ver más

sábado 21 de marzo de 2026

Entrevista íntima

Las confesiones de Daniel Giovenco, el último trovador de San Juan

El cantautor sanjuanino repasó pasado, presente y futuro en una entrevista sazonada con buena onda y mucha cuyanía
Por Jorge Balmaceda Bucci

Compositor, músico, maestro, cuyano y un hermoso manyín (con todo respeto). Esos calificativos resumen en buena parte a Daniel Giovenco, el último trovador de San Juan. Con la buena vibra que le precede dijo presente en el primer programa del ciclo de entrevistas ‘Media hora entre preguntas’ (Viernes, 21:30 hs, por el Canal de Youtube de Tiempo de San Juan) y sacó a pasear la versión de su vida con su inseparable guitarra y un mate como testigos.

-¿Cómo anda el presente de Giovenco en lo personal?

-Hermoso. Estoy tranquilo y con laburo, que es lo que me estaba faltado y he podido conseguir algunas cosas importantes para este año. Eso te da tranquilidad.

-Está la frase esa que sostiene que, cuando uno trabaja de lo que le gusta, es un mero formalismo llamarle trabajo ¿No?

-Por eso estoy doblemente contento porque es un lujo poder vivir de mi laburo, que es enseñar a hacer canciones. En realidad, yo tendría que estar pagando porque lo disfruto demasiado. Pero una comadre me dijo que no hablase fuerte por me lo van a tomar en serio (risas).

GIOVENCO2.jpg

Daniel Giovenco y su inseparable guitarra

-¿Qué es ser músico?

-Tiene un montón de cosas. Primero, prepararse. Segunda, tener el estudio suficiente para poder transmitir haciendo música. Hay personas a las que le sale natural y otras lo tienen que ejercitar en lo que respecta a afición, poner los acordes. Es un gran laburo y ni te cuento en la parte creativa, donde vos vas a escribir una canción tuya. Vos estás en un lugar donde tu canción tiene que competir, entre comillas, o no desafinar en el sentido estético con canciones que ya han sido muy escuchadas. Por ejemplo, en la cuyanía se ha escuchado mucho a Villavicencio, a Tejada Gómez y uno tiene que intentar llegar ahí o al menos no quedar tan lejos.

Estoy doblemente contento porque es un lujo poder vivir de mi laburo Estoy doblemente contento porque es un lujo poder vivir de mi laburo

-¿Qué sentís cuando estás en algún lugar y de repente escuchando que suena o cantan una canción tuya?

-Yo me vuelvo loco de amor, me vuelvo loco de alegría. Me ha pasado y a veces también me ha pasado que me han mandado un mensajito como pidiendo permiso para cantar alguno de mis temas. Algunos hasta me mandan un borrador para que escuche y es un borrador que yo ni en 30 años lo podría hacer (risas). Son unos animales porque son creativos musicalmente, un espacio en el que yo soy limitado. Ellos le ponen una musicalidad a las letras que uno hace que evidentemente la obra se supera. Eso es muy copado, muy lindo y que puedo decir que me pasa a cada rato.

-¿Dónde encontrás la inspiración para componer?

-Si no hay un tema para hablar es imposible. En unos talleres que doy, que se llaman ‘Fábrica de trovadores’, yo insisto con eso. Vos podés tener toda la técnica de construcción de una canción. Podés saber todos los trucos, que tal nota te va a llevar a la otra y que la melodía va a ir para allá. Podés saber las cantidad de sílabas que van,.

Podés saber todos los trucos, que tal nota te va a llevar a la otra y que la melodía va a ir para allá, pero si no hay idea, sino no está la historia para contar, no tenés nada Podés saber todos los trucos, que tal nota te va a llevar a la otra y que la melodía va a ir para allá, pero si no hay idea, sino no está la historia para contar, no tenés nada

-La realidad que nos rodea te da temas…

-No me he dado cuenta (risas). Sí, sí que da, pero ya me cansé de mis tonadas de protesta. He hecho tantas que lo único que me queda por decir en una tonada de protesta es ‘¡Ufa!’, todo lo demás ya lo dije. Por eso intento encontrar algún viaje por ahí. La pandemia me dio algunas letras, con ritmos de folklore medios extraños para mí.

