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9 de Julio

Los sanjuaninos de la Independencia: el Fray de la soberanía popular y un abogado leal a la causa

El papel clave de San Martín para que San Juan tenga dos representantes en el Congreso de Tucumán. Quién era Fray Justo Santa María de Oro y de Francisco Narciso Laprida.

Por Natalia Caballero

La declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816 fue la gestación de la liberación de América Latina. San Martín fue el protagonista de este acta firmada en el Congreso de Tucumán, fue quien batalló políticamente para que se declarara la independencia y poder así iniciar su campaña emancipadora en Chile y Perú, cuna de la resistencia realista. Por qué San Juan tuvo dos congresales, el rol político de Fray Justo Santa María de Oro y Francisco Narciso Laprida. Fabiana Puebla, Alejandra Ferrari y Gema Contreras, tres profesoras de la cátedra Argentina I de la carrera Historia de la UNSJ, le contaron a Tiemp o de San Juan los entretelones y detalles únicos de esta gesta.

La cocina de la Independencia

El 25 de mayo de 1810 fue el primer paso para que las Provincias Unidas del Río de La Plata gritaran ante el mundo que querían ser libres; fue el primer intento de un gobierno patrio pero no hubo nada concreto ni firmado que determinara la independencia de la nación. El paso recién se pudo dar en 1816, cuando finalmente el 9 de julio los miembros del Congreso reunido en Tucumán pudieron firmar el acta, lo que implicó la concreción formal de lo que antes fueron intenciones.

Los pasos que siguieron para la reafirmación de esta declaración fueron la afirmación de la independencia por las armas y que el resto de los Estados del mundo reconocieran al Estado argentino como independiente. Los primeros que lo hicieron fueron Haití, Estados Unidos e Inglaterra. España recién lo hizo en 1863.

El contexto era distinto al de 1810. Luego de que Napoleón fuera derrotado en 1814, el rey Fernando VII volvió al trono de España con la intención de recuperar los territorios americanos. En 1816 se sabía que venían naves dispuestas a reafirmar sus derechos en estas tierras.

Desde 1814 José de San Martín era gobernador de Cuyo. El prócer bregaba para que se declarara de una vez la independencia. ¿Cómo iba a ir a liberar Chile si no se había declarado la intención de declarar un estado soberano en estas tierras? Debía llevar el acta de la Declaración de la Independencia para que el Ejército de Los Andes no fuera un grupo de simples rebeldes, sino un ejército con sustento ideológico y político.

En 1815 se lanza la convocatoria desde el Gobierno Central para que se elijan diputados para el Congreso de Tucumán. El Estatuto decía que se debía elegir un diputado por cada 15.000 habitantes. En 1812 San Juan tenía, según los registros oficiales, 12.984 habitantes, por ende le tocaba un diputado. Pero, por obra de San Martín, San Juan tuvo dos representantes. Como el prócer necesitaba todos los diputados posibles para que fueran su voz en el Congreso, aseguró ante las autoridades que San Juan tenía 22.000 habitantes, alegando que había llegado una gran cantidad de inmigrantes chilenos debido a la reconquista de Chile. Finalmente Cuyo contó con dos representantes por Mendoza, dos por San Juan y uno por San Luis: cinco diputados leales a la causa sanmartiniana.

No fueron elegidos los dos representantes de San Juan en conjunto. Primero, el 13 de junio de 1815 fue elegido Fray Justo Santa María de Oro y el 12 de septiembre de 1815, Francisco Narciso Laprida, quien por sorteo fue designado presidente del Congreso de Tucumán en julio.

El 9 de julio se declara la independencia bajo la presidencia de Laprida. El acta de Independencia incluye a todas las provincias de Sudamérica, no solamente a las del Río de la Plata; es un acto de independencia para toda América del Sur. Se declara la independencia de España, del rey y de todos sus sucesores y después se le va a agregar de toda nación extranjera ante el peligro inminente de que el Río de La Plata pudiera caer ante dominio portugués. El acta original se perdió pero se imprimieron 15.000 copias en español y traducidas al quechua y al aymará -para captar el interés y el apoyo de los pueblos originarios.

Los congresales que firmaron el acta ponían en juego sus bienes, su honor y su vida. Si se concretaba la invasión realista, los primeros cuyas vidas iban a estar en peligro eran los que firmaron el acta. Era una responsabilidad de vida.

