las 5 nuevas medidas que aplican las trabajadoras sexuales en San Juan para sobrevivir a la pandemia
Mónica Lencina, secretaria general del sindicato Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, dijo que se establecieron pautas para continuar ejerciendo el trabajo sexual. "A los clientes se les pide que usen alcohol en gel, tanto el cliente como la trabajadora sexual usan barbijo, no se permiten besos ni abrazos y sólo se admite una posición sexual para evitar el contacto cara a cara", explicó. En general, los clientes aceptan las medidas.
La mujer explicó que la demanda del sector bajó el 90%. Por un lado, las trabajadoras sexuales no quieren arriesgarse a tomar cualquier cliente y por el otro, los posibles clientes evitan el sexo para prevenir el coronavirus. "El principal problema que se nos presenta es que hay un gran número de trabajadoras que no puede pagar el alquiler y están a punto de ser desalojadas. Es que no sólo necesitamos alimentos, también dinero para poder cumplir con las obligaciones de pago que tenemos, como cualquier persona"; añadió.
El gremio está trabajando en conjunto con la Dirección de la Mujer. Han conseguido módulos alimentarios para todas aquellas trabajadoras que no tienen otro tipo de ingresos. Al mismo tiempo, a nivel nacional se lanzó una colecta. Todo el dinero recaudado será repartido en las provincias en base al número de afiliadas. En San Juan hay 100 sindicalizadas.
Luana Funez Goldberg es una trabajadora sexual trans. Ella es profesora de inglés pero no consigue trabajo en su campo profesional. "Te llaman pero por temor a la pandemia se atienden menos clientes, como máximo dos a la semana. Nosotras procuramos prevenir, a la calle no se puede salir porque no es seguro y porque está prohibido. Algunos clientes te dicen que después de la cuarentena van a pedirte servicios, otros se arriesgan y se animan", contó.
Luana aplica todas las medidas de prevención posibles. A todos los clientes que recibe en su casa prácticamente los baña en alcohol en gel, les pide que se laven las manos varias veces y cuando se retiran, limpia todo con cloro y lavandina además de lavar toda la ropa de cama.
-¿Cómo te mantenés Luana? Sobrevivo, respondió ante la pregunta de esta cronista. Luana es una de las mujeres que colabora junto a otras compañeras trans un merendero en La Bebida. Destinaba parte del dinero que conseguía a la compra de alimentos, que les permiten comer a más de 190 pibes del barrio Las Lagunas. Para que los chicos sigan comiendo, además de mantenerse con la ayuda que otorga Amas de Casa, salen a pedirle ayuda a comerciantes de la zona.
Justamente Amas de Casa tiene una serie de líneas de ayuda para trabajadoras sexuales. Laura Vera, quien lidera la organización, contó que vienen trabajando con varias mujeres. Además de asistirlas con ayudas alimentarias, también tienen puentes para que puedan convertirse en emprendedoras y recibir una asistencia estatal que iguale al salario mínimo, vital y móvil.
La Zona Roja, un desierto
La zona roja de San Juan está concentrada en calle Mitre hasta avenida Córdoba, entre Rawson y Jujuy. La convivencia entre las mujeres y las mujeres trans es tranquila, incluso muchas comparten esquinas sin problemas. “Hay clientes para todas”, coinciden. Con la pandemia, no quedó nadie en las calles y además si las encuentran ofreciendo sus servicios, son detenidas por violar la cuarentena.
No hay un perfil definido de cliente. Hay hombres y parejas de distintas clases sociales. Revelan que muchos son habitués, que hablan y se mueven de una forma con ellas y que luego se los encuentran por la calle y hasta engrosan la voz cuando caminan con su esposa e hijos. No todos los clientes van en busca de sexo. Según indicaron algunos quieren hablar, otros disfrutan de un juego íntimo pero que no siempre termina con una relación sexual.
Entre tacos, lentejuelas y cigarrillos las chicas trans pasan la noche. El celular está a full durante la noche, no siempre son clientes, muchas veces es la familia o amigos. Lo más complicado para algunas es mantener una doble vida ya que hay casos que sus familias no saben a qué se dedican. Mantener en secreto parte de sus vidas es un esfuerzo psicológico muy grande, que lleva a las más débiles a caer en las adicciones.