Sábado a primera hora, llovizna y los efectivos de la Motorizada 6 comienzan a llegar a la base policial ubicada en el barrio Frondizi, Santa Lucía. De a poco van cargando cajas y bolsas con gran cantidad de ropa y calzado que juntaron durante más de un mes.
Emocionados por lo que venía, los policías se tomaron una foto antes de partir. Los 11 hombres tenían un solo destino: la Escuela de la Patria, ubicada en el Balde de Chucuma, Valle Fértil, adonde ellos llevaban las donaciones.
Camino a su objetivo, decidieron detenerse en la Difunta Correa. En la fría mañana subieron las escaleras para pedir y agradecerle. Cada uno guardó silencio, y luego le prendieron una vela. Luego, continuaron transitando la ruta.
Tras varias horas de viaje, a un costado de la Ruta 510 los esperaban, frente a una enorme tranquera que daba inicio a los más de 7 km. de tierra y vegetación que era casi imposible hacer en auto. Allí estaban la directora y una maestra de la escuela, además de la cabo Rosalía Correa de la Motorizada junto a su pareja. Ellos eran los guías.
Luego de transitar el duro camino que recorren a diario los niños, los efectivos llegaron al establecimiento. Los paneles fotovoltaicos, un pequeño espacio de juego, un tanque de agua en lo alto, y un espacio de plantas, eran parte del paisaje que rodeaban las cuatro paredes de la escuela.
A 187 km. de la capital sanjuanina, hacia el norte por la Ruta 510 y en el Balde de Chucuma, en este establecimiento 20 chicos se educan para ser mejores personas el día de mañana. Con un turno único, actualmente de 13:30 a 17:30, las mujeres al frente de la institución les dan de comer, enseñan y además les brindan una merienda.
Tras bajar las donaciones, que incluían hasta bolsas con golosinas para los niños, los policías fueron agasajados con algo caliente, pan casero y sopaipillas. Conocieron cada espacio de la escuela que eligieron; escucharon atentos cómo era la vida diaria en el lugar, e incluso se asombraron con algunos relatos. Luego de fotos y videos, la Motorizada 6 entregó un obsequio aparte para que quedara el recuerdo, con la intención de volver nuevamente antes de terminar el año.
Nuevamente en la ruta, subieron a los autos y partieron a la casa de Rosalía. Al pie de la montaña y entre el verde, una enorme casa tenía el broche de oro de la jornada: un gran asado que había hecho su familia. Ya distendidos, almorzaron y emprendieron la vuelta a la ciudad.
CUANDO LA SANGRE TIRA
Rosalía es la mujer policía que pensó en esta escuela como destino de todo lo racaudado durante más de un mes. Ella conoce la lucha de su Chucuma, donde se crió, de los niños que viven en la pequeña población.
Cómo es estudiar sin agua potable, entre la sequedad de la tierra, y enfrentando las bajas temperaturas, ella lo cuenta en este video.
LAS MADRES
Clarinda Lucero y Verónica Barrozo esperaban en la escuelita la llegada de las donaciones. Ambas son madres de chicos que asisten al establecimiento y se sumaron al evento.
Con la sonrisa en sus rostros, preparaba el agua caliente para el mate y el te, pan casero y sopaipillas para recibirnos. Y no faltaron los niños que saludaron y se llevaron una gran bolsa con golosinas que uno de los policías había armado para ellos. A los pocos segundos, corrieron para escabullirse entre las pequeñas montañas de tierra donde juegan y poder así compartir lo que habían conseguido.
LA URGENCIA DE SALIR A LA RUTA CUANDO LA LLUVIA CASTIGA
"Pasábamos ramas, pasábamos piedras, mi vehículo que se hacía para un lado y para el otro, los gritos de la maestra que traía atrás", cuenta María Ester. En el último temporal que azotó al Balde de Chucuma la directora, su hija de 5 años y maestras, estaban en la escuela. Recibieron el alerta por el equipo pidiendolés que por favor salieran rápido de ahí. La lluvia llegaba, la huella de tierra se tapaba y tenían pocos segundos para ir a lo alto, en la ruta, a pedir auxilio.
¿Cómo fue luchar con el agua y no ser arrestadas, a bordo de la camioneta?. Escuchá parte del relato de María Ester, que manejaba en ese momento y jamás perdió la calma.
EL EQUIPO
Dejando el uniforme y sus obligaciones por un rato, este grupo de policías que se enfrentan a situaciones riesgosas cada día quiso darle una mano a los que menos tienen. Ayudar a docentes que tienen la tarea de darles comida a los niños y enseñarles con frío o calor extremo, trayendo a veces de sus hogares lo que hace falta, luchando con kilómetros de tierra y vegetación autóctona para llegar a la escuela. Ayudar a personas como ellos, padres, hijos, hermanos, a que tengan algo tan simple como ropa y calzado para enfrentar la vida.
"La idea surgió en una reunión con todo el personal de la Motorizada. La historia de la escuela la conocimos de boca de la cabo Rosalía, que es oriunda de Chucuma, Valle Fértil. Por intermedio de ella tuvimos contacto con la directora de la escuela, a quien le contamos nuestra idea y aceptó de inmediato. Eso fue hace más de un mes, y desde entonces nos pusimos a juntar ropa de nuestras casas, familiares, amigos, Asociación Virgen de Fátima", dijo Gabriel Cortez.
¿Quiénes fueron? el suboficial principal Washington Cordero, oficial ayudante Gabriel Cortez, cabo primero Roberto Agüero, cabo Jairo Sarruf, cabo Marcelo Eduardo Rivas, cabo Diego López, cabo Rosalía Correa, cabo Diego Ortiz, agente Sergio Correa, agente Javier Lucero, agente Carlos Coria y agente William Bustos, todos de la Motorizada 6.
EL ASADO, LA PERLITA
Luego de la entrega, los platos en la casa de Rosalía los esperaban. Es que su familia hizo un gran asado para sellar la jornada. No faltaron las anécdotas por lo ocurrido, las reflexiones y la sonrisa de haber logrado el objetivo.