“Desde que llegué, 1977, a hoy, el arte cambió de una forma impresionante en San Juan. Hace 41 años el departamento de Arte era una isla casi utópica, con gente libre y no marcada por lo provinciano, muy abierta a todo. Pero tenía una actitud de confrontación con el gusto corriente de la gente. Había un gusto de la gente cuyo modelo era Santiago Paredes y los paisajistas de la década del ’40, y era la que estaba en los grupos medios. Esas representaciones estaban cargadas de nostalgia del San Juan preterremoto. Después del terremoto de ’44 se acaba eso y si bien se pintan las ruinas, no se pinta el dolor de San Juan. Esto es muy común cuando hay un gran trauma social donde los artistas no pueden inmediatamente plasmar lo que pasa y toman una actitud nostálgica negando el dolor humano que nunca aparece en el arte. Tampoco la violencia política anterior que había vivido la provincia” señala Peñafort.
Arte en San Juan: Eduardo Peñafort hace una síntesis de los últimos años
Hay algunos grandes maestros de esa época fueron Migue Ángel Tornambé, formidable animalista, Arturo Pechuán, formado en Europa. Paredes cuya obra fue muy intuitiva según Peñafort, y Vicente Genovese.
“Cuando se forma la UNSJ se construyen dos líneas: una tradicionalista, pura, ortodoxa, antiperonista, que es la línea de José Carrieri cuya obra más importante es el monumento al deporte, absolutamente abstracta y de gran perfección formal.
Y otra pintura que era literaria, porque contaba cosas. El mayor representante de esta línea es Luis Suarez Jofré porque habla de lo que no se hablaba con una ironía feroz. No me olvido de algunas de sus ilustraciones como Sarmiento bañándose en una enorme bañera, para muchos era un horror”, acotó el profesor.
Y agregó que Suarez Jofré pintaba la otra cara de los personajes, “fue un gran revelador del San Juan atravesado por el dolor, la violencia, etc. Esas dos líneas eran cosas separadas e incompatibles ambos grupos se detestaban entre ellos. La gente tradicional no logró entrar a la facultad que se formó con gente del formalismo y del neoexpresionismo. En común tenían que todos estaban exiliados del arte nacional. No tenían ninguna trascendencia en el arte argentino”.
Pero eso cambió a mediados de los ’80 cuando ingresa una nueva promoción. Aparecen Mario Pérez y Eduardo Esquivel y se proponen instalarse a nivel nacional, en 10 años ganan todos los premios y todos los concursos y en el ’95 no les quedaba nada por ganar. “Consiguieron insertarse en el mercado del arte, lograron lo que no habían logrado antes: tener cotización nacional e internacional. Carlos Gómez Centurión también cotizó en galerías internacionales. Ahora el Departamento de Arte es el lugar para estudiar con la posibilidad de proyectarse a Buenos Aires”, contó.
Pero después aparece una nueva variable en el arte sanjuanino: “El Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson significó un antes y un después, porque los jóvenes tomaron contacto con un modo sistemático y contemporáneo de tratar con el arte, aprendiendo curaduría, historia del arte, tomaron contacto con lo más brillante del arte argentino en forma directa, no a través de libros. Ahora tenemos una masa crítica de jóvenes muy importante que tiene perspectivas de salir afuera. Tenemos asociaciones que otorgan premios, un mecenazgo más orgánico y aparece una efervescencia estética que no había y con un diálogo relativamente fluido con el arte popular”.