Los representantes sanjuaninos

Fray Justo Santa María de Oro era un hombre muy respetado, era dominico. Los autores dicen que abrazó el ideal religioso desde muy pequeño, pero antes lo padres elegían los destinos de los hijos. Se ordenó sacerdote muy joven, en 1790. Era catedrático en la Universidad San Felipe de Chile, ganó por concurso la cátedra Teología. Tenía un perfil muy político, iba y venía de Chile y San Juan porque tenía conflictos en ambos lados de la Cordillera porque siempre tomaba partido. Cuando lo eligieron congresal tenía 43 años.

Fue Fray Justo Santa María de Oro quien impulsó que Santa Rosa fuese elegida patrona de América y protectora de la Independencia Latinoamericana. Él hizo esta propuesta e incluso dejó planeada la construcción de la escuela de mujeres Santa Rosa de Lima.

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En su tumba, que está en la Catedral, hay una placa que dice que era un “ferviente defensor del republicanismo”. Hace algunos años especialistas hicieron una interpretación de las ideas monárquicas en el Congreso de Tucumán y esta interpretación incluyó a Fray justo Santa María de Oro, que era monárquico, como la mayor parte de los próceres de aquel entonces. El único ejemplo de república que tenían era la francesa, en donde después de la revolución se instauró un régimen de terror y guillotina.

Por qué se dice que Fray Justo Santa María de Oro era un hombre leal al pueblo. En el Congreso cuando se le pregunta sobre la forma de gobierno, dijo que no se les había consultado a los sanjuaninos sobre eso y que él era el representante de San Juan y debía votar lo que opinaba su pueblo.

Santa María de Oro era muy responsable, defendía la soberanía popular; su rol estuvo signado por una gran responsabilidad y por un entendimiento cabal del lugar que estaba ocupando, comprendió que se estaban jugando la vida y también la trascendencia de lo que se estaba gestando en Tucumán.

Sus últimos años de vida los pasó en San Juan, muriendo el 19 de octubre de 1836.

Francisco Narciso Laprida fue el segundo diputado más joven detrás de Tomas Godoy Cruz, que tenía 25 años. Era muy joven -29 años- y muy ordenado para el trabajo. Al iniciar la actividad en el Congreso se estableció por sorteo la presidencia y le correspondió a Laprida en julio.

Siguiendo al pie de la letra el mandato de San Martín, a los 9 días de su presidencia se declaró la independencia. Hacía trabajar más de 12 horas por día a los congresales, agotaba todos los temas, fue la presidencia en las que más decisiones se tomaron. Los debates más acalorados son los que se dieron entre el 6 y el 19 de julio, todo en la gestión de Laprida.

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Laprida era abogado, tenía un aceitado ritmo de trabajo y un gran sentido de lo que había que hacer, de las necesidades y de las urgencias. La familia Laprida vivía en el centro, donde hoy está la galería que lleva su nombre. También era periodista y escribía en una publicación que se llamaba Amigos del Orden, en donde editorializaba sobre cuestiones políticas.

A Laprida lo matan por lo que pensaba. Era unitario y en 1827 San Juan es invadida por Facundo Quiroga. El hombre se va a Mendoza, donde enfrenta a los federales. En una batalla los federales ganan, lo interceptan y cuando descubren que el prisionero era Laprida, determinan en el momento que lo maten sin juicio. Lo entierran vivo, le dejan la cabeza afuera de la tierra y le hacen pasar una tropilla de caballos por encima.

El festejo sanjuanino

En 1816 en San Juan el teniente gobernador era José Ignacio de la Roza, mano derecha del San Martín en el territorio. La noticia de la declaración de la independencia llegó el 5 de agosto de 1816, casi un mes después. Se hace una gran fiesta, que duró casi tres días, se pidió a la población que ornamente sus casas con banderas, escarapelas y todo aquel que no lo hiciera podía ser considerado traidor a la patria. “Mandé a reunir a los habitantes de todo este pueblo a juramento de la independencia de país”, le escribe Ignacio de la Roza al Congreso.

La celebración por la Independencia duró tres días en las que hubo tedeum, misa, banquete y sarao público, es decir baile. Este tipo de festejos era una costumbre antigua de la colonia, se siguió la estructura de la fiesta pero con un significado distinto. La celebración fue sobre las calles anchas: la Mitre, la San Luis, la avenida Rawson y la avenida España. Esas eran las cuatro calles anchas, la ciudad era eso, el resto era campo.

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Ignacio de la Roza dio la orden de construir el primer parque, donde está el Cívico, y colocar una pirámide por la Independencia. Cuando termina su gobierno en 1820 ese parque se descuidó, cayó en el olvido. Sarmiento en Recuerdos de Provincia cuenta que estando en Chile se entera que había caído la pirámide en donde jugaba a los soldados a la “guerrita”. Hoy está puesta la pirámide nuevamente, en una zona cercana.

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