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sábado 21 de marzo de 2026

Un mimo de sabor

Los semitones de 'la Contreras', la octava maravilla

Son uno de los grandes atractivos de Barreal. Atrás, una historia de esfuerzos y recompensas. Y hasta salió a la luz el gran secreto de estos semitones o pequeños poemas que cada día dejan el horno para llenar de sensaciones a lugareños y turistas de todo el mundo.
Por Jorge Balmaceda Bucci

Hay sabores que evocan. Que en un tris permiten volver a momentos y lugares especiales, algunos más bonitos o felices que otros, pero que sin dudas forman parte del periplo de la vida de una persona. Para unos será el locro de la tía Adela, para otros el pastel de papas de la ‘vieja’, la lasaña de Sara o la punta de espalda del Ñaño, pero todos son igual de deliciosamente lícitos. Ahí, en ese cajón memorioso del paladar entran al probarlos como ‘piña’ los semitones de ‘la Contreras’. ‘Made in Barreal’.

Cuesta encontrar palabras que atajen tantas sensaciones y el placer que se genera en la boca con cada pellizco que se le da a esa amalgama divina y horneada de harina, levadura, grasa de pella y sal. Andrea Deolinda Contreras, de 47 años, es la autora de estos poemas que cada mañana fluyen de sus manos al mundo.

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Los semitones que cada día salen del horno de Andrea, otro atractivo turístico en Barreal

Nació en La Isla, una humilde localidad del Valle de Calingasta, pero allá por 2004 la necesidad de encontrar una vía de sustento más estable para ella y los suyos la depositaron en Barreal: “Estuve dos años trabajando en hoteles, restaurantes y otros lugares relacionados con el sector turístico, hasta que llegó el momento que me decidí de lleno a vender pan. Yo ya venía vendiendo semitas por la tarde solo, pero me puse con todo y tuve la suerte que se empezó a vender y muy bien. Gracias a Dios mis semitones han tenido mucha repercusión”.

“Acá en Calingasta, como en muchos otros lugares, es normal que las familias grandes amasen en las casas por una cuestión de ahorro. Aprendí de mi mamá, ella toda la vida nos hizo pan y semitas”, sumó contextualizando el camino recorrido la madre de cinco hijos y abuela de la misma cantidad de retoños, que son “los motorcitos que hacen que me levante todos los días a trabajar”.

Hay día que la venta es muy buena y otros que no tanto, pero gracias a Dios tengo todos los días para ponerle un plato de comida a mis hijos Hay día que la venta es muy buena y otros que no tanto, pero gracias a Dios tengo todos los días para ponerle un plato de comida a mis hijos

Y vaya que le inyectan energía los pequeños porque el ritual de la panificación casera abarca toda la semana: “Acá se hornea de lunes a lunes. No descanso ni un día porque todos los días tengo que poner esos platos de comida en la mesa. A veces descanso. Después de días de mucho laburo y probable que me tome un lunes o un martes, pero es muy raro”.

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Aquí nace la magia que disfrutan lugareños y turistas del país y el mundo

Andrea es tan buena horneando como interactuando con todos. La amabilidad y humildad con la que se atiende a los clientes se convierten un plus impagable. Pero vamos al proceso, en el que la frase ‘soplar y hacer botellas’ no tiene nada que hacer. El recorrido que va de la bolsa de harina hasta las manos del afortunado cliente tiene muchas y cansadoras estaciones: “Sobre las 21.00 o 22.00 del día anterior empiezo a picar en daditos la grasa de vaca, la grasa de pella, y con eso se van haciendo los chicarrones y a su vez va quedando la grasa líquida que también uso”.

Diariamente Andrea pone un juego entre 30 y 35 kilos de harina, que terminan convirtiéndose en unos 35 panes y 55 semitones

“Sobre las 1.00 de la mañana, cuando yo terminé con todo lo otro, amaso y dejo leudar la masa hasta más o menos las 5.30. Ahí me levanto a armar y empiezo a hornear. Los días normales se están haciendo unas 3 horneadas, pero cuando hay mucho turismo o fines de semana largo hemos llegado a hacer entre 7 y 9 horneadas”, agregó la panadera más conocida de la zona del ‘Triángulo’, en el corazón de Barreal.

A ‘la Contreras’ le sobran ganas y espíritu para aumentar la producción diaria, pero un contratiempo de salud no le deja más opciones que ponerle coto a esa intención: “Me gustaría hacer más, pero hace como 10 años me diagnosticaron una hernia de disco y por eso me limito a no trabajar tanto. He tenido clientes que se han enojado porque no hago más, pero es que no puedo Doy gracias a Dios porque tengo muy buena venta, pero por hacer más quizás tenga problemas de salud más grandes. La única ayuda que tengo a diario es la de mi hija y el trabajo del horno es muy pesado. Es horno de barro, a leña, y hay que limpiar, hay que caldear, echar las latas y hay que hornear”.

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¿Qué es poesía? se preguntaba Gustavo Adolfo Bécquer. Acá, una respuesta. Foto Jorge Amaya/Min. de Turismo

“Lo mejor es que a la gente le gusta lo que hago. Mis semitones han ido a todos los lugares de Argentina. Muchas personas antes de volver a sus provincias pasan por acá para llevarse lo que hago. La primera vez que vienen me compran 1 o 2, pero cuando se van se llevan de 10 a 15 para repartirles a la hermana, la tía, la suegra, la madre, etc. La repercusión que han tenido mis semitones me encanta y es señal de que hago las cosas bien. Yo todo los días le doy gracias a Dios por un día más de vida y le pido que me ayude en el horno”, añadió la creador de esta octava maravilla.

Soy humilde y no puedo aparentar lo que no tengo. Soy así, no tengo nada más que mi trabajo y muchas ganas de trabajar Soy humilde y no puedo aparentar lo que no tengo. Soy así, no tengo nada más que mi trabajo y muchas ganas de trabajar

Tras unos 16 años abriendo la pintoresca ventanita ubicada en Pres. Roca 593 (S), se fueron acumulando varias anécdotas de esas que ponen un toque distinto en los relatos y Andrea, en la antesala de le revelación del gran secreto de sus semitones, compartió un par: “Antes de que hicieran los negocios delante de casa se veía directamente la avenida y una vez al abrir la ventana me encontré con una cola de gente que llegaba hasta la esquina (al menos unos 50 metros). Me sorprendió mucho y al mismo tiempo me dio más fuerzas para seguir adelante”.

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Este horno de barro de 'la Contreras', un regalo divino.

Muchas personas me encargan el día anterior. Eso me permite tener venta asegurada y el cliente se queda tranquilo porque le guardamos su pan o sus semitones Muchas personas me encargan el día anterior. Eso me permite tener venta asegurada y el cliente se queda tranquilo porque le guardamos su pan o sus semitones

“En otra oportunidad vino un chico y me pidió permiso para entrar a casa y hacerle fotos al horno. Después me pidió el número de teléfono y me dijo que seguramente me iba a llamar un amigo suyo. Así fue, pero nunca imaginé que iba a ser gente de ‘Cocineros Argentinos’. No lo podía creer hasta que vinieron e hicieron una nota como de tres horas, filmando y todas esas cosas”, recordó quien todos los días le pide a sus padres que desde el cielo le ayuden a seguir adelante.

Y sin más dilación, el ingrediente especial que añade a su masa y repercute plácidamente en el cliente: “Mi secreto para que mis semitones salgan ricos es trabajar todos los días con mucho amor, trabajar con muchas ganas”.

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