El filósofo Jean Paul Sartre decía que el hombre no es otra cosa
que lo que él hace de sí mismo. De una u otra manera, por este o por aquel
camino, elegimos ser lo que somos. "Yo no soy trans. No me considero
trans, es una palabra muy fea", repetía Alex con tanta determinación como
que el sol se esconde por el Oeste.
Sus palabras rebotaban en las paredes de la cocina de su
casa con aroma a café que había hervido, mientras Samuel veía televisión en la cama. "Soy un
hombre encerrado en un cuerpo que no le correspondía y al cambiar esa situación
soy hetero, tengo documento de hetero. Son muy feos los títulos que pone la
gente: transexual, transgénero, lesbiana, homosexual... que feo suena... hay
que sacar esos términos. ¿Por qué ponen de título algo que desconocen? La gente
necesita rotular, pero a mí no me rotula nadie, soy un hombre heterosexual. Esa
es mi realidad. Fui un hombre encerrado en un cuerpo que no le correspondía.
Ahora soy un hombre, listo se acabó. Soy un padre de familia, tengo un hijo que
me dio Dios. ¡Dejen de rotular a la gente! Así como sacaron la palabra
mongólico, tiene que sacar de su léxico las palabras transgenero, transexual,
homosexual. ¿Por qué todo es sexual? ¿Estamos educados nada más que para ser
sexuales? Yo soy Alex Miguel Reinoso, un hombre de 46 años, papá de Samuel. Es
todo lo que la gente tiene que saber de mí". Así fue su monólogo.
Después explicó algo sabido: los mandatos de la naturaleza
son taxativos. Y ya que estamos filosóficos, Foucault decía que uno busca llegar a ser lo que uno verdaderamente es.
Alex sintió desde niño que su cuerpo no era lo que tenía que
ser y creció esperando que cambiara. Apenas pasó la adolescencia comenzó a
trabajar para ser quien sentía que era. Empezó a modificar su cuerpo. Fueron
necesarias varias operaciones, tratamientos, y cientos de exámenes psicológicos,
los pasó a todos. Esas épocas fueron tal vez las más duras. Uno apenas puede
acercarse a esa angustia, como quien observa desde la orilla del acantilado sin
ver nunca el fondo.
En el 2004 fue cuando logró que la justicia sanjuanina le
reconociera su cambio de identidad. Y un año después, se animó a someterse a la
opinión pública del país cuando participó en un programa emitido por Canal 13,
Transformaciones, que lo ayudó con otra operación. Nada iba a detenerlo en la
recta final.
Para contar con detalle cómo fue su vida, Alex planea
escribir un libro. "Me gustaría que la gente supiera que cuando alguien te
dice 'no podés', en realidad Si podés. Quiero que la gente se saque el 'No
Puedo', que no exista más. Soy el mejor ejemplo de que SI se puede. La gente
puede lograr el sueño que se le ocurra mientras sea algo bueno. Yo he cambiado
mi historia. Me dijeron que no iba a poder adoptar porque nadie me iba a dar un
hijo en las condiciones mías. Y Dios me
dio a Samuel".
Alex hacía sentir con sus palabras que estaba un paso adelante.
Ya tenía elaboradas todas las
comparaciones, todas las explicaciones. Era como si en su mente ya tuviera las
páginas escritas de ese libro. "Me siento la bestia de un cuento de hadas.
Tuve que vivir encerrado en un castillo, que era mi cuerpo, hasta que llegó una
princesa y pude transformarme, no en un príncipe, pero si en un hombre. Porque
como a la bestia, que esperaba una mujer que lo amara tal cual era, llegó un
día una mujer que me amó tal cual soy. Y es lo que soy ahora, un hombre feliz.
La bella y la bestia es mi película favorita", dijo.
Pero hay algo más allá del existencialismo y hasta de la
semántica: la cuestión ética."¿Por qué no podemos ser todos iguales?
Simplemente personas. Yo soy una buena persona, quiero el bien para los demás.
No me pongan la palabra 'algo' y sexual atrás porque no soy 'sexual', soy pensante
y tengo un corazón. No me midan por el sexo, mídanme por lo que soy".
El milagro de Samuel
Samuel tiene algo especial. Es algo más allá de su
apariencia. Ahora tiene el pelo muy corto y aún se le ve la cicatriz en la
cabeza de la última operación. Samuel tiene una luz que brilla con intensidad y te ilumina aunque no
quieras. Eso es lo que se siente cerca suyo.
No hablaba, pero a su padre le decía 'apaa' y balbuceaba en
su propio idioma. No escuchaba, pero estiraba su mano para alcanzar la mano de
la 'visita', y no la soltaba. Llorisqueaba cuando lo dejaban en la cama porque
quería participar de la reunión. Mientras, Alex contaba que le regalaron
entradas para ver a Topa, "porque Topa lo saca siempre adelante.
