Las sanjuaninas que dejaron todo por un amor deportivo
De promotora a prometida
Se conocieron en la Vuelta a San Juan de 2007 cuando ella era promotora y él era ciclista de un equipo que formó el político Rodolfo Colombo. Así comenzó la historia de amor entre la joven oriunda de La Bebida, Mariana Di Roberto (25), y el reconocido ciclista español, Daniel Moreno (34), quienes hoy están en la dulce espera.
Mariana era una chica común, que vivía con sus padres, estudiaba y trabajaba de promotora. Pero su vida cambió por completo cuando en 2007 quedó flechada por el pedalero durante el Prólogo de la Vuelta. "Fue amor a primera vista. Mi relación con el ciclismo era de poco interés pero cuando conocí a mi marido me enamoré de él y de su profesión".
En 2008 se fue de la Provincia para acompañar a Moreno, quien debía regresar a España por trabajo. Aunque no le fue fácil dejar la familia y su querida tierra, ella resignó todo por amor. "Mi vida cambió muchísimo. Fue una decisión difícil el irme a otro país sin conocer a nadie, solamente a él. Dejar a mi familia fue muy duro, pero lo hice por amor y no me arrepiento. Hoy llevamos nueve años juntos, casados y esperando la llegada de nuestra primera hija”, expresó la muchacha.
Italia y Francia son algunos de los países que recorrió al lado del ciclista, quien hoy integra el famoso equipo continental Team Movistar, en donde también están los hermanos Quintana. Ahora se le complica acompañarlo por el embarazo, pero generalmente va con él a todas las carreras del Viejo Continente: "Trato de seguirlo todo lo que puedo. En cada lugar que estuve fue una experiencia increíble. Qué mejor que acompañarlo y animarlo siempre. Es un orgullo, siento una gran admiración hacia él y por lo que hace, ya que consideró que el ciclismo es un deporte muy duro y arriesgado. Es difícil tanto para el como para mí, ya que pasamos mucho tiempo separados, pero el tiempo que estamos juntos lo disfrutamos al máximo”.
Actualmente viven en Andorra –en estos días su marido está disputando la Vuelta al País Vasco- y según confesó ella, la idea es seguir allí. "Viajamos todos los años a San Juan y Córdoba, que es donde él se concentra y prepara su temporada para el año siguiente, y yo aprovecho para estar con mi familia y disfrutarlo al máximo”.
Dejó la docencia por un amor verdinegro
Noelia Núñez era maestra de una escuelita de Iglesia cuando conoció al entonces defensor de San Martín, Marcelo Berza. Se vieron en la puerta de una telefónica, en el año 2000, pero fue una amiga en común quien los presentó. Entre charlas y salidas se enamoraron y se casaron dos años después.
Todo marchó bien hasta que a Berza se le terminó el contrato con el club de Concepción y fichó para Godoy Cruz. Ahí Noelia tuvo que tomar la decisión, quizás la más difícil de su vida. "Yo tenía cargo titular en una escuela en Media Agua y quedé embarazada. Yo no podía pedir más licencias, entonces él me dijo que se había casado para que lo acompañara. Así que con mucho dolor renuncié a mi cargo. Mi vida cambió en todo sentido, perdí mi familia, amigos, mi trabajo y las fechas más importantes como un Día de la Madre o Padre. Además de no estar en cumpleaños o ver crecer y disfrutar a los sobrinos. Pero me enamoré y acá estamos hace 15 años”.
La maestra, quien confesó tener una opinión bastante particular respecto del fútbol, tuvo que adaptarse a una nueva vida para seguir a su amor deportista. "El fútbol nunca me gustó, siempre pensé que no era para mujeres. Yo hice por muchos años danza clásica y el fútbol no iba con mi estilo. Cuando fui a la cancha por primera vez él me preguntaba ´¿viste cómo saqué o despejé´ en una jugada que era gol, y yo ni idea (risas). Lo bueno es que conocimos mucha gente en la cual todavía mantenemos contactos”.
La vida al lado del jugador no fue nada fácil, sobre todo porque los hijos crecían y debían acomodarse a cada provincia que emigraban por el fútbol: "Estuvimos en Mendoza, Jujuy, Córdoba y Buenos Aires. Volví a San Juan un tiempo, sola con los nenes. Pero luego no aguantamos más estar así separados, los nenes extrañaban, empezaron con alergias y todo un tema en la piel por ese tema. Así que cerré el negocio que teníamos y me tomé un avión para irme con los nenes a Buenos Aires. Ahora llegamos en diciembre del 2015 a San Juan por una promesa a mis hijos, que ya no quieren más mudanzas. Quieren y necesitan estabilidad. Marce está como DT en las inferiores de San Martín. Costó pero estamos más felices que nunca”, contó Noelia, quien se dedica arte decorativo y scrapbooking.
La seño que se arriesgó por el voleibolista
Se enamoraron gracias a una amiga en común, cuando ella era seño de un jardín maternal y él la rompía como jugador de UPCN Voley. Se trata de Lili Brizuela (27), la joven que enamoró Junior (28) a mediados de 2012 y hoy, ya casada con el brasilero, lo acompaña en cada compromiso laboral. "Nos conocimos cuando él estaba en Miramar participando del Súper 4. Cuando volvió a San Juan retomamos todo y empezamos a pasar más tiempo. La verdad es que jamás imaginé estar con alguien del ambiente deportivo, ya que el deporte nunca fue un fuerte mío (risas). Mi familia estaba tranquila y me apoyaba”.
Lili, quien contó que de voley sabe poco y nada, lo seguía en cada juego de local hasta que el jugador se fue de San Juan y ella decidió escoltarlo. "En mi vida no cambiaron muchas cosas, sólo el no vivir más en la ciudad y tener que dejar mi trabajo para acompañarlo. Al primer lugar que fuimos es a Bolívar y hasta hace unas semanas estuvimos en Brasil. Ambas experiencias fueron muy buenas, el conocer otras personas, otros lugares y otras costumbres. Es a lo que nosotras nos ‘arriesgamos’ cuando decidimos tener una relación con alguien que lleva ese estilo de vida”.
La sanjuanina señaló que estar al lado de un deportista tiene como pro el visitar lugares y países que jamás hubiese imaginado. Y también el entablar nuevas amistades. Pero también resaltó lo negativo, a lo que las mujeres de todos los deportistas del mundo están expuestas: "Como contra puedo decirte que el vivir lejos de tus afectos, de tus amigos. Tarde o temprano sentís esa falta, esa necesidad de quizás juntarte y pasar una tarde juntos. También el perderte ciertos momentos importantes que por la distancia es complicado estar”.
¿El futuro? Según contó, planean vivir en San Juan una vez que Junior se retire del voley. "Tenemos nuestra casa acá y él ama esta Provincia, lo cual es positivo también (risas).
Cuando todo queda en familia
La historia de la sanjuanina Flor Luna (26) y el futbolista pampeano Martín Bidal (30) arrancó en Mendoza, en 2008, cuando éste último jugaba al fútbol con el cuñado de Flor. Ella debía viajar mucho a la vecina provincia, ya que su hermana estaba embarazada y precisaba ayuda. "Yo en ese entonces estudiaba y la verdad es que no me lo planteé estar con un deportista, se dio naturalmente y el destino quiso que sea así”, contó de antemano.
Futbolera de toda la vida, iba muy seguido a la cancha mendocina a alentar a su cuñado y tiempo después al jugador, hoy su pareja y padre de su hijo. "Mi vida cambió cuando me quedo embarazada y a él le toca ir a jugar a La Pampa. Yo estaba trabajando y tuve que mudarme por primera vez a otra provincia y tener a mi bebé allá. Estar ahí fue muy lindo porque él es de ahí y mi hijo nació también allá. Ahí me sentí como en casa porque estaba toda su familia y me ayudaron bastante con todo. Tuve que dejar mi trabajo y mis afectos pero no me arrepiento porque yo elijo formar mi vida junto a él y lo apoyo en todo lo que haga, como el también me apoya a mí”.
Después de vivir en tierra pampeana, donde el futbolista vestía los colores de Ferro de General Pico, se mudaron nuevamente a San Juan cuando su esposo fichó para Sportivo, luego Catamarca y San Luis. Actualmente están en Bahía Blanca, donde el volante juega para Villa Mitre. "Viajar me hizo conocer gente muy buena e hice muchas amistades. Al principio, como todo cambio, costó un poco pero ahora estamos bastante cómodos. Llevamos una vida muy tranquila y bastante familiar. Lo bueno de estar con un deportista es que con esta profesión te da la posibilidad de conocer mucha gente y lugares diferentes. Lo feo de todo esto son las mudanzas y los amigos que dejamos en el camino”.