Por Natalia Caballero
Hugo Vinzio: El creador terrenal
Los vendedores del Sportman pensaron que se iban a llenar de plata, parecía que era época de fiestas por la cantidad de gente que se agolpó en la vidriera. Pero las presunciones de los empleados terminaron cuando descubrieron que el interés no estaba depositado en los elegantes trajes sino en unas pequeñas esculturas realizadas por el artista Hugo Vinzio. Esa fue la primera muestra en la carrera del escultor que no paró de crear desde entonces.
El hombre abre la puerta de su casa y al mismo tiempo, su alma de creador. No escatima información a la hora de contar el proceso de sus obras, que cobran vida luego de haber realizado profundas investigaciones de campo, que incluyen desde entrevistas con profesionales hasta hondas lecturas.
Su vinculación con el mundo del arte comenzó desde que fue engendrado. Su padre, Mario Vinzio, fue un reconocido artista en la provincia. De niño, Hugo pasaba largas horas en el taller de su papá. Dibujaba, pintaba y allí también se enamoró de un material que atraviesa su obra hasta la actualidad: la cerámica. Si bien dice que el arte siempre le tiró, no se define como un niño prodigio sino más bien como un laburante, que pasó y pasa largas horas dentro de su taller.
Cuando Vinzio describe el material que le da vida a sus obras, usa palabras que parecen sacadas de un libro de poesía, las mismas que su progenitor utilizó años atrás. “Las bondades de la tierra le dan vida a la cerámica y la cerámica le da vida a obras que pueden durar para toda la eternidad”, explica el artista.
Si bien sus padres apoyaron todas sus decisiones (siempre y cuando fueran tomadas con responsabilidad) Hugo no empezó su camino en el ámbito universitario de la mano de las Artes Visuales. Arquitectura fue la primera carrera que cursó, luego dio un paseo por las Ciencias de la Comunicación hasta que finalmente se decidió por la plástica.
Mientras Vinzio habla es imposible no escuchar cada uno de sus inteligentes comentarios, la mayor parte tienen esa cuota cómica ligada a lo irónico, típica del humor inglés. De la misma manera que enamora con su relato a sus conocidos, obnubila también al público que va a ver sus obras cada vez que hace una exposición. Y ahora también deja descostillados de risa a sus lectores, que piden una segunda vuelta de “Salú Compadre, una visión sobria del vino”, el primer libro del artista.
Aunque actualmente se lo conoce más por sus habilidades en el campo de la escultura, sus comienzos fueron pintando. Vinzio se aburrió de lo plano y por eso dejó el pincel en stand-by y agarró el cincel. Ahora sigue con los acrílicos y el óleo, pero la cerámica es el material que le quita el sueño.
Apenas el visitante ingresa a la casa de Hugo, hay una obra suya de gran tamaño atrás de un sillón. La pintura es muy representativa de la obra de Vinzio. Las cualidades técnicas del creador se perciben en cada centímetro cuadrado del lienzo y al mismo tiempo, brillan las cuotas de humor, como un escudito de River Plate que se observa en la media de uno de sus personajes.
Su título de técnico vial y sus años en la Facultad de Arquitectura influyeron mucho en el método que usa para crear. Todos sus trabajos son en serie y antes de hacer una escultura maquetea todo, no deja ningún detalle librado al azar. Las proporciones y la química de los materiales son aspectos en los que ahonda mucho antes de darle vida a una escultura. Justamente, sus últimas dos muestras son de dos seres importantísimos en la historia nacional: Domingo Faustino Sarmiento y Jorge Luis Borges.
Al ingresar a su taller, el calor es bastante intenso. Es que en el fondo de su guarida tiene un horno de dónde saca cocinadas las piezas de arte que produce con pasión. El lugar se encuentra como divido en dos partes, en ambas hay dos mesas ocupadas íntegramente. Desde pinceles y herramientas hasta frascos de vidrio con elementos raros. Pero lo más llamativo son los papeles de todo tipo que se encuentran dibujados con ilustraciones exóticas, atractivas para cualquier persona que ingrese al mágico taller. Vinzio cuenta que dibuja en todos lados, incluso los otros días hizo una ilustración en una factura que tenía que presentar para pagar en el banco.
Si hay una característica además del humor que describe a Hugo, el perfeccionismo es otra. Todos sus trabajos tienen que estar perfectos, sino los manda otra vez al horno. De igual manera procede con las pinturas, si no le gustan las tira. No tiene drama en volver a empezar para crear algo superador.
Vinzio se define a sí mismo como un privilegiado porque mucha gente quiere comprar su obra a lo largo y a lo ancho del país. “Es muy satisfactorio que quieran comprar tu trabajo, no siento ningún desprendimiento sino alegría de que les guste mi obra”, explica el hombre.
El artista se muestra interesado por lo que pasa, por eso todos los días lee los diarios del país y de la provincia. No en vano estudió Ciencias de la Comunicación en sus épocas de juventud. “Soy lo más terrenal posible, trato de desmitificar esa vida que la gente cree que los artistas tienen”, expresa Vinzio. Por eso el creador le dice a todo aquel que mira su obra que al arte no hay que entenderlo sino que hay que vivirlo.
Hugo Vinzio es uno de esos hombres con los que da gusto comerse un asado, que sorprende con su humor inteligente y que lleva todas sus cualidades terrenales al plano del arte, haciendo de la creación un lugar común tanto para eruditos como para la ama de casa de la esquina.