Lo ve y se pone a bailar".
Su papá lo hizo fanático de San Lorenzo y todo en su
habitación tiene los colores del equipo. Ahí, junto a sus juguetes preferidos,
un monito de lana con la camiseta de El Santo, un didáctico, cuentos y otros
juguetes, está la foto con el exdefensa de San Lorenzo, Julio Buffarini. Todos
en el plantel lo conocen a Samuel.
Alex y su esposa, V., buscaron un hijo a través de fertilización
in vitro, sin resultados. Decidieron adoptar. Les dijeron que sería casi
imposible, pero de pronto ahí estaba este bebé de dos meses que nadie quería
porque estaba enfermo y tenía cero expectativas de vida. "Samuel significa
pedido a Dios", dijo.
Nació en 2011 con hidrocefalia y parálisis cerebral. A la
semana tuvo una crisis y revivió gracias a la reanimación. Volvió a la terapia
del hospital y un doctor les dijo que no lo adoptaran. "Nos dijo que lo
devolviéramos, que la desesperación por ser padres podría convertir nuestra
vida en una tragedia. Que Samuel iba a mostrar cada vez más su retraso. Yo lo
entiendo, el médico me estaba previniendo. Pero le dije: ese es mi hijo, Samuel
Reinoso, vaya y sálvelo doctor".
Desde entonces las internaciones fueron cientos. A Alex le
gusta decir que Samuel tiene la cintura de Elvis Presley para esquivar a la muerte,
que tiene el número de celular de Dios y que con él te acostumbras a ver
milagros todo el tiempo.
Quizás la más terrible fue la última internación, la que
originó el Proyecto Samuel. La familia venia en viaje desde Catamarca en enero pasado,
Samuel ya estaba muy mal en la ruta y a las 2 de la mañana pasaron por una
creciente desde Chepes y llegaron a San Expedito. La energía se había cortado
por la tormenta y en la salita no había un alma. Lo mismo en el paraje Difunta
Correa.
Reinoso prometió que si su hijo se salvaba iba a llevar
ayuda sanitaria a Bermejo, así nació el Proyecto Samuel que ya cuenta con el
apoyo del Ministerio de Desarrollo Humano, mientras gestiona el del
Ministerio de Salud. La meta es que los habitantes del pueblo tengan atención
primaria de la salud los 365 días del año. Y la más ambiciosa es transformar a
Bermejo en una ciudad turístico-religiosa.
Después de ese episodio, a fines de enero le colocaron una
válvula en la cabeza, lleva 4 válvulas en 6 años porque las rechaza. En el
último ataque les dijeron 'no hay nada más que hacer'. "Samuel tenía un
cuadro de gravedad total, desconectaba órganos vitales, hígado, riñones, se
moría. Entonces los médicos le inducen el coma y le ponen el respirador. Me
dijeron que buscara sala velatoria, cementerio, todo, porque después no lo iba
a poder hacer. Así que me fui al Ministerio y al municipio y conseguí todo. Cuando
volví seguía mal y esa noche le dije: 'hijo no quiero que sufras más, si te
querés ir, andá'. Los médicos nos obligaron a ir a dormir a casa porque hacía
días que no dormíamos. Nos fuimos y esa noche me robaron la moto. Samuel pasó
esa noche. A la noche siguiente me fui en bici y él seguía entubado pero
sonaban las alarmas y la doctora me dijo que
estaba tratando de respirar solo. Al otro día me vine a trabajar y me
llama Vanesa y me dice que le sacaron el respirador. Cuando llegué al sanatorio
Samuel se sentó en la cama. Había conectado todos los órganos y se puso a
bailar en la terapia. Los médicos me dijeron 'no hemos visto milagro como
este', y lloraban y él se reía en la cara de la muerte. Nunca vi llorar tantos enfermeros,
médicos y especialistas como con Samuel, acá, en el Garraham, en todos
lados", dijo Alex.
A Alex y a V. los médicos les dijeron siempre que Samuel
no tiene cerebro como para ejecutar las funciones normales. "Un neurólogo
me dijo 'mire, no puedo explicar cómo su hijo está así porque es como si usted
anduviera en un auto sin motor. Su hijo no tiene motor, no escucha, no habla'... Entonces lo ves así y si no crees en Dios no lo podes entender. Cuando nos presentaron a Samuel nos
dijeron que si vivía sería ciego, sordo, mudo, que estaría en estado
vegetativo. ¿Lo ves vegetativo?".
Para que quedara bien claro, Samuel aplaudía y bailaba. Su
padre agregó que hasta llegó a caminar, a nadar por debajo del agua conteniendo
la respiración. "Esto es obra de Dios, no hay otra".