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lunes 27 de abril de 2026

Opinión

Pasan cosas extrañas con el tarifazo en San Juan

La energía eléctrica, víctima de un aparatito mal calibrado. El gas, una vergüenza: a ojímetro, el que ahorró con la estufa se embroma porque se lo cobraron igual. Por Sebastián Saharrea
Por Redacción Tiempo de San Juan

Uno de los dos motivos por los que el aumento de la luz en San Juan (sólo en distribución) en lo que queda del año sólo será menor al 1% es un aparatito mal calibrado del que nadie tenía noticias hasta hace un par de semanas.

Lo reveló el titular del EPRE Jorge Rivera Prudencio en una entrevista a fondo en Paren las Rotativas (los domingos a las 21 por Telesol). El funcionario no es demasiado fanático de las apariciones periodísticas, pero aceptó la luz de las cámaras justo un día antes de firmar la resolución final. Sobre la que ya había corrido demasiado material en off: que el margen concedido sería exiguo y que la empresa ya amagaba antes de conocer la cifra con apelar a la Justicia.

Cuando se puso a explicar por qué el margen que anunciaría al día siguiente efectivamente sería menos al 1% cuando la empresa Energía San Juan había peticionado cerca de un 30% -a tono con los movimientos de tarifas de otras franjas de la factura que pagan los sanjuaninos, como generación y transporte-, contó que un cambio impositivo (la posibilidad de indexar balances por inflación) había mejorado los números empresarios. Y metió un bocadillo casi inocente, pero no tanto.

Relató que hace unos meses le había llamado la atención una información: que el consumo eléctrico en San Juan había registrado una caída. Cómo podía ser, se preguntó, si los parámetros al alcance de su mano le estaban indicando otra cosa. Hasta que llegó a un conclusión inquietante: que el aparato que mide la entrada y salida de energía en San Juan hacia el sistema interconectado, en manos de la empresa Distrocuyo (que es la que transporta la energía hasta la provincia) estaba misteriosamente alterado.

Medía mal, a la baja. Y esa medición inexacta motivada por un aparato descompuesto –por llamarle de alguna manera- hizo que el precio de la energía para el consumidor sanjuanino se encareciera. De manera artificial, lógico, sin que nadie se diera cuenