Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan
El chileno que escapó de Pinochet y asiló Camus
Mario Goliat Muñoz Salas tiene 73 años y el cuerpo lleno de cicatrices. Las manos curtidas. Las lágrimas lo traicionan. La memoria no le falla y le duele llevar tanto consigo. Su militancia en el Partido Socialista de Chile lo llevó a colaborar directamente con el presidente democrático Salvador Allende. Fue la máxima autoridad del sindicalismo minero en el país trasandino y encabezó la Comisión Nacional del Oro. El golpe pinochetista en septiembre de 1973 dio la orden de asesinarlo. Por eso tuvo que cruzar la cordillera caminando, por la ruta sanmartiniana, y buscar asilo político en San Juan, bajo el ala del gobernador Eloy Camus. Pero su destino estaba sellado. Lo capturó la dictadura argentina, tres años después. Sufrió las peores torturas imaginables.
“Yo era presidente de los consejos regionales mineros de Chile pero además era presidente de la Comisión Nacional del Oro. Me había designado el compañero (Salvador) Allende. Él era el presidente de la comisión, pero me pidió que me hiciera cargo yo. Yo era militante del Partido Socialista”, recordó Muñoz.
“En eso se produce el golpe de Estado. La dictadura militar me acusa a mí de ser el cerebro del ‘Plan Z’, que según ellos significaba ir a asesinar o a fusilar al alto mando de las fuerzas armadas que estaban dentro de la Quinta Región. ¡Eran mentiras! ¡Nosotros andábamos en reuniones, planificando, trabajando día y noche! Lo inventaron los milicos para poder justificar la represión”, aseguró. Y continuó con memoria perfecta: “El día 12 de septiembre sale un bando militar, que me condena a la pena de muerte. Se da orden a las fuerzas armadas y a los carabineros para que fuera fusilado”.
Fue el día de la balacera en La Moneda. La muerte de Allende. El comienzo de los años negros de la dictadura pinochetista. Muñoz pasó a la clandestinidad, escapando, evadiendo los controles. Siempre con la protección de sus compañeros.
En la cordillera
“El 17 de septiembre se acuerda en una reunión que yo tenía que salir del país. Los compañeros decían que yo tenía que estar vivo. Que era importante que yo viviera para continuar la lucha. Yo era contrario, quería dar pelea adentro. Pero los compañeros me decían que tenía que salir, porque estos tipos bombardeaban los campamentos. ‘Una vez que tú estés afuera van a parar la matanza de los compañeros’, me decían. Entonces yo muy amargado, muy triste, tuve que aceptar. El día 25 de septiembre de 1973 yo emprendí el camino hacia la Argentina. Yo conocía para el lado argentino porque había venido a ver unas minas en 1965, yo sabía por dónde me tenía que venir. Me acompañó Claudio Guido Campillay”, recordó.
“La verdad es que veníamos con lo puesto. Por las partes donde iba, dejaba mensajes: ‘Por aquí pasé, milicos hijos de puta, un día volveremos y entonces nos tendrán que rendir cuentas de todos los compañeros que mataron’… (NdR: se quiebra, llora)… Perdón… Lo dejaba escrito en papeles, porque sabíamos que ellos iban a seguir la pista por donde habíamos pasado. Por eso les dejaba mensajes. Y los encontraron”, afirmó.
“Cuando llegamos al Alto Valle de Los Patos Sur, estábamos hechos pedazos. Optamos por arrastrarnos. Mi compañero Campillay subió a una loma y me dijo: “¡Oye, acá hay una casa!”. Era el refugio Rigoberto Sardina, de Hidráulica”.
En la casona de piedras –que hoy se utiliza como último campamento para llegar al límite con Chile- estaban dos trabajadores de Hidráulica, de apellidos Silva y Lucato. Ellos les dieron abrigo y comida. Desde allí llamaron por radio a la Gobernación, porque Muñoz conocía al gobernador Camus.
“Solicitábamos asilo político. Que no nos devolvieran. Porque los milicos argentinos devolvieron muchos compañeros que los mataron en Chile”, explicó.
“Al gobernador yo lo conocía porque yo había venido a la transmisión del mando, con Salvador Allende, cuando había entregado Lanusse el gobierno al doctor Héctor Cámpora. El profesor Camus ya era el gobernador de la provincia de San Juan”, continuó el minero.
“El gobernador ordena que el helicóptero de la provincia me fuera a buscar. El piloto del helicóptero se llamaba Pablito Aguiar. Era un muchacho joven. Muy buena persona. Pero cinco minutos antes de que llegue el helicóptero -se sentía el ruido- llegó la patrulla de Gendarmería. Estaba integrada por un comandante de apellido Pernivelli, por un sargento baqueano que se llamaba Jofré, por un cabo que se llamaba Da Silva y no me acuerdo del nombre de los otros”. Hubo una discusión fuerte entre los empleados de Hidráulica y los gendarmes, a la que se sumó el enviado de Camus, pero los uniformados no cedieron y bajaron caminando a los prisioneros hasta el refugio de Álvarez Condarco y de ahí hasta el Escuadrón XXVI de Gendarmería, en Barreal.
