Fotos: Gabriel Iturrieta
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Ya no tiene una sola pelota, ni tarros oxidados para entrenar. Gracias a manos solidarias los Defensores de la Estación, la escuelita de futbol que nació de un pocitano soñador, renovaron sus esperanzas.
La historia de la escuelita de futbol del barrio La Estación de La Rinconada fue contada por Tiempo de San Juan y conmovió no sólo a los sanjuaninos. Tras la publicación, Cristian Caballero, el fundador y entrenador, recibió donaciones y llamados solidarios hasta de Buenos Aires.
Al momento de la publicación, los chicos contaban con una sola pelota para entrenar, tarros oxidados simulaban ser conos y cámaras de bicicletas en desuso eran los aros. Ahora, tienen la cantidad suficiente de pelotas para poder entrenar en distintos grupos (antes lo hacían todos juntos porque compartían las pelotas), tiene conos de distintos colores y hasta una escalera como la que usan los jugadores profesionales para entrenar.
“Vino gente que ni siquiera nos quiso decir su nombre, sólo lo hicieron para ayudar. Además de los elementos para entrenar también nos trajeron ropa y calzados”, dijo Cristian a Tiempo de San Juan.
La historia de Los Defensores de la Estación llegó hasta buenos aires, más precisamente hasta Diego Alarcón, un profe que tiene varias escuelitas de fútbol y que se conmovió con la historia de los pocitanos.
“Me llamó y me dijo que iba a juntar cosas para ayudarnos. Además me invitó a viajar a Buenos Aires para que vaya al acto de fin de año de sus escuelitas y de paso me pueda traer las donaciones. Sería un sueño poder ir y llevar a alguno de los chicos”, agregó Cristian.
Además de mejorar en cuanto a los materiales de trabajo, la escuelita también mejoró en la técnica. Es que Pablo Martínez, un profe de educación física se unió al plantel y, cada vez que puede, va a los entrenamientos y colabora con sus conocimientos.
Empezó hace no más de seis meses y los alumnos eran sólo los del barrio, no más de 30 en total. Ahora cada clase Cristian se encuentra con cinco o seis chicos nuevos que vienen a unirse al grupo.
“Ya no sólo son del barrio, vienen hasta de la Calle 15 (la escuelita está en la Calle 16). Afortunadamente, y gracias a las donaciones que recibimos, hemos podido dividir los entrenamientos en tres categorías y les damos ejercicios de acorde a las edades”, finalizó.
Reviví la historia:
