Durante más de 100 años, el Club Social San Juan se mantuvo prácticamente siempre cerrado a sus miembros, siendo sede de cumpleaños y fiestas de lo más exclusivas. Espacio histórico de las galas por el 9 de Julio, con el paso del tiempo, su actividad se vio demasiado limitada albergando sólo a los tradicionales socios que aún quedan. Esa situación y la idea de generar una apertura a las nuevas generaciones fue lo que llevó a sus autoridades a tomar la decisión de dar un giro. Concesionaron sus salas con mesas y sillas e, incluso, el patio abierto, que ahora es cervecero, para la inauguración de un bodegón al que puede entrar todo el público a degustar platos abundantes, a precios razonables para la época, entre los cuales, la punta de espalda es la vedete.
El club que pasó de los bailes de hace un siglo al bodegón más sanjuanino frente a la Plaza 25
Con el espacio de restaurante por primera disponible para todos los sanjuaninos, el bodegón que recibió el nombre de “La Maja”, inauguró a mediados del mes pasado, en la sede ubicada justo enfrente de la Plaza 25 de Mayo, por calle Rivadavia.
“Abrimos primero para los socios y después se hizo la inauguración oficial. Es que, en el Club había un restaurante, pero era sólo para ellos y bueno, esta apertura es todo un reacomodamiento. Hay socios que se han adaptado, otros que se están adaptando y otros que todavía no vienen. Pero la idea es que se acostumbren con el tiempo a que esto tiene que tener una apertura, porque se necesitaba una renovación”, comentó Luis Aragón, a cargo del restaurante.
Pero, ¿por qué un bodegón? “Yo hablé con el presidente del Club -Dino Minozzi-, en varias oportunidades y con distintas ideas y alternativas, pero ninguna terminaba de cerrar. Sin embargo, cuando planteé la idea del bodegón gustó de inmediato. Surgió porque viajé a Buenos Aires y por Maipú y Avenida Corrientes hay un bodegón que es súper antiguo, que era un almacén y lo modificaron después. Lo llamé a Dino por teléfono y le dije, ‘hagamos un bodegón, no hagamos una cantina’. La idea nos cerró rápidamente, porque en San Juan funcionan bien las cosas tradicionales, pero al mismo tiempo no hay opciones de este tipo. Entonces, iba con la idea que tenemos, que es que de a poco empiece a venir gente y que también se asocien al club”, asegura Aragón.
“Vos venís a comer acá y vas a comer una lenteja así de grande –dice Aragón mientras arma un gran círculo con las manos-. Querés comer pescado, hay pescado todos los días. O sea, todo depende de lo que quieras comer, y de lo que quieras pagar también. Por supuesto, con los números que se están manejando, está difícil invitar a comer. Pero vas a venir y vas a encontrar distintas opciones a diferentes precios. Y, por su puesto, vas a poder comer asado con la tradicional punta de espalda, porque tenemos una hermosa parrilla acá atrás”.
El empresario destaca que, justamente, la punta de espalda es la “vedete” del lugar. Y, aunque se guarda en secreto el proceso de cocción para lograr que la carne icónica de San Juan sea realmente blanda, asegura que la receta tiene toques que la hacen única.
El espacio destinado al bodegón es amplio en el enorme y pintoresco edificio con muebles de madera torneada y vidrios biselados. Está integrado por el salón principal, en el cual la gente come al lado del antiguo fresco de 4 metros de alto por 9,5 de ancho, creado por el artista Federico Blanco. A él se suma el patio cervecero. Además, en el primer piso hay un segundo salón, que será habilitado próximamente para realización de evento.
Sumado a eso, sigue habiendo un lugar exclusivo para los socios, que es la barra. “Ahí ellos siguen manteniendo sus juntadas tradicionales, se pueden tomar su whisky, pueden fumar, por ejemplo”, afirma el concesionario. Sumado a eso, el edificio cuenta con el salón más grande, que todavía se alquila para casamientos, cumpleaños y otras fiestas y desde donde se puede solicitar el servicio de catering de La Maja.
Los precios y lo que viene
Con la intención de que cada vez más sanjuaninos se sumen a la propuesta, el restaurante maneja una carta con diversas alternativas que permite que también sean variados los precios. Por ejemplo, se puede comer distintos tipos de ensaladas a precios que varían entre los $1.400 y los $2.800.
Mientras que, el valor de las milanesas con guarnición va desde los $3.200 a los $4.000. El precio de los platos de pastas se mueve entre los $2.500 y los $4.500 y a eso se suma una gran diversidad de comidas rápidas. Una pizza se puede comer por $5.200 y una pachata, por $3.900.
En cuanto a las carnes, el precio del pescado varía entre los $3.500 y los $8.500. Y las opciones finalizan con las carnes rojas: la punta de espalda se vende a $5.500 y una tabla de asado para dos personas, a $9.700.
En cuanto a lo que viene, Aragón afirma que, “tenemos armado ya un cronograma para agregar música en vivo a la experiencia. La idea es que los viernes haya folclore o música de ese estilo y que los martes sean noches de jazz, para atraer otro público. También existe la posibilidad de reservar para hacer eventos, ya sean organizados por alguna institución o sociales, como un baby shower. Estamos abiertos a distintas posibilidades”.
La resistencia de los clubes
El Club Social tiene ya 135 años de vida. En sus inicios estuvo en otras locaciones, hasta que finalmente se logró la adquisición del edificio actual. Su larga historia siempre estuvo ligado a sus socios. Sin embargo, con el cambio de épocas y costumbres, la necesidad de subsistir llevó a sus autoridades a tomar distintas decisiones. Por ejemplo, parte de su edificio fue alquilado para el funcionamiento de un banco y ahora se optó por abrir sus puertas a través de la concesión del lugar para el restaurante.
Situaciones similares vivieron a lo largo de la época otros clubes sanjuaninos que hace más de 100 años fueron creados para reunir a distintos grupos sociales. Es el caso, por ejemplo, del Club Sirio Libanés, nacido en 1919 y en cuyo edificio, ubicado en calle Entre Ríos, funcionan un restaurante, un café y una sede del Poder Judicial. Mientras que, la Casa España, ubicada en la misma cuadra que el Club Social, también tuve que abrirse para mantenerse, en este caso cuenta con un restaurante y alquila parte de sus dependencias a la Universidad Católica de Cuyo.