Su historia parece sacada de un cuento. Nació con la llegada de los jesuitas a San Juan, alrededor del año 1650, poco después de la fundación de la provincia. Al pie de la Quebrada de Zonda, en Rivadavia, fue plantada junto a otras, pero se transformó en única. Creció de a poco y sus frutos fueron vino de las primeras misas y servidos en pulperías. Estaba allí, cuando nació Sarmiento, cuando fundó la primera escuela y también cuando murió. Sintió los terremotos de 1894, 1944 y 1977 y vivió los resurgimientos de la provincia. Siguió creciendo, hasta convertirse en “la cepa histórica de San Juan”, un símbolo local que era visitado tanto por niños de escuelas como por personalidades que llegaban en la provincia. Pero, en 2001, un incendio la hizo perecer. Sin embargo, resurgió: un retoño de esa cepa había sido plantado en otro sector de la finca y ahora, a través de él, los dueños siguen contando su 'leyenda' a los visitantes.
La cepa que fue testigo de la historia completa de San Juan y vive a través de un retoño
“En las décadas del ’60, el ’70 y el ’80, e incluso después, esa planta era un punto de reunión. A la finca de mi padre –Rafael Pérez Vela-, llegaban desde contingentes de alumnos hasta presidentes. Todos iban a conocer la cepa histórica, que llegó a vivir más de 350 años”, cuenta Rafael Pérez Romero quien, como su padre, es enólogo y continúa con el legado de la familia. Y comenta que entre los famosos que recuerda parados al pie de la cepa están artistas como Raúl Lavié, Pinky, Andrea del Boca cuando era pequeña y hasta los corredores Juan Manuel Fangio y las suecas Ewy Rosqvist y Ursula Wirth.
Un relato, varios siglos
Todo comenzó alrededor del año 1650. “Esa zona fue uno de los primeros lugares donde se cultivó uva en San Juan. Las tierras estaban en manos de los jesuitas. Ellos se instalaron en ese lugar por un tema estratégico, debido a que todavía no se creaban los canales de riego y esa era zona de esteros. Ellos plantaron unas 12.000 cepas en San Juan, en tres lugares puntuales: Albardón, Ullum y Rivadavia, zona conocida en ese momento como Altos de Puyuta”, relata Rafael.
Y continúa: “Además de uva, plantaban trigo y lo comercializaban. A las vides de la zona en la que está la finca las usaban para hacer vino de misa o vino que se vendía en una pulpería en La Bebida. La harina también era vendida allí”.
El tiempo pasó y un sector de esas tierras ubicadas a orillas de la Avenida Ignacio de la Roza quedó en manos de su familia. Su abuelo, Antonio Romero Ruiz, compró la finca a la empresa Escolar. En ese momento, ya se había instalado enfrente la fábrica de cemento Loma Negra, que había adquirido también algunas hectáreas del terreno. Fue entonces que hicieron la división y, al advertir esa cepa tan grande y particular justo en el límite, decidieron dejarla del lado perteneciente a Antonio. Era una cepa de variedad criolla chica, que se cultivaba hace muchos años. Si bien no es muy productiva en cantidad, sus uvas alcanzan alto tenor azucarino, por lo que con ella se producen vinos de alta graduación alcohólica.
“Eso sucedió hace poco más de 80 años y la planta se destacaba, tenía casi 300 años y era enorme”, cuenta Rafael. Y reflexiona: “A ellos les llamó la atención de inmediato. Era extraño ver una cepa tan grande que no se podía abrazar entre dos personas y que, además, seguía produciendo uva. Lo mismo llamaba la atención a la gente que empezó a llegar a conocer la planta, que para ese momento ya tenía un tronco de alrededor de dos metros de diámetro”.
Según el relato de Rafael, la cepa fue incluso la más antigua del país y llegó a ser una de las más viejas del mundo. Pero hace 22 años, durante un fuerte viento Zonda, se desató un incendio que azotó al Jardín de los Poetas. A pesar de que las llamas no llegaron a la finca, el calor generado por el fuego hizo que la antigua madera combustionara. La planta murió y parecía que su historia había terminado, sin embargo, quedaba su sucesora.
La astucia de don Rafael
“Conociendo su importancia histórica y previendo que pudiera pasarle algo, mi padre había sacado material de esta cepa y la había colocado en otro sector de la finca. Eso sucedió justo dos años antes del incendio. Entonces, ahora tenemos una cepa que es hija directa de la original y tiene 24 años”, revela el hombre.
Hace casi 10 años, el padre de Rafael falleció y ahora es él quien continúa a cargo de la finca y al cuidado de aquella planta. “La tenemos bien identificada, es una cepa que tiene mucho desarrollo de follaje, de la canopia. Es muy grande y a medida que va a creciendo vamos tratando de no limitar su avance”, revela el especialista quien, siguiendo con el legado familiar, es el encargado de contar la historia de la parra a quienes llegan al lugar.
“Además de continuar con el cultivo de vid, tenemos ahora un nuevo emprendimiento en el lugar junto a mis dos hermanas, al que llamamos ‘Quinta Jardín de los Poetas’. Hicimos un salón de eventos y cabañas. Entonces, a la gente que llega le mostramos la planta y le contamos su historia. La idea es que no se pierda”, comenta el nuevo custodio de "la hija de la cepa histórica de San Juan".