Por Gustavo Martínez Puga
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Las tres vidas de Roquiño, de la celeste y blanca a Tribunales
Roberto Mallea, quien llegó a integrar la selección Argentina, es la máxima autoridad del club Alianza y se convirtió en fiscal, el representante de la sociedad ante la Justicia. Por Gustavo Martínez Puga.
A los 15 debutó en la Primera local ganándole 1 a 0 a Sportivo Desamparados en su cancha. Gol de Alberto Díaz. Por esos días su club se llamaba Atlético de la Juventud, el más viejo de la provincia, el cual se convirtió en Alianza tras la fusión con Alianza de Santa Lucía. Roberto Mallea había vivido toda la vida en el Barrio Atlético y desde chiquito aprendió a defender la pelota en ese club. Nunca más lo sacaron de ese puesto, el mismo lugar que ocupa hoy el sanjuanino Emanuel Mas en San Martín.
En Alianza siguió jugando en Primera y allí le pusieron el apodo Roquiño: “Fue un cronista Muñoz, de Diario de Cuyo, pero nunca supe qué es”, cuenta. En esos años éste club era el más importante de la provincia. Por ejemplo, en el ´89 llegó a disputar una final con Olimpo para ascender al Nacional B. Antes, en el ´83, con Alianza había clasificado para jugar el Nacional, torneo que integraban los equipos que hoy están en Primera.
Alianza lo vendió a Instituto de Córdoba. En esos años el equipo cordobés estaba en Primera y era dirigido por el Coco Basile, con Pedro Barcheto como ayudante de campo. Jugando para el albirrojo cordobés, Mallea fue convocado por César Menotti para integrar la preselección Argentina. Sorteó las pruebas e integró la Selección en los amistosos para ir a las Olimpiadas en Rusia. Pero no se dio: Estados Unidos declaró el boicot a ese país y la Argentina adhirió, por lo que no envió a su Selección a los juegos.
“Voy a estar eternamente agradecido a los Estados Unidos y al gobierno militar por lo que hicieron con mi carrera”, dice hoy Mallea, irónicamente.
Es que, además de perder la posibilidad de jugar con la celeste y blanca junto a esa Selección con la mayoría de jugadores que venían de ganar en Japón con el mismísimo Diego Armando Maradona, las medidas económicas del gobierno de facto que tomó José Martínez de Hoz hicieron que Instituto de Córdoba no pudiera pagarle a Alianza el pase completo. Mallea se tuvo que volver. Y hasta 1996 jugó en su querido Alianza. Entonces tenía 35 años. Decidió colgar los botines. Y retomó los libros de Abogacía, aquellos que había reemplazado por las puertas que le había abierto el fútbol.
Vida 2: el Presidente
“Con un grupo de amigos decidimos armar un lista, nos presentamos y bueno, aquí estamos”, cuenta, con humildad. Y aunque ser el presidente del club más representativo de Santa Lucía le lleva tiempo y esfuerzo, él atribuye a que “el estar rodeado de buenos colaboradores hace que las cosas caminen”.
Como dirigente futbolístico, Mallea tiene objetivos claros desde el 1 de agosto último, cuando asumió al frente del club en el que se crió: “El objetivo es terminar las obras inconclusas y dejar organizada las inferiores, que es lo más importante de un club de fútbol”.
En cuanto a las obras, Mallea quiere terminar el gimnasio, el lavadero y los departamentos de funcionamiento interno de Alianza. En su rol de Presidente, Mallea tiene un contacto fluido con los jugadores. Por ejemplo, con el brasilero Roverbal, cuyos problemas de conducta dentro y fuera de la cancha hicieron que pasara de jugar en Primera con San Martín a integrar el plantel de Alianza, Mallea dice que “es un buen jugador. Hablo mucho con él para aconsejarlo que aprenda a manejar su carácter. Trato de aconsejarlo”.
Como autoridad de Alianza. Mallea se animó a opinar del presente del Verdinegro: “Creo que han hecho bien todas las cosas. Por eso están donde están. Lo único que le critico es que hay pocos jugadores sanjuaninos”.
Sobre Emanuel Mas, a quien no tiene el gusto de conocer personalmente, Mallea dice que “es un jugador de Selección. No tiene nada que envidiarle a los que están convocados para ese puesto”.
En su rol de Presidente, Roquiño también opinó sobre Alfredo Derito, presidente de la Liga Sanjuanina: “Tengo muy buena relación. Es muy difícil manejar económicamente a los clubes. El dinero del Fútbol para Todos llega hasta la Primera C, que está al mismo nivel que nosotros, y sin embargo a nosotros no nos llega esa ayuda económica”.
Como todo dirigente, tiene su sueño pendiente: “Lograr el ascenso”, confiesa.
Pero también es sabido que todo dirigente tiene ambiciones. Sobre todo si las cosas salen bien: “No creo que siga más de dos periodos. Es muy sacrificado y demanda muchas horas. Son más los sinsabores que las alegrías y en la fiscalía tengo mucho trabajo”, dice.
Vida 3: el fiscal
La actividad de Mallea en Tribunales arrancó en 1983, cuando volvió desde Instituto y siguió jugando en Alianza. Desde entonces trabajó en el fuero penal. Todo se lo debe a su madre, quien siempre le insistió para que estudiara Abogacía. Ella, Rosita Marcucci, llegó a ser Ministro de Educación en el gobierno bloquista.
Como empleado judicial y retirado de las canchas, Mallea retomó sus estudios. Se anotó en la Universidad Nacional de La Rioja y rindió libre. El año que había hecho en la Universidad Católica de Cuyo antes de irse a jugar a Instituto ya lo había perdido.
“En cinco años hice la carrera. Mucho le debo a la doctora Mónica Lucero –jueza del Tercero Correccional y a mi mujer, Virginia Caballero –hija del cortista Adolfo Caballero-. Ellas me ayudaron mucho”, reconoce.
En el Poder Judicial, Mallea había hecho carrera y había llegado a ser pro Secretario en el Tercero Correccional. Ahora, con la histórica renovación de magistrados que se está dando por la posibilidad de que se jubilen con el 82 % móvil de sus salarios, Mallea se presentó y fue designado como Fiscal Correccional Nº1.
Su experiencia en los dos lados del mostrador le da autoridad a Mallea para opinar sobre el funcionamiento de la Justicia y cómo se podría mejorar el sistema: “Todo es mejorable. Se trata de aprovechar los recursos de la mejor manera posible con el presupuesto que hay. Yo estoy convencido de que lo ideal sería que funcione la Policía Judicial y que el fiscal sea el que investigue y el juez que se dedique a juzgar, a garantizar el proceso. Y no ser juez y parte”.
Así, Roberto Mallea recorrió tres vidas muy distintas. Dejando todo en cada una de ellas y ganándose su lugar: “Siempre intento llegar hasta donde más no puedo”, concluye.
Muy personal
Nombre: Roberto Mallea
Edad: 51.
Estado civil: Casado, con Virginia Caballero.
Hijos: 5. Del primer matrimonio, las mellizas de 28 años María Paula y María Yanina. Del segundo matrimonio, tres varones: Facundo (12), Nicolás (8) y Santiago (2).
Club: Alianza y Boca.
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