Llegaron a acusarlo de haber robado 100 kilos de oro y otro tanto de platino. Esa era la excusa de la dictadura chilena para pedir su extradición.
“En el Escuadrón XXVI de Barreal el profesor Camus va y discute con ellos. El profesor Camus les dice que él era el gobernador de la provincia. ‘Yo fui elegido democráticamente, a ustedes los eligió esto (apuntando con el dedo). A mí no me eligió el dedo, me eligió el voto popular y democrático. Así que aquí por encima de mí no pasa nadie. Ni usted comandante ni nadie’, le dijo a un oficial de apellido Susini”, revivió Muñoz.
Camus recibió al chileno y le dio protección política. Lo tomó como asesor externo para temas mineros (ver aparte). Pero Muñoz continuó con su militancia y en una reunión partidaria, en la ciudad de San Juan, nuevamente cayó detenido por un operativo de Gendarmería.
“Un día me llevan preso para interrogarme. Entonces viene un compañero mío chileno y llama al gobernador y le dice que me tenían detenido. Llega ahí el profesor Camus indignado: ‘¡Qué se han creído ustedes, atorrantes! ¡Por qué atropellan los derechos de las personas! ¡Ya Muñoz se va conmigo!’. Y yo me vine con él a la Gobernación. Ahí estaba un ministro de Bienestar Social que se llamaba Gallerano, muy buenas personas”, apuntó el minero.
Las torturas
Pero el destino de Muñoz estaba sellado. El golpe de Estado en la Argentina fue implacable con él, como con muchos otros chilenos que escaparon de Pinochet en 1973 y luego fueron perseguidos de este lado de la cordillera.
El 24 de marzo de 1976, el minero estaba trabajando en la montaña y no se enteró de lo que había ocurrido hasta que pudo bajar. Su familia ya lo había padecido, en su ausencia.
“En el momento que ocurrió el golpe yo había ido a mostrar unos relaves de Hualilán, con un compañero chileno. El que cuidaba la estancia era un amigo nuestro. Nosotros estábamos sin comunicación. Cuando bajamos, paramos en un boliche de la avenida España, con amigos del Negro Villavicencio. Entonces llegó un compañero de La Bebida que tenía carnicería y me dice: ‘Eh Don Muñoz, no haga por volver a su casa porque está rodeada de milicos. Fueron anoche y allanaron su casa. Se llevaron a su guagüita más chica para presionar a su señora que dijera donde usted se encontraba. Y su señora no sabía”.
Otra vez Muñoz pasó a la clandestinidad. “Me junté con Aldo Morán (NdR: militaba en Montoneros), que me pasó una 45. Antes de que nos agarren, darle ‘guaraca’. Preferimos morir peleando que morir de rodillas. Nos fuimos a la casa de un amigo chileno y ahí estuvimos como una semana. El Aldo no sé para dónde fue. A mí me llevaron a la casa de un pastor evangélico (NdR: Samuel Ponce). Y ese pastor evangélico me traslada a Mendoza en el tren. En Mendoza me llevaron al refugio de Cáritas Argentina que está en Martínez de Rosas 863. Esto debe haber sido a mediados de junio. En ese refugio estaba a cargo un sacerdote que se llamaba Rafael. Eso era de propiedad del Arzobispado de Mendoza”.
Los recuerdos fluyeron con precisión asombrosa. Luego, al escuchar más, resultó comprensible tal habilidad: difícilmente pueda olvidarse una historia semejante.
“Dicen -porque yo no estaba ahí en ese momento- golpearon la puerta y fue el padre a ver quién era. Y vio que eran policías, no militares. Entonces viene el policía y le dice ‘mire padre, venimos porque hemos sido informados que en los tambores donde dejan la basura colocaron una bomba’. El cura les dice que no, pero insistieron. Entonces el padre les permite pasar. Los milicos que estaban detrás de la puerta le pegaron al padre con la culata del fusil, le quebraron la mandíbula y la clavícula. Le saltaron los dientes”, relató Muñoz.
Y siguió, acelerando el ritmo: “Nosotros estábamos en los camarotes del refugio. Con nosotros estaba uno que le decían “El Cinturón de Lata”, que había sido guardaespaldas de De Gaulle. Los militares también se la querían dar. Por eso estaba en ese refugio en Mendoza. Cuando sentimos los gritos nos tiramos de las cuchetas abajo y veo que hay como cuatro o cinco milicos tirados porque los había agarrado “El Cinturón de Lata”. Entonces los que quedaron afuera y que la vieron perdida, comunicaron y pidieron refuerzos. Entonces viene la Gendarmería y nos rodea con tanques y morteros. Esto fue como a la una de la tarde”.
