"Cuando me diagnosticaron cáncer lo primero que pensé es ¿en qué me equivoqué? ¿Fue porque comí mal? ¿Qué pasó si no fumo, no tomo alcohol? A raíz de eso me puse a investigar y descubrí que la comida tiene mucho que ver con el cáncer. Comemos alimentos muy refinados y elaborados cuando no deberíamos hacerlo. Las harinas muy refinadas y azucares tienen muchos químicos que no deberíamos consumir porque a la larga son cancerígenos", contó Daniela Bustos.
Le ganó al cáncer y ahora quiere enseñar a comer más sano
Ella es una de las ganadoras del programa 'Emprender, un camino de oportunidades', del Ministerio de Producción, en el que participaron 200 personas que se capacitaron en emprendedurismo. A Daniela le entregaron una batea, una amasadora y una sobadora que le aliviarán la tarea y le permitirán elaborar más volumen.
Después de la enfermedad y de quedarse sin trabajo, Daniela decidió incursionar en la panadería, desde su casa, en Zonda, hace apenas 10 meses. Pero con un cambio de conciencia y con nueva información respecto a la alimentación decidió que quería empezar a inculcar a otros la importancia de comer sano.
"Los aditivos de la panadería industrializada también son malos, por eso mi idea fue hacer algo artesanal y saludable incorporar las harinas menos refinadas pensando siempre en la salud de las personas. Empecé con semitas y pan pero incluí panes con semillas y saborizados, con la idea de incorporar harinas alternativas como la de salvado y de avena. Estoy empezando con harina de centeno y acá me enteré del proyecto para producir en San Juan harina de orujo y me fascinó la idea de incorporarla. También me interesa la harina de algarroba y sé que hay gente que la hace acá, pero aún no la he probado", señaló.
Somos lo que comemos, dice el conocido refrán, pero la mayoría no toma conciencia de esto hasta que algo pasa en su vida. Hay miles de libros escritos respecto a la relación entre alimentación y enfermedades, incluso han proliferado los documentales sobre esta temática. Pero son pocos los que asumen esto.
"Por ejemplo, la gente no toma conciencia de la importancia de la semillas, por eso cada vez que vendo pan con semillas doy un instructivo sobre cómo las semillas benefician a nuestro organismo", dijo.
Todos los días Daniela amasa 500 semitas y 30 panes comunes además de los saborizados y con semillas y harinas especiales. Los vende en las ferias de productores y en Zonda, en su casa de avenida López y Argentina, casa 16, manzana D, barrio Alto Valle. Los domingos, los artesanos del departamento exponen en el CIC del municipio.
"La verdad es que este programa del Ministerio es muy bueno y las máquinas me vienen genial porque lo hacía todo a pulmón, con la ayuda de mis hijos y dos chicas que trabajan conmigo", dijo Daniela.