César Orellano es un sanjuanino de 66 años que desde hace 26 es cafetero en las calles sanjuaninas, primero recorriendo lugares en las cercanías de su casa y luego, desde hace un tiempo en la puerta de la Catedral. En una entrevista con Tiempo de San Juan contó que empezó a hacerlo por necesidad y hasta le dio vergüenza, pero los años pasaron y hoy César ama su trabajo y no lo cambiaría por nada. Te contamos acá quien es.
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La historia de César, el cafetero de la Catedral
Para su familia y los más íntimos César es "el Negro". Papá de 4 hijos, abuelo de 4 nietos y viudo, desde hace 26 años que vende café, y si uno pasa por la esquina de la Catedral sanjuanina en la mañana, él siempre está ahí, rodeado de gente, con su moto donde lleva todo lo que necesita para ganarse el pan.
Recuerda la primera vez que vendió un café como si no hubiera pasado el tiempo. "Empecé con mucho miedo, porque yo salí por necesidad. En el pecho llevaba cinco termos y me daba vergüenza, por eso salí de madrugada para medio esconderme y que no me vieran. Yo venía de otro trabajo, en el Correo Argentino y me tuve que ir sí o sí; por eso comencé a vender café, me quedé sin trabajo, y después descubrí que podía vivir de esto", relató César.
Siguiendo con el relato, explicó: "Salí de mi casa como a las 3 AM, eran las 10, iba por Avenida Libertador y Alem en mi moto, me para un remisero y me pregunta si me quedaba café, ese fue el primer café que vendí; uno solo, a las 10 am. Después vendí dos cafés al otro día y no paré más hasta ahora".
César recuerda también que sus ex compañeros del Correo le dieron una mano cuando empezaba con la venta del café: "Me dijeron que fuera en la madrugada, ellos me ayudaron muchísimo; y así pude empezar a comprar más termos, me pude ir expandiendo y acá estoy, ya hace 26 años que vendo café".
El sanjuanino ya no hace recorridos al grito de "café, café", sino que se queda en un solo lugar. "Hacía recorridos pero lo abandoné, era época de De la Rúa; tenía muchos fiados de la gente, no me pudieron pagar y entonces decidí no hacer más el recorrido porque fiar y no cobrar no era negocio. Hasta que me quedé acá, vendo menos, pero la plata me la llevo", contó.
El trabajador dice que antes tenía su "cuaderno Gloria" donde iba llevando las cuentas, pero un dí a detuvo su marcha y entre tantos lugares que recorrió decidió quedarse en la esquina de la Plaza 25 de Mayo, sobre Mitre y Mendoza. "Antes de la pandemia eran las 2 am y yo estaba ahí hasta las 6 que me cruzaba acá; pero como con la pandemia la vida nocturna desapareció, directamente me vengo a las 6 acá hasta 11:30 a más tardar y ya después me voy", explica.
Al llevar tantos años con su profesión César dice que hay personas que van casi todos los días. "Un 30% de los clientes son fijos y los otros son de paso, circunstanciales". Y ahí es cuando este cafetero relata que más allá de una parte comercial, de la venta del café; hay con quienes ha establecido una relación mas personal. "Acá me confiesan todos sus problemas, aventuras, mentiras, todas las cosas", dijo.
"Yo he convertido esto en una posada... amigos, encuentro y Jesús"
César es un hombre muy creyente, y ve en su trabajo no solo algo que le da dinero, si no como si fuera su "posada" en el que hay amigos, encuentro y Jesús. En el siguiente video podés escucharlo recordando un texto bíblico y hablando de las personas en situación de calle. Además relata uno de los momentos más duros: "El asalto al Casino, quedé en medio de la balacera".
César vive en Rivadavia y desde su casa ubicada sobre en Avenida Libertador sale cada mañana a bordo de su moto a vender café. A él no le importa el frío, el calor extremo, el viento, la lluvia, enfrenta cada día con la mejor actitud y es así como llega a vender hasta 40 cafés por día.
Si uno transita por la Catedral allí estará, entre los cientos de sanjuaninos que cada mañana transcurren por ese sitio. Si querés probar el rico café que hace y darle una mano, sus precios son más que accesibles: un chocolate, un capuccino, un café o un café con leche sale $150 sin la tortita; un mate cocido o un té sale $100; cada tortita $30; medialuna $50; y así va armando "un combito de acuerdo al bolsillo de la gente", explica.
- TSJ: ¿Por qué sigue vendiendo café después de tantos años?
- Muy poca gente puede vivir de lo que le gusta y yo lo hago. Le tomé mucho cariño a esto, porque uno aprende a vivir de lo que hace y le gusta.
Hace 2 años César tuvo un accidente de tránsito, en plena pandemia, y atravesó un fuerte cuadro de estrés y depresión, por lo que recibió asistencia en el servicio médica. "La falta de seretonina que tiene mi neurotransmisor la genero acá, mediante la comunicación con la gente, y para mí, esto es terapia, aparte me llevo unos pesos para poder pasar el día, pero sirve mucho para mi salud", expresó César.
Sin dudas este cafetero sanjuanino es uno más de los que sufre las consecuencias de la inflación o de que a la gente le cueste mucho el dinero ya que él ha notado que ha bajado el nivel de ventas porque "la gente está cada vez más empobrecida".