Calle Güemes, 23.30. La temperatura roza los cinco grados y la brisa helada traspasa la piel. El ruido de los camiones se hace sentir en toda la cuadra, las risas de los trabajadores también. Algunos en bicicletas y otros caminando, dejando ver apenas sus ojos por el frío, empiezan a rodear el centro de operaciones: donde todo comienza. "Ahora soy actor", bromea Emilio Castro, el hombre que lleva 18 años limpiando el centro sanjuanino e invita a Tiempo de San Juan a conocer el mundillo de los barrenderos, los dueños de la ciudad cuando todos duermen.
Barrenderos: los dueños de la ciudad cuando todos duermen
Ya es la medianoche y las órdenes del capataz de la zona, Mario Farías, no tardan en escucharse. Acto seguido, los muchachos arrancan una jornada de trabajo normal para ellos, atípica para el resto. Emilio toma una de las tantas hojas de palmeras que hay dentro del inmueble y se dirige al microcentro, a los alrededores de la Plaza 25 de Mayo. Tres compañeros van detrás de él con bolsas y tachos de basura. "Este grupo se formó hace bastante y estamos siempre juntos. Nos ha pasado de todo en la noche, cosas lindas y cosas malas, como situaciones paranormales. Hemos escuchado gritos o que nos llamen y darnos vuelta, y no ver nada. Ya nos acostumbramos a eso", cuenta otro integrante, Alejandro Córdoba.
Para los muchachos el "trabajo sucio" consiste en barrer las veredas y calles. También sacar la mugre que se acumula en las cunetas y embolsarla, para que luego otro grupo de recolectores las transporte en camiones, sin importar que sea de madrugada, a la planta de tratamiento de residuos ubicada en Rivadavia. Esa rutina la repiten todos los días, desde avenida Rawson a calle España, y de avenida Córdoba a calle 25 de Mayo. Recorren de punta a punta las 125 cuadras que componen el centro de San Juan.
Si bien a lo largo del día se implementan diferentes guardias de limpieza en la Peatonal y resto del corazón de la ciudad, el trabajo fuerte y minucioso está en la noche. Son cerca de 40 los trabadores que integran el turno, todos distribuidos en cuadrillas que desempeñan diferentes funciones: algunos salen con las hojas de las palmeras a barrer las veredas, otros vacían los contenedores o se suben al camión barredor o el llamado "oso hormiguero", una especie de aspiradora. Un turno que estuvo suspendido por varios años y retornó en la gestión de Emilio Baistrocchi.
"Empecé haciendo cunetas en el 2005 y ya desde hace 14 años en el turno noche y me gusta. El trabajo es mucho más completo, porque no hay autos ni hay gente. Podemos limpiar tranquilos las veredas, sin que haya amontonamiento de gente. Este turno nos permite poder desempeñarnos con más libertad, en la tarde sería imposible", comenta Emilio, empleado que hace poco pasó a planta permanente.
Emilio es papá de una nena y tiene la guarda. Dice que vive a contrarreloj, muy distinto al resto de la gente pero igual que sus compañeros. Su día arranca a las 23hs, cuando se baña y agarra su bicicleta mountain bike para dirigirse al puesto municipal. Allí cumple con las horas laborales, que a veces son cuatro y otras, si hay viento, son cinco o seis. Después llega a su casa, duerme una hora, y se levanta para llevar a su hija a la escuela. Tras otras tres horas en la cama, busca a su pequeña y se va a su segundo trabajo, donde termina cerca de las 17hs. Diariamente duerme siete horas, pero de manera interrumpida.
Luis Pérez también se acostumbró a una vida laboral nocturna. El hombre de 62 años es uno de los ocho trabajadores que se encarga de dejar una pinturita el lugar más visitado de todo San Juan: la Peatonal. Un lugar que conoce mejor que nadie. "Hace 36 años que limpio la Peatonal, que la embellezco junto a los compañeros. Estoy acá desde cuando la Peatonal era calle, cuando se hacían trabajos de arbolado y poda. Ahora es un trabajo livianito, pero en esa época era todo manual, hasta baldeábamos por el excremento de los pajaritos. Después se fue modernizando", cuenta Luis.
Cuando la zona, originalmente llamada Peatonal Rivadavia y Peatonal Tucumán, fue inaugurada en 1993 y se convertía en el polo comercial de la provincia, Luis ya barría y limpiaba aquel lugar. "Es mi otra casa. Me quedan tres años para jubilarme y sé que voy a extrañar, pero los ciclos hay que cumplirlos. He trabajado una vida aquí", añadió el empleado municipal, mientras termina de barrer el cruce peatonal totalmente desolado.
Entre bromas, alguna canción y el ladrido de los perritos callejeros, los muchachos (son mayoría hombres) siguen concentrados en las labores. Los chalecos reflectivos que les otorga la municipal toman protagonismo en las calles céntricas desiertas. No faltan los guantes, tampoco las bufandas y gorritos para intentar mitigar el frío. Todos trabajan para un mismo fin: una ciudad impecable, sin importar las condiciones climáticas.
La mayoría de los trabajadores coincide que al sanjuanino le cuesta cumplir con las pautas de limpieza, que los basureros a veces son invisibles, y que los comerciantes omiten llevar sus propios residuos a los contenedores, tal como indica la norma. Deolinda Tapia, quien está asignada a la zona peatonal, lleva 12 años en la función e incluso cuenta que su hijo más pequeño creció acompañándola en esa labor, jugando entre los árboles y banquitos. La mujer se sincera y dice que "algunos sanjuaninos son más sucios que limpios, los papeleros no los utilizan".
Del centro sanjuanino sacan 380 toneladas de basura por día. Dicen que lo más raro que suelen encontrar son perros y gatos muertos. También se topan con billeteras y carteras que dejan los delincuentes tras algún arrebato; esos elementos se llevan al gabinete que está en el cruce peatonal, allí guardan todo lo que encuentran de valor.
"Ser recolector es un trabajo como cualquier otro. Es barrer, bolsear y acarrear de manera permanente, todo bajo un grupo de personas que se unen en cadena para que la limpieza funcione. Uno pasa de todo y ve de todo, a veces con temperaturas bajo cero, a veces el doble de trabajo por las hojas que se caen producto del viento, pero está la satisfacción de saber que la gente llega al otro día y encuentra todo limpio", cierra Emilio.
Curiosidad: el por qué de la hoja de la palmera
Mario Farías explicó que, a la hora de limpiar las calles, las hojas de las palmeras son mucho más funcionales que cualquier escoba o lampazo. Pero para utilizarlas hay que seguir un proceso: cortarlas, secarlas y prepararlas. "Es lo mejor que hay para barrer, más que nada las avenidas que son muy anchas. No pesa mucho y se ahorra tiempo y dinero. Es un invento que tiene más de 30 años", explicó el trabajador.
Los números
-40 son las personas que salen a limpiar la ciudad de madrugada
-1000 son las personas que trabajan en el equipo de limpieza de la Secretaría de Ambiente y Servicios de la Municipalidad de Capital, entre choferes, recolectores y demás personal.
-175 son las bolsas de basura que saca a diario el turno nocturno
-380 son las toneladas de basura las que se depositan en la planta residual de Rivadavia a diario.
-7 son los camiones con los que cuenta el municipio para el trabajo de limpieza: dos son "barredoras" y uno es "aspiradora"
-200.000 son las personas que ingresan al centro sanjuanino para pasear y trabajar.