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jueves 16 de abril de 2026

Salud

Los equipos médicos que resucitaron las esperanzas de los sanjuaninos

Se trata de los profesionales del Instituto Odontológico y de la división de Cirugía Plástica y de Quemados del Marcial Quiroga. Todo el abordaje es gratuito para los pacientes. Por su trabajo, los profesionales han sido distinguidos. Por Natalia Caballero.
Por Redacción Tiempo de San Juan
 -Una nueva vida gracias a la reconstrucción 
 
 
Llegan personas con la piel desgarrada por las quemaduras, con las extremidades completamente calcinadas, con el rostro desfigurado y en algunos casos hasta sin esperanza de vida, esa esperanza perdida es la que les devuelven a los pacientes en el servicio de Cirugía Plástica y de Quemados, que funciona en el hospital Marcial Quiroga. En el área los doctores realizan desde cirugías reparadoras hasta trasplantes de piel y atienden personas de diferentes provincias del país que llegan con las últimas ilusiones de poder mejorar sus vidas. 

Desde el 2011 el servicio cuenta con un ala propia donde atender a los pacientes. No hay una época del año definida con más quemados a pesar de que existe el mito que durante las fiestas se incrementa el número de pacientes. Lo que sí se puede afirmar es que el 80% de los ingresos son niños y la mayor parte son por accidentes domésticos, como quemaduras con agua hirviendo y hasta con fuego. 

Cuando un paciente llega al nosocomio con una quemadura es derivado al servicio en donde lo atienden médicos de diferentes especialidades, siempre acompañados por un psicólogo. Los quemados además de sufrir el dolor en carne propia, deben ser sometidos a tratamiento que también son muy dolorosos. En los casos de quemaduras severas los pacientes deben saber que van a enfrentarse a otra realidad y en algunos casos, a muchas cirugías reconstructivas. 

"Los pacientes quemados son muy especiales, estamos abocados a él pero también a la familia que generalmente tiene mucha culpa, sobre todo si los quemados son niños. El paciente suele ser muy agresivo y hay que buscar la manera de que se sienta contenido y pueda salir adelante”, contó el jefe del servicio, Martín Cobos.

En el servicio trabajan 7 médicos, 14 enfermeros y una psicóloga. Para el personal el secreto de que el área funcione tan bien es la labor en conjunto que llevan adelante. Todos los casos son abordados de manera interdisciplinaria y son seguidos a lo largo del tratamiento que se realiza tanto en el Marcial Quiroga como cuando son dados de alta. 

El equipamiento del servicio es muy bueno y se encuentra catalogado como uno de los mejores del país. Cuenta con bañeras para realizar balnoterapia, las mismas se diferencian de las de uso doméstico porque son de acero inoxidable y permiten que el agua corra sin estancarse. Además tienen aparatos electrónicos que permiten realizar tratamientos para mejorar la piel y las cicatrices. 

El servicio dispone de 31 camas de las cuales 9 son usadas por pacientes que serán operados, 4 por pacientes que necesitan estar aislados y 18 para los quemados comunes. El salto en dos años fue muy significativo porque antes apenas contaban con 20 camas, insuficientes para la demanda actual. 

La vida de los médicos da un giro de 180º cuando ingresan al servicio del Quemado porque si bien en la universidad son formados académicamente recién cuando se chocan con la realidad aprenden realmente a tratar a los pacientes. Para los profesionales es un desafío muy grande pertenecer a este grupo porque gracias a su labor pueden cambiarle la vida a una persona que en muchos casos hasta perdió las ganas de vivir.

La pediatra que trabaja en la división, Cecilia Giannantonio, contó sus experiencias y definió su labor como muy satisfactoria. "Es una gran satisfacción cuando los pacientes que sufren y quedan muy afectados mejoran. Los tratamientos son muy largos y requieren de años de constancia, devolverle las esperanzas a alguien es el motor que nos activa a seguir y ponerle todas las ganas”, dijo la doctora. 

