Muchos pocitanos recordarán al Vivero Millán como algo más que un lugar para comprar plantas. En su inicio, un 1 de julio hace 50 años, este negocio que entonces estaba en el corazón de Villa Aberastain, combinaba galerías de flores, plantines y enormes arboledas con un minizoológico, lo que se consideraba un paseo ideal para grandes y chicos. Detrás de este emprendimiento está toda la familia Millán, que es de las más famosas del departamento sureño, como sinónimo de verde en la provincia. Actualmente lo llevan adelante, en el enorme predio sobre Ruta 40 entre Calle 9 y Calle 10, Don Alfredo, socio fundador, junto a sus hijos Maximiliano y Marcos.
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Los Millán, hacedores de la historia verde de San Juan
Creadores de jardines y de muchos recuerdos que trascienden Pocito, los dueños del Vivero Millán cuentan cómo es ser artífices de un negocio único en San Juan.
Los que conocen bien a Don Alfredo lo consideran un mago de los árboles: puede hacer esquejes perfectos, es raro que se le seque una planta y se dedica a las especies más desafiantes. Mientras sus hijos se dedican a la atención al público, el padre de familia, con 75 años de edad, se encarga de la producción. Se adentra entre braquiquitos, álamos y cítricos, como un alquimista de la savia, para proliferarlos; y trabaja desde la semilla y el almácigo hasta árboles que alcanzan los 40 metros de altura.
Nacido y criado en Pocito, Alfredo heredó el oficio de su padre que era trabajador de parrales. Él le inculcó el cuidado de la tierra, del respeto a la naturaleza y el manejo del suelo para hacerlo fértil, y eso fue como un designio familiar, al igual que la pasión por los animales.
El vivero original nació de una idea de Alfredo y su hermano Víctor Hugo, en la casa paterna, allá por principios de los años '70 y combinaba la venta de plantas con una colección de animales que se fueron juntando con los años. Desde papagayos a llamas, pasando por toda clase de pájaros y hasta monos. La gente iba a comprar un malvón y se quedaba toda la tarde mirando esas jaulas de todo tamaño, con bichos que en ese entonces eran una atracción tradicional.
"Antiguamente este vivero era más conocido por los animales que por las plantas, porque Millán arranca como pajarería, había pájaros de todos los colores, tortugas, monos. Era un paseo, vos entrabas y había jaulones y mucha gente bien mayor se acuerda de eso que fue hace unos 30 años, cuando estaba permitido tener animales. La gente venía a verlos hasta que se creó el Parque Faunístico", cuenta Marcos.
"Me acuerdo de chiquito de ir al aeropuerto con mi mamá a buscar las jaulas de animales. Antes era una actividad permitida y después cuando nos mudamos a la Ruta 40 no fue más. Los animales se redistribuyeron a distintos zoológicos como el de Mendoza, el Luján de Buenos Aires. Los más famosos eran los monos, antes se podían tener, incluso venían en transporte público, en aviones. Y eso hoy sería imposible", completa Maximiliano.
Marcos cuenta que al trasladarse se llevaron un pony y otros animales más pequeños porque la gente extrañaba lo que fue por más de 30 años una experiencia distinta. "El cambio fue duro, decir que no teníamos más animales, al final había algunos de granja y nada más".
El vivero madre estaba en pleno centro de Pocito, en Calle 11 y Rawson, con el tiempo, los hermanos se distanciaron y el negocio lo siguió manejando Alfredo con ayuda de su esposa Juanita Sansó y sus hijos. Estos chicos, que son tres, se criaron en medio de ese mundo sacado de película, con cientos de macetas, bosquecitos y mascotas fuera de lo común. Maximiliano y Marcos recuerdan que les ponían nombres a los monitos, que jugaban con ellos a diario, porque todo eso estaba en el fondo de su casa.
La expansión, en la Ruta 40
Con los años también ese espacio les quedó chico. Estaban cerca del hospital de entonces, de la farmacia y primero anexaron un depósito a una cuadra pero, entre otras incomodidades, los clientes no tenían dónde estacionar y debían caminar un largo trayecto para completar la compra entre donde pagaban y donde les entregaban las plantas. Por eso, en 2005, decidieron mudarse al terreno que compraron sobre Ruta 40, donde está ahora el negocio.
"Esto era una laguna abandonada, salimos del pueblo porque estaba ideado que sea como los viveros de Buenos Aires", cuenta Marcos. Don Alfredo viajaba mucho y había observado que este tipo de negocios eran exitosos sobre las rutas nacionales. Entonces imitó ese modelo, con calles internas para cargar desde un potus a 300 árboles en camiones para forestar un barrio completo.
La meta era crecer y lo lograron. Ganaron intercambios con otras provincias, que hoy siguen abasteciendo, como Corrientes, Buenos Aires, San Luis, La Rioja, Córdoba, Mendoza, Salta y Tucumán, entre otras. También hacen canjes, de palmeras correntinas por durazneros sanjuaninos, por ejemplo. Todo es a gran volumen, desarrollado en 20 hectáreas que totalizan entre el vivero y una finca donde producen cultivos.
Este emprendimiento da de comer a varias familias, que son los trabajadores del vivero, incondicionales colaboradores, a los que la gente les reconoce el buen trato y el consejo certero sobre qué plantas comprar. Laurita es una de las más antiguas empleadas del vivero y, como sus pares, es una verdadera especialista en jardinería.
"Nosotros nunca en la vida hemos sido pudientes, todo esto se ha hecho laburando únicamente, no ha habido nunca un préstamo, al que le guste esto, es todo a pulmón", dice Don Alfredo.
Este año, asegura, viene flojo, pero el año pasado trabajaron muy bien. "Tenemos gran afluencia de revendedores, que todos los días vienen y traen un pesito, eso ayuda", dice agradecido.
Cuenta ya 5 nietos y la idea es que alguno siga el legado de los Millán, sabiendo que este rubro es todo un desafío y no es solo envejecer entre flores y mariposas. "No sabemos si querrá alguno", piensa el abuelo.
Alfredo se la pasa haciendo nogales para vender, y confiesa que es su árbol favorito pero nunca plantó uno en su casa, lo que dice que le recuerda a su padre y a su abuelo. "Mi padre decía 'cómo me gustaría un nogal como el que tenía mi papá', pero nunca puso uno. El nogal es un árbol que me encanta, como el lapacho". Prometió plantarlo ahora.