-Entonces, ¿en tu caso escribir tonadas está como fuera de moda?

-No es que estén fuera de moda. Es como que vos fueras a escribir 15 veces sobre la cuyanía, yo te diría ya está. Aparte, tenés el peligro de que ya han escrito 5.000 veces sobre la cuyanía. Entonces para encontrar una cosita bonita tenés que ser el (Gustavo) Troncoso o el (Raúl) De la Torre. Tenés que hilar muy fino. Hay muchos autores que me gustan, pero esos dos me gustan mucho.

-¿Te tocó compartir escenario con ellos?

-Sí, me ha tocado y he sentido un orgullo total. Además, hay un cariño artístico, que es el que después hace el cariño humano, el cariño de persona a persona. Te das cuenta que el que escribe así tiene que ser buena persona sí o sí.

He hecho tantas que lo único que me queda por decir en una tonada de protesta es ‘¡Ufa!’ He hecho tantas que lo único que me queda por decir en una tonada de protesta es ‘¡Ufa!’

-¿Qué es ser cuyano, qué es pertenecer a ese mundo tan particular como inmenso?

-Yo lo conozco de costado, a través de una invitación expresa de Julito Godoy. Me paseó por unas familias, los ‘Abelinos’ y los Miranda sobre todo, y ahí entendés que es Cuyo inmediatamente. Es gente que vive el folklore de una manera muy particular, lo hace su sistema de vida. Los cuyanos puros no están en el sistema capitalista como estamos todos, ellos están en el sistema cuyano.

-Hay una suerte de leyenda urbana que hace referencia a los ‘encierros cuyanos’, ¿qué son?

-Creería yo que hay una cuestión Huarpe metida ahí. Leí un libro que se llamaba ‘Huarpe Protozoo’, que habla de la historia y las costumbres de la ‘Huerpidad’, por decirlo de alguna manera. Los hombres huarpes, que eran unos machirulos (risas), se encerraban en un iglú de cañas y barro tres o cuatro y dejaban solo un agujerito en contacto con el exterior. Por ahí se les pasaba añapa (un alimento de algarrobo) y estaban ahí levitando durante un tiempo. Ese era tipo de encerrona para levitar. Y eso yo lo he visto un poco en la encerrona cuyana, donde uno está tocando la guitarra y de golpe uno dice “cerrá y de acá hasta que no se acabe el vino no se va nadie.

Los cuyanos puros no están en el sistema capitalista como estamos todos, ellos están en el sistema cuyano Los cuyanos puros no están en el sistema capitalista como estamos todos, ellos están en el sistema cuyano

-¿Hay alguna que se te venga a la memoria?

-Una vez mi vieja, la Nina, estaba cumpliendo años y era el primero que mi mamá estaba sola tras el fallecimiento de mi viejo. Yo tenía que estar. Justo la noche anterior me tocó una cuyanía y de ahí se armó la encerrona. Me decían “tocate otra, tocate otra”, ahí nomás los ’50 y 50’ y yo pensando que me tenía que ir para estar con mi vieja y no podía. Y en un momento me voy al baño y veo una ventana con claraboya de esas grandes, de las de antes. Y dije yo me escapo por acá y mañana pediré disculpas porque yo tenía que llegar al cumpleaños de mi vieja. Me tiré por ahí y del otro lado me recibieron dos doberman, esa fue la encerrona (risas). Ahí me salvó la ‘Tona’, la dueña de casa, que les hizo “chis” y los perros cuyanos entienden qué significa ‘chis’ (más risas).

-¿Tenés una idea de la cantidad de temas que has compuesto?

-De cantidad, ni idea. Ha habido veces que yo he escrito 15 temas en una semana para presentar un recital, por ejemplo.

GIOVENCO3.jpg

-¿No te molesta laburar bajo presión?

