Un palacete atravesado por la historia
Levantado por la familia Barassi Graffigna, fue desde una casona familiar de elite -donde se llegaron a guardar armas para el golpe del ´34 que depuso al gobernador Federico Cantoni-, hasta sede del distrito militar y, finalmente, un instituto de la UNSJ. Por Gustavo Martínez Puga.
Esta casona sobrevivió intacta al terremoto de 1944, año hasta el que vivieron sus dueños, la familia compuesta por el médico oculista Alfonso Barassi y Catalina Graffigna Del Bono, hija del histórico bodeguero Santiago Graffigna.
Hoy en día es un símbolo de la Ciudad de San Juan, ya que está atravesada por la historia: allí vivió una de las familias de renombre con incidencia en la vida política sanjuanina, luego fue la clínica médica llamada Sanatorio Vasallo, sede del distrito militar del RM 22 y hoy en día funciona el Instituto de Investigaciones de Historia Regional y Argentina de la Universidad Nacional de San Juan.
En un resumen editado por Nora Inés Rodríguez, se cuenta que ya el predio venía con historia encima: es que perteneció a Martín Albarracín, descendiente de Doña Paula Albarracín, la madre de Domingo F. Sarmiento, quien fuera ministro del gobernador Victorino Ortega, en 1911.
Alfondo Barassi fue uno de los primeros oftalmólogos que tuvo la provincia. Casado con Catalina Graffigna, acudió a la ayuda económica de Santiago Graffigna para poder terminar el chalet que construyó la empresa constructora de su padre, Juan Barassi, con el diseño de su hermano arquitecto, Octavio.
En la planta baja era un espacio público y privado, porque ahí funcionaba el consultorio del dueño de casa. En ese sector también funcionaron los espacios para que estudiaran los hijos de la familia, las despensas de alimentos y leña y la entrada para los autos, con habitaciones para el chofer y un taller mecánico.
Toda la casa está construida con materiales traídos de Europa. Los muebles que la adornaban eran italianos y franceses. Desde el piso de madera hasta los detalles más finos que se encuentran en la escalera –de mármol, bronce y hierro- y en la planta alta, como el mármol de Carrara rosado de la estufa en el halla principal que hacía de recibidor y distribuidor a las salas y las habitaciones.
En esa planta alta impacta el techo. Es un vitraux pensado para iluminar el ambiente principal con el sol. Aunque hoy en día está deteriorado por una capa de tierra que lo cubre y algunos vidrios que ya empezaron a ceder por la falta de mantenimiento. Una situación similar se aprecia a simple vista en las molduras de yeso y madera tallada que decoran los techos.
En esa planta alta hay desde un vestidor con una pequeña puertita marrón, dos baños, al menos cuatro habitaciones y tres salas principales: una de ellas era para recibir visitas y otra para la vida familiar diaria. Esos ambientes se conectan entre sí por el típico pasillo interno que permitía una doble circulación en los palacetes de esos años. El pasillo de la planta alta lleva a otra escalera que conecta al altillo y al techo de la vivienda.
El abundante hierro, portland y las terminaciones de arena blanca traída de Uruguay soportaron el desbastador terremoto de 1944. Sin embargo, la familia Barassi Graffigna vivió allí desde 1927 hasta ese año del terremoto, cuando Catalina Graffigna y sus hijos volvieron a vivir en Buenos Aires, donde nació ese matrimonio.
Desde entonces, el palacete de estilo afrancesado se transformó en el Sanatorio Vasallo. El médico Alejandro Vasallo Quiroga tenía una clínia en Laprida y Entre Ríos, pero el terremoto la tiró abajo. Entonces vendió su instrumental a los médicos Guimaraes, Torcivia, Vera Correa y Peñafort, quienes alquilaron la casona y se especializaron en maternidad, cirugía y traumatología. Esto fue hasta el año 1953, cuando los médicos pudieron levantar su propio edificio, el sanatorio Rawson.
Luego el Consejo de Reconstrucción expropió el palacete. Entre 1953 y 1991 allí funcionó el Distrito Militar 49 y miles de jóvenes pasaron por la casona para regularizar su situación durante los años del Servicio Militar Obligatorio. En los ´70, el edificio sufrió tres atentados: en 1972, en el ´73 y en 1978.
Por la reestructuración de las Fuerzas Armadas, finalmente la casa fue adquirida en un remate por la UNSJ en 1991 para instalar allí el instituto de investigaciones históricas de la Facultad de Filosofía. En 1993, durante la intendencia de Javier Caselles, el Concejo Deliberante se trasladó al palacete y en una sesión especial fue declarado Patrimonio Cultural de San Juan.
Ahora, el histórico palacete de los Barassi Graffigna está habitado por profesores, estudiantes y repletas bibliotecas con libros y documentación histórica.
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