El área de Cirugía Plástica es especial porque es allí donde personas que han quedado desfiguradas o con sus extremidades deformadas mejoran su calidad de vida. Se realizan desde cirugías reparadoras hasta trasplantes de piel que les llega directamente del INCUCAI. Si bien los quemados representan la mayor cantidad de pacientes, en el sector también se hacen reconstrucciones mamarias a personas que han sufrido una mastectomía (los implantes se consiguen a través del Ministerio de Desarrollo Humano) y a chicos con labios leporino. 

Uno de los casos más impactantes en el que trabajaron los profesionales del servicio fue protagonizado por un pequeño de cinco años de Buenos Aires. Cuando tenía apenas tres meses se le cayó a su hermana dentro de un brasero, la niña aterrada en vez de sacarlo fue a buscar a su madre, el tiempo de demora le dejó secuelas de por vida y su rostro quedó completamente desfigurado. Tras decenas de cirugías, el pequeño arribó a San Juan este mes. Acá se le colocó una máscara de compresión que permite mejorar el aspecto de la piel y aplanar las cicatrices. 

La psicología es clave para lograr que el paciente pueda reconstruir su vida y superar el trauma del accidente. "Trabajamos con el paciente y con la familia, buscamos que el quemado pueda asimilar el episodio dramático, el estado de shock inicial y darse cuenta que su vida cambió pero que tiene opciones para mejorar y sobreponerse”, resaltó la psicóloga Alejandra Godoy.


-Por una sonrisa plena 
 
Un odontólogo, un cirujano, un psicólogo y una genetista integran el equipo médico que se aboca a mejorarles la calidad de vida a los bebés que nacen con labio leporino. Los profesionales trabajan en el Instituto Odontológico y realizan los tratamientos de manera gratuita. En el 2014 operaron a 11 chicos, están siendo rehabilitados 24 y 4 fueron dados de alta. 

El programa nació gracias a dos profesionales del hospital Rawson, Patricia Dávoli y Marcelo Cortínez. Ambos se abocaron a tratar a los chiquitos nacidos con labio leporino. El cirujano Marcelo Cortínez Di Piazza se integró luego. La iniciativa de estos especialistas se transformó en un programa del ministerio de Salud Pública. 

Ahora desde que se detecta el labio leporino en la panza de la madre, se reporta el caso. Apenas el chiquito nace, interviene el equipo de profesionales que trabaja en el Instituto Odontológico. El primer paso es evaluar la fisura del niño, luego empieza el tratamiento que incluye cirugías estéticas y reparadoras para cerrarle el paladar al bebé afectado. Para las reconstrucciones se usan huesos de la cadera. 

Generalmente tras pasar una serie de cirugías reparadoras y plásticas y de contar con el apoyo psicológico, los pacientes son dados de alta a los 18 años aproximadamente. Mientras antes concurran a las consultas, los resultados son mejores. 

Un nacido cada 918 nació con esta patología en la Provincia este año, según las estadísticas del Ministerio. Las cifras se desprenden del registro que hacen los especialistas que se abocan al tratamiento y rehabilitación de los pequeños con labio fisurado. 

Los paladares provisorios que les colocan a los chiquitos para que puedan amamantar los fabrican en San Juan, al igual que las ortodoncias. El injerto de huesos en el paladar de los pacientes también se hace en la Provincia, por cirujanos plásticos. 

No sólo el personal médico atiende a loschicos sino que también asistentes sociales visitan las viviendas de los pacientes para evaluar su situación socio-económica. Una de las cualidades de este tratamiento integral es la gratuidad. 

"Es un trabajo que les devuelve a los chiquitos fisurados la reinserción social. Los chicos generalmente son discriminados, no pueden desarrollarse normalmente si no cuentan con este tratamiento que se les ofrece. El objetivo es darles calidad de vida”, evaluó Patricia Fraiffer, a cargo de la división Odontología.