-Es hermoso laburar bajo presión. Jamás he laburado también como cuando laburás bajo presión. Una vez el compadre (Eloy) Camus me regaló un libro y me dijo que por qué no hacía un tema del libro que habla de los desaparecidos de San Juan. Empiezo a leerlo y encuentro en la contratapa una metáfora preciosa que hace el ‘Chango’ Illanes y que habla de la metamorfosis de la sangre que toca la tierra, entra por la raíz y llega a la flor. Se llama ‘Historia de una flor’ y eso me lo dieron un día antes. Ese tiempo fue suficiente para pasarle los acordes al Alejandro Sánchez y decirle que ahí tenía la música. Yo no puedo cantar y leer al mismo tiempo. Yo como chicle o camino, las dos cosas al mismo tiempo no.

Ha habido veces que yo he escrito 15 temas en una semana para presentar un recital Ha habido veces que yo he escrito 15 temas en una semana para presentar un recital

-Le has escrito a la amistad, a la cuyanía y a muchas cosas más, ¿tenés alguna cuenta pendiente?

-A mí vieja, pero trato de no hacer esos temas. Ya se ha escrito mucho sobre las madres. Te tiene que encontrar justo el momento para poder escribir algo así. No he hecho muchos temas que hablen de mi familia, pero justamente por el prejuicio de que ya se ha escrito mucho sobre el tema, que no podés encontrar nada nuevo hasta que lo encontrás. Yo sobre todo me dejo sorprender por el mundo, que me va dando letra a cada rato. Yo digo, como un consejo para que no tome nadie, que si no hay de qué hablar no lo intenten hacer en casa. No hagás una canción sino hay de qué hablar. Te va a costar, vas a estar dando vueltas, vas a hacer una canción hermosa que no dice nada y vas gastar una música hermosa que podría haber estado rodeada de una historia que valiese la pena. Todo esto lo digo porque hace mucho que no escribo (risas).

-¿Cuál es la última canción que has compuesto?

-La última inspiración mía fue casualmente el Chango Illanes. Estaba en Córdoba, en la casa de mi compañera María, y sueño con el Chango bebé. Es decir, la decir la misma carita del Chango con barba, pero en un cuerpo de bebé. Sus hijos, la Guada y el Rodi, me lo mostraban en una foto y te puedo asegurar que pude sentir el fresquito de la piel del Chango. Siempre que lo tocaba estaba fresco, era una heladera el tipo. Entonces me levanté y en 4 minutos hice un tema.

La última inspiración mía fue el Chango Illanes La última inspiración mía fue el Chango Illanes

-De no haber sido músico, ¿qué hubieses sido?

-Público (risas), hubiese ido a escuchar a todos. La música está mí. Mi vieja dice que yo debuté a los dos años. En una iglesia pusieron la marcha nupcial y yo no sé por qué le encontré “Saaaapo caaancionero”. Imaginate en el silencio, con el órgano de fondo y yo cantando. Fue una tentación de risa de todo el mundo. Ahí empezó todo, no me aplaudieron porque son unos caretas (risas).

-Has pasado por muchos escenarios, ¿hay alguno que recuerdas con más cariño o por algo en particular?

-En Chile, jamás me vi en un lugar y con un sonido como ese. Suele pasar que en escenarios de acá te mandan el sonido suplente y a las bandas que vienen de Buenos Aires o vienen de otro lado le ponen el sonido posta. Entonces vos terminás sonado como una huevada. Allá, en Chile, hay otro criterio y nosotros sonamos antes de que subiera Illapu. Los bajos nos pegaban en el pecho, era impresionante. Además, fue ante una enorme cantidad de gente. Ese concierto lo dimos con ‘Flor de Tierra’. Y también hay un escenario que especial para mí que es el de la cuyanía, en el Auditorio. En el que de alguna manera se materializa una idea que a mí me gusta mucho que es que el escenario en sí desaparezca, que seamos todos (artistas y público) para de lo mismo. El hecho de que el que está en el escenario se baje y baile, no se esconda, que esté en contacto con la gente. Desterrar la idea esa de que el toca nunca baila.

Mi vieja dice que yo debuté a los dos años. En una iglesia pusieron la marcha nupcial y yo no sé por qué le encontré “Saaaapo caaancionero” Mi vieja dice que yo debuté a los dos años. En una iglesia pusieron la marcha nupcial y yo no sé por qué le encontré “Saaaapo caaancionero”

MEDIA HORA ENTRE PREGUNTAS PROGRAMA 1

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar