Por Sebastián Saharrea
Una historia de cine que aterrizó en San Juan
Lo contó El Graduado, con el memorable debut de Dustin Hoffman. Al revés, la Lolita de Nabokov. Una historia universal que hizo escala en Chimbas. Moralejas del arte para no juzgar de manera despiadada.
Por Sebastián Saharrea.
Las diferencias entre este Dustin y el pibe chimbero que cayó en manos de una maestra madura también, esta vez por las redes sociales, son varias. La primera e ineludible es la edad: Hoffman tenía en la película que rompió todas las taquillas en Hollywood unos 21 años, 5 más que el preadolescente chimbero que se animó al alto voltaje erótico con la maestra; y la segunda es que la señora Robinson no era la maestra sino… la suegra del tímido joven.
Pero también hay puntos de encuentro. El más poderoso es la atracción que despierta una relación tan desigual, a veces emparentada con el morbo y otras con la patología. Por esa razón tanta gente recuerda El graduado después de casi 50 años de haber sido rodada, por esa razón va al cine o compra libros en los que sobrevuela esa relación sin equivalencias, y por esa razón cada título de la cobertura en el escándalo local por la maestra hot es leído con voracidad por un público sediento de más.
Gran debate nacional, entonces: lapidación para la señora, o comprensión por una situación que se le fue de las manos. La realidad indica que la ley pone los límites, y el arte se encarga de hacerles una finta, de poner al asunto en una dimensión humana y alejada de la terminante acepción para un romance o para una corrupción de menores. En el cine, funcionan los contextos, las historias y, especialmente, los tiempos que corren: lo que hoy supone una gravedad extrema, unas décadas atrás aparece como una lectura más contemplativa.
Eso es lo que propone la novela Lolita, escrita por el ruso Vladimir Nabokov en los años 50 y llevada al cine dos veces: una por el recordado Stanley Kubrick y otra, la última, con el protagónico de Jeremy Irons. La niña del título –Dolores, Lo, o Lolita- tenía 12 años cuando despertó el interés sexual de su padrastro. Desde allí se inicia una punzante provocación del autor buscando las zonas más escondidas de la moral adulta, coqueteando con la pedofilia y la psicopatología y no dejando en paz el espectador en ningún momento. Habrá que aclarar que la película transcurre en un tiempo en que estas menores –y más jóvenes aún- no sólo resultaban desposadas sino también compradas y vendidas por familias bien acomodadas.
En tiempos remotos también, pero un poco más acá, transcurre otra historia de amor desigual, aunque esta vez invertido y más a tono con la historia de Chimbas. Ocurrió en la película The Reader, un estupendo drama firmado por Stephen Daldry y protagonizado por la bella Kate Winslet –la de Titanic- que se ganó el Oscar por este trabajo. Es una mujer madura que en un pueblo alemán, en el año 58, encuentra en un callejón a un joven moribundo de 15 años. Lo salva, lo cuida e inicia con él una tormentosa relación. Se separan, pero al tiempo, el joven se convierte en abogado y acude a un juicio contra unas enfermeras acusadas de no salvar a unos 300 judíos en un bombardeo. Reencuentro, y nuevamente drama, un tratamiento exquisito para una película aplaudida de pie en todo el mundo. Y nada de preguntarse por la edad del menor.
Lo mismo pasa con Cate Blanchett –la de El Señor de los Anillos- en Diario de un Escándalo. Es la historia de una maestra que se enamora de un estudiante de su propia clase, con el que empieza un romance sin frenos. Los descubre otra maestra y la obliga a la pecaminosa a no decir nada para frenar las consecuencias sobre su familia y su reputación.
La pregunta es: ¿cambia la sensación del espectador sobre un caso idéntico –mujer mayor enamorando a joven menor de edad- si el hecho se produce en tiempos remotos o en tiempos actuales? La respuesta que ofrece el cine parece señalar que sí. Porque el último escándalo sobre este asunto lo encendió el polémico cineasta San Mendes en su galardonada Belleza Americana, donde plantea las fantasías de un padre de familia estereotípico protagonizados por el gigante de Kevin Spacey con la amiga de su propia hija de 16 años.
La película es un golpe al mentón de la moral norteamericana, no se priva de impactos como un desnudo del papá ante la menor, de cierto flirteo mutuo que provoca un cosquilleo incómodo en el espectador, y no pasa a mayores pero plantea un enorme signo de pregunta. La película barrió con los premios Oscar del año 1999 y el comentario fue justamente ése: cómo se podía llegar a plantear un drama como ése en el cine. Por los resultados, parece que resultó creíble.
La realidad no le pierde pisada a lo que plantea el arte. Más bien al revés: a cualquier pieza le será requerido como piso de lanzamiento que resulte creíble. Allí está el caso hoy de la maestra chimbera y el pibe de 16 que cumplió el sueño de tantos –enamorar a una maestra- y le redobló la apuesta con sus insinuaciones.
Hablando de cine, la historia de Chimbas agarró un poquito de cada historia. Y demostró que San Juan no es una isla.
Dejá tu comentario
Te Puede Interesar
Colegio San Juan Bautista
Por Redacción Tiempo de San Juan
Alumno de 19 años admitió que escribió mensajes amenazantes en una escuela céntrica y terminó detenido
Sector privado sanjuanino
Por Elizabeth Pérez
Tras el fin de aportes a COVIAR, hay apoyos fuertes, pero también silencios estratégicos
Proyección nacional
Por Redacción Tiempo de San Juan
Federico Achával desembarca en San Juan con doble agenda: Feria Minera y encuentro con Munisaga
En medio del dolor
Por Redacción Tiempo de San Juan