El director de Criminalística y Asuntos Forenses de la Gendarmería Nacional, Orlando Livio Caballero, murió de coronavirus el pasado miércoles en el Hospital Militar de Buenos Aires. El mismo llevaba varios meses internado a causa del virus y otras complicaciones de salud que lo venían aquejando.
Murió un controvertido sanjuanino que sembró la duda en el caso Nisman
El iglesiano tenía la jerarquía de Comandante General y encabezó uno de los estudios sobre Nisman que contradijo todos los informes anteriores, incluyendo los que hizo el Cuerpo Médico Forense (CMF), el organismo que incluye a los mayores especialistas del país en autopsias, y una junta de criminalistas que sostuvo que “al momento del disparo no había ninguna otra persona en el baño”. Caballero en cambio avaló que “la muerte del fiscal Alberto Nisman se trató de un homicidio con ayuda de al menos dos hombres".
En la actualidad el gobierno de Alberto Fernández, en el marco de una revisión de las metodologías, tiene bajo la lupa aquel peritaje y está trabajando con científicos de primer nivel en el análisis de lo que se hizo. Se supone que pronto se conocerán los resultados.
¿En qué está la causa en estos momentos?
De manera insólita, conviven en el expediente estudios que se contradicen totalmente. La Gendarmería afirma que había tres personas en el baño; la Federal sostiene que Nisman estaba solo; la Gendarmería concluyó que al fiscal le suministraron una droga, ketamina, le pegaron una paliza y le fracturaron la nariz, mientras que el Cuerpo Médico Forense dice que en las vísceras de Nisman no se encontró ninguna sustancia, que no recibió golpes y que "no hay evidencia médico-legal que indique que se haya tratado de un acto homicida".
Uno los puntos de mayor duda de la Gendarmería es que Nisman murió a las 2.46 de la madrugada del 18 de enero de 2015. Se trata del único peritaje del mundo que puntualiza exactamente el minuto de una muerte, algo que no resiste el menor análisis y que no tiene antecedentes en ninguna autopsia o peritaje de ningún país.
Más allá de los estudios científicos, se aproxima el sexto aniversario de la muerte de Nisman sin que la causa se haya podido mover un milímetro: se supone que al fiscal lo mató un comando, pero no se pudo identificar hasta el momento a nadie que haya entrado al edificio, cómo se pudo ingresar a un departamento que estaba cerrado por dentro y menos todavía a un baño en que el cuerpo quedó apoyado contra la puerta y casi no permitía abrirla.