El relato continuó con precisión de horario: “Nos sacaron a los 13 hombres con las manos en la nuca y nos llevaron por el medio de la calle a la comisaría de San Martín, en Mendoza. Y ahí nos comienzan a dar al tiro. A torturarnos, a pegarnos con las culatas. A hacernos bailar. Como a la hora llegan unos tipos que me llevan para ficharme. Y no aparecí más. Durante 54 días, en la tortura. Estuve en un lugar que le llamaban “Jardín Policial”. Era un edificio que tenía varios pisos, con ventanitas chiquitas. Se notaba que los vidrios eran como blindados”.
Faltaba más todavía. “Después de interrogarnos me pasan al subterráneo. Ahí era la tortura. Todos los días tortura, tortura, tortura. Te tenían días colgando de los brazos. Me traspasaron de un lado para el otro arriba del talón, me quebraron un brazo”.
“Ahí yo estaba preso con muchos compañeros, con muchas personas que no nos veíamos porque nos tenían con capuchas negras”, explicó. “Había unos muchachos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Mendoza. Y decían que eran 8 mujeres y 6 hombres. Y estos hijos de puta llevaban los perros policiales para que las violaran. Al lado de nosotros gritaban ellas. ¿Y qué podíamos hacer nosotros? Nos tenían con cadenas”, lamentó.
Según Muñoz, sus compañeros de cautiverio en Mendoza fueron acribillados luego en Campo de Mayo, con la falsa acusación de haberlos sorprendido robando arsenal militar.
Libertad y exilio
“El día 2 de agosto de 1976 me dan la libertad a mí. Me van a dejar al aeropuerto de El Plumerillo. Me llevan con unas cadenas pesadas en los tobillos. Se bajan del Jeep en que me llevaban. Me sacan la capucha. Y empiezo a ver que el mundo me da vueltas. ¡Con tantos días!
Trataba de afirmarme. Como a los 10 minutos recién me vine a dar cuenta y a reaccionar. Y cuando reaccioné me di cuenta que estoy en el aeropuerto. Dentro de la Sala de Espera levanto las manos: “¡Soy Mario Muñoz! ¡Estos hijos de puta me han torturado!” (NdR: Se quiebra otra vez). Frente a la gente, a las mujeres. Se paran las mujeres, los hombres y comienzan a putear a los milicos. Salieron corriendo y me dejaron con las cadenas puestas.
Como a la media hora aparecen unos jóvenes que no tenían nada que ver. Les habían pasado las llaves para que me sacaran las cadenas”.
“Entonces se acerca un señor alto gringo y me dice ‘Yo soy George Culichere (NdR: Escritura fonética), jefe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para las Provincias Ibéricas y Oceanía. Usted se tiene que venir conmigo’. Tenía los pasajes para ir a Austria”.
Denuncia Pública
“Cuando me sacan el día 4 de agosto hacia Austria y llego, allá había unos 300 periodistas en una sala y estaba lleno de dirigentes sindicales de Europa, porque se había realizado una campaña a través del mundo porque los militares no reconocían que me tenían aquí en Argentina. Yo estaba desaparecido”, explicó Mario Muñoz.
Los periodistas estaban interesados en su historia épica de haber cruzado la cordillera de Los Andes a pie, sin equipamiento ni protección alguna.
A ellos les dijo: “Yo no soy James Bond. Yo quiero hablar de lo que vi en Argentina. Yo vengo saliendo de la cárcel de Argentina. Y en Chile ustedes periodistas tienen que saber que hubo un estadio nacional que fue lleno de presos. Ahí lo mataron a Víctor Jara y tantos otros próceres de Chile. Pero en Argentina hay 20 estadios nacionales. Torturan en el estadio de San Juan, Mendoza, San Rafael, Chilecito, La Rioja, Catamarca. Están llenos los estadios de presos”
Asesor minero
“Al profesor Eloy Próspero Camus lo conocí a través de un amigo que se llamaba Alejandro Argentino Carpio y a través del Negro Villavicencio. Ellos eran amigos del gobernador”, recordó Mario Muñoz.
“Con el gobernador hablamos de minería. A él le interesaba mucho. Entonces yo en esa reunión le dije al gobernador Camus que los minerales que estaban en Chile, estaban también en Argentina. Que las franjas mineralizadas también corrían de norte a sur por territorio argentino”, afirmó el experto.
El gobernador peronista lo mandó a recorrer la cordillera en helicóptero y traer muestras de minerales, con la idea de impulsar la minería metalífera en la alta montaña. “El profesor Camus puso a disposición mía lo que fuera necesario. Yo iba a la Gobernación a hablar con él”, aseguró Muñoz.