Con el equipo de especialistas trabajando a full, el objetivo ahora de la división ministerial es conformar un grupo de padres de chicos con labio fisurado. Es que el apoyo mutuo y el acompañamiento son claves para que los pacientes cuenten con la contención necesaria para salir adelante y soportar los tratamientos, que son largos pero con resultados óptimos. 
 

La garra de Milagros

 Siete cirugías, procesos de rehabilitación y muchas ganas. Ese es el camino que siguió Milagros Salinas para tener una mejor calidad de vida luego de que le detectaran apenas nació una fisura labial, enfermedad genética conocida como "labio leporino”. La jovencita tiene 17 años, vive en Caucete y fue acompañada por sus padres durante todo el tratamiento. En octubre le realizaron la última gran operación: le terminaron de reconstruir el paladar con hueso de la cadera. La han bautizado "la leoncita”, por su garra para salir adelante siempre.

A los dos años Milagros arrancó con las cirugías reconstructivas en el Hospital Rawson. El equipo médico compuesto por Patricia Dávoli y Marcelo Gutiérrez fue el que empezó a trabajar con chicos con labio fisurado. El tratamiento empezó cuando era muy chiquita. Sus padres fueron quienes decidieron emprender el camino de la rehabilitación. "No es fácil pero nosotros siempre la acompañamos y la contuvimos para que saliera y afrontara los posoperatorios lo mejor posible”, contó su mamá, Dora Paredes.

Milagros recibió las primeras atenciones en el Rawson y luego en el Instituto Odontológico de Capital. Gracias al tratamiento médico, Mili pudo amamantarse correctamente y empezar a hablar. Aunque sus padres nunca dejaron de asistir a las citas con los especialistas, lo mismo Milagros sufrió la discriminación y la exclusión de sus compañeritos. "No fue fácil, siempre hay chicos que te dicen cosas. Se burlan porque no podés hablar bien o de la cara en sí. Yo hice oídos sordos, te duele pero salís adelante con el respaldo de los afectos”, contó Milagros.

Mientras que en un principio los padres eran quienes debían pedir ayuda ahora apenas se registra un nacimiento se sabe si nació un niño con labio leporino. Esta detección precoz permite iniciar los tratamientos a temprana edad, evitando complicaciones y la exclusión de sus grupos de pares.

Milagros se acostumbró a los tratamientos y ya no se pone nerviosa cuando se le vienen las operaciones. "Ni nerviosa me pongo”, revela entre risas. A simple vista se nota que la adolescente tiene mucha energía, sonríe todo el tiempo y es muy extrovertida.

A pesar de las operaciones, Mili fue a la escuela normalmente. Asistió a la escuela Juan Lavalle, de La Puntilla y a la escuela Arancibia. La secundaria la está haciendo en la escuela de Comercio, ubicada en el corazón de la villa cabecera del departamento. No tiene muy claro cuáles van a ser sus pasos en el futuro, lo que sí sabe con certeza es que ama el teatro y que le encantaría poder seguir subiéndose al escenario como lo hacía con un grupo de autoconvocados que no tienen ahora salón en donde ensayar.

Antes de las cirugías Milagros tenía problemas para hablar, para comer y desde que se operó su vida cambió para siempre. Ese mensaje lo trasmitió en un video que grabó para el Ministerio de Salud Pública. La desenvuelta adolescente le recomienda a sus pares que se atiendan para que puedan experimentar una vida mejor, tal como a ella le sucedió.


El mensaje de madre e hija

"Sé que se sufre mucho al ver sufrir los hijos pero hay que llevarlos al médico. Es muy importante que los padres colaboren, contener a los hijos y mirar siempre para adelante”, Dora Paredes, madre de Milagros.

"Mi vida ha cambiado porque ahora puedo hablar bien, sin miedo, comunicarme más con la gente. Antes por mi problema me costaba hablar con la gente y ahora eso quedó atrás”, Milagros Salinas.

 
Mirá el video con la emotiva historia de Milagros Salinas 
 
 
 

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