Por Sebastián Saharrea
Diego Valenzuela: “Sarmiento también fue un periodista militante”
-Sarmiento y periodismo es un cóctel fuerte, ¿cómo llegaste hasta Sarmiento?
-Sarmiento fue seis años presidente, pero 50 años periodista. Toda su vida fue periodista. Desde El Zonda hasta El Censor y sus últimas publicaciones en el Paraguay. Es un gran exponente de los vaivenes, de las peripecias que tenía el periodismo en el siglo XIX. Y de la lógica que tenía, que es una lógica político-facciosa. Donde el periodismo era parte de la política, un órgano de propaganda como un comité de campaña o una unidad básica.
-No, hoy me parece que el periodismo tiene opinión, que tiene intereses, especialmente desde la empresa periodística, que interactúa con la política y a veces la condiciona, pero que tiene un campo autónomo. Tanto a nivel de propiedad como a nivel profesional. En la época, el periodista era el mismo que hacía la administración del Estado, la ley, la guerra, la prensa y era a la vez el intelectual. En esa época era todo en uno. Hasta que a fin del siglo XIX y principios del XX hay una especie de autonomización de la profesión. Entonces, esa persona que era una, uno se convierte en político, otro es literato, otro es periodista. Además, como no había mercado, mucho analfabetismo y no había mucho empleo en el país, no había posibilidad de publicidad o suscripción. Entonces eran diarios escritos por pocos y para pocos. Dependían de un padrinazgo político, ese es el cambio de época que se da gradualmente. Hoy, la prensa opina, interactúa con la política, pero es diferente a lo que ocurría en el siglo XIX donde vos tenías a un Mitre, a un Sarmiento, a un Pellegrini a un Alberdi, todos haciendo política, construyendo la Nación y además haciendo periodismo. Y los que no eran periodistas, tenían prensa propia, como los casos de Urquiza o Roca
-Si tuvieses que decir, hoy, sobre Sarmiento, ¿hay algún paradigma actual del periodismo para asociar a Sarmiento?, ¿quién sería hoy como periodista Sarmiento?
-No hay porque Sarmiento era multifacético y es difícil encontrar hoy una persona que reúna los atributos las cualidades, todo en uno. Sí hay diferencias con Alberdi, con quienes eran amigos y después discutieron, y yo veo una diferencia porque Sarmiento tuvo una vocación política que Alberdi no tuvo. Alberdi producía ideas para la política y Sarmiento se dio cuenta de que además de producir ideas tenía que ir a la lucha por el poder. Era la manera de llevar a la realidad las ideas con las que él creía.
-¿Y qué pensaría Sarmiento sobre la situación política actual?
-Mira, esto se me presenta habitualmente a partir de aquella mención del 12 de setiembre que hizo la Presidenta en cadena nacional (citó su libro, donde Valenzuela sostiene que Sarmiento cerró dos diarios) y me dicen que diría Sarmiento de hoy. Primero, en el libro yo trabajo la idea de periodismo militante, que no es el término de militante de hoy sino el término que él usa para combatir a Rosas. El militaba las causas en las que creía, una fue la organización nacional.
-Pero a pesar de ser distinto, ¿en aquella época había periodismo militante?
-Había, porque el militante era el político. Y él, vos sabés, era un gran polemista, disfrutaba de la polémica y de la confrontación de ideas. Con lo cual, él fue un periodista militante y yo creo que es lo que le interesó a la presidenta. Pero es en un contexto de época diferente al actual.
-¿Creés que la presidenta te descontextualizó?
-Yo creo que el uso de la historia para la política lo hace todo el mundo. Vos recordá que en los 30, 40, se pone a San Martín arriba del caballo blanco, que nunca existió. Es más del Billiken que de la realidad histórica. Y opacó al San Martín humanista, al San Martín civil, de la ideas. Yo creo que siempre ha habido usos de la historia. La presidenta no es historiadora, es política. Entonces, ella puso un punto de vista que está teñido del presente.
-¿No es lo que vos quisiste decir?
-No es. Y cuando uno hace una interpretación lineal, puede llevar a la confusión. El cierre de un diario en el siglo XIX no es lo mismo que hoy. En el XIX, estando la política dentro de la prensa y como dice Natalio Botana, las revoluciones se hacen en la prensa en esa época porque cumplía un rol político estrictamente, no significa lo mismo una clausura de un diario hoy. Hoy es censura, es un atentado a las libertades públicas.
-¿Y en aquella época no?
-En aquella ápoca, cuando hay una revolución vencida como la del 74, o el levantamiento mitrista contra Sarmiento y Avellaneda, los dirigentes como José C Paz, que manejaba la prensa y era aliado de Mitre, cierra el diario y agarra el fusil. Esa era la lógica de la época. Como pensar que un diario que era parte de una revolución vencida iba a seguir abierto. Era otro mundo, no había democracia. Y agradeciendo la mención de la Presidenta, hay que hacer esas salvedades: que los hechos históricos deben leerse con los valores y el contexto histórico de su momento. Cuando los traemos 150 años para adelante, quizá podemos llevar a la confusión.
-Lo mismo dice Pigna sobre Sarmiento, porque la lectura actual de Sarmiento lo deja en un rol complicado…
-Justamente en su tiempo de gobernación de San Juan, tengo un capítulo que se llama Convulsionada San Juan, donde explico lo que era San Juan en la época y lo que era la lucha facciosa en San Juan, donde volaban las cabezas. O sea, Benavídez, Aberastain, Virasoro, era una anarquía. Es cierto que el mitrismo, con Sarmiento como aliado, viene al interior a traer las ideas liberales. Desde su diario, ellos operan estas ideas liberales. Y lo que quiere Sarmiento es traer orden, apaciguar. Lo dice claramente: mi obra no hubiese sido completada si no se hubiese hecho lo que se hizo con el Chacho Peñaloza. Lejos de arrepentirse.
-Lo mismo con Civilización y barbarie.
-Para mí, ese libro tiene la potencia y la complejidad de haber sido novela, ensayo, panfleto político, crónica de costumbres en Argentina aún no conociéndola. Todo en uno. Es una gran metáfora política que él inventa para defender sus ideas. Además es fundacional para la literatura porque tiene una prosa magistral.
-Te pregunto lo mismo que a Felipe Pigna, ¿esta nueva visión de la historia que reivindica a Rosas, perjudica a Sarmiento?
-Yo creo que sí. Yo no soy un defensor de Sarmiento per se. Lo que intento es no agarrar a la historia y manipularla para que diga lo que yo quiero decir. Y esto es diferente a la objetividad, porque no somos seres objetivos, somos subjetivos. Hoy ocurre eso y es parte de la impronta que le ha puesto el gobierno nacional, que es simplificadora, que arma una línea de tiempo forzada y reduccionista a veces: Belgrano, San Martín, Rosas y Perón. Que es una línea que hereda del revisionismo. Y yo creo en otra cosa, no soy para nada parte de la historia liberal, lo que creo es en una divulgación con pensamiento crítico. Donde podamos decir Rosas tuvo estos valores, se le pueden hacer estas críticas, pero no en Rosas dictador, Sarmiento educador y asesino del Chacho, Roca mató a los indios.
Perfil
Periodista de 42 años, Diego Valenzuela tiene una larga trayectoria en medios radiales, televisivos y gráficos. Trabajó en los canales 7, 9, 13, TN, y Encuentro, en las radios Continental y Del Plata y en los diarios a Nación y Perfil.
Se graduó en Historia en la Universidad Di Tella y escribió tres libros: La resurrección, Enigmas de la historia argentina, y Sarmiento periodista, el caudillo de la pluma.
Dese diciembre del 2011 es funcionario de la Ciudad de Buenos Aires, donde se desempeña como subsecretario de AMBA (Área Metropolitana Buenos Aires), una oficina de relaciones políticas con los partidos del Gran Buenos Aires bajo la órbita del ministro de Gobierno de Macri, Emilio Monzó.