Salir de la escuela y sacar un juguito premiado de Analía podía transformar el día de cualquier niño sanjuanino en cuestión de segundos. La emoción aumentaba si, encima, en una tarde te tocaba más de un 'premiadito'. "Ganaste un juguito gratis", decía el papelito cuando lo dabas vuelta y ese recuerdo se convertía en uno de los imborrables de la infancia.
Una de las fábricas de juguitos congelados más antiguas de San Juan nos abre sus puertas por primera vez
En esta nota te vamos a desbloquear varios misterios de la infancia. Te contamos la historia de la familia detrás de los juguitos congelados Analía. La empresa que alivia las tardes calurosas de los niños sanjuaninos desde el 83'.
"Antes los niños nos sorprendíamos con las cosas pequeñas y nos hacían felices", dice Judith Laciar, la heredera del legado de juguitos congelados Analía que hoy lleva adelante la empresa que fundó su padre.
Ubicada sobre calle Mendoza al 215 Sur, en Rawson, la fábrica de jugos Analía nació como un emprendimiento familiar en el año 1983. "Arrancó la democracia y pensamos que la cosa se iba a encaminar pero el tema político siempre ha sido mi contra, siempre hemos tenido problemas, contradicciones", revela Rubén Laciar, el fundador de la empresa.
Es la primera vez que la fábrica abre sus puertas a un medio de comunicación para mostrar cómo se produce una de las golosinas más vendidas en la provincia.
Juguitos Analía es histórica en San Juan porque ha sobrevivido distintos gobiernos y todas las crisis de este país. De hecho, Rubén todavía recuerda lo difícil que fue mantenerse en pie durante el 2001 y da dos consejos vitales: "Ser mesurado con las deudas, cuidando cada centavo y no gastar más de lo que ingresa".
Rubén ya tiene 79 años y es su hija Judith la que lo acompaña en los negocios. Juntos están a cargo de la fábrica pero, ella reconoce que todas las decisiones pasan por su papá. A pesar de su edad, él va a la fábrica todos los días como si no hubiesen pasado ya 40 años desde que comenzó con este proyecto familiar. El nombre Analía se lo pusieron en honor a la hija mayor de Rubén.
La primer herramienta de trabajo de los Laciar fue un tanque de 200 litros, nada comparado con los de 10 mil que tienen hoy. "Hacíamos reparto los martes y jueves y producíamos lunes, miércoles y viernes. Mi señora me ayudaba, juntos fraccionábamos, ella tapaba botellas, etiquetaba y así salíamos a la calle con jugo en botella de litro y medio", recuerda el empresario.
En esos repartos la más entusiasmada era Judith, su hija del medio, que para esa época tenía 11 años y acompañaba a su papá. En el año 95' la fábrica comenzó a producir los famosos juguitos congelados. Los 40º de calor del verano sanjuanino ayudaron para que las golosinas congeladas se pongan de moda y los Laciar apostaron por ese nuevo producto.
Al principio eran sus tres hijos los que probaban todos los sabores y le decían a su papá si iban a venderse o no. "Ahora tenemos ocho sabores, ananá, frutilla, durazno, lima-limón, limón, banana, naranja y uva. En ese momento salían 10 centavos", dice Rubén. Hoy ese mismo juguito se vende a 50 pesos en la puerta de las escuelas y kioscos.
Judith saca una caja que tiene guardada en la oficina y ahí están todas las fotos de los inicios de la fábrica. "Esta es de cuando yo salía a hacer promociones con mi papá", cuenta y muestra una imagen donde se la ve junto a otros promotores vendiendo su producto familiar. "No sé hacer otra cosa, esto es amor para mí, es mi familia", sostiene.
La balanza donde Rubén pesa los químicos para sus jugos congelados es la misma que perteneció a su padre que tenía una ferretería, por eso, la esencia de los Laciar está presente en cada uno de los rincones de la fábrica de calle Mendoza.
EL ANALÍA PREMIADO VALE POR DOS
La primera vez que a Judith le tocó un helado "Escolar" premiado en la escuela se emocionó y recuerda que todos los días salían de la Escuela Antonio Torres con su hermano e iban corriendo a comprar esa golosina con la esperanza de que la suerte los vuelva a sorprender.
"Así se me ocurrió que podíamos hacer lo mismo con los juguitos congelados nuestros. Hice que en la parte de atrás de la etiqueta le imprimieran 'Ganaste un juguito gratis' y fue furor. Obviamente en esa época los costos eran otros", aseguró Judith.
Cada paquete de 30 juguitos tenía 6 premiados, así que las chances de ganar eran altísimas pero es algo que con las sucesivas crisis económicas no pudieron hacer más. Sin embargo, Judith todavía guarda en su caja de recuerdos las famosas etiquetas del "premiadito" que alegró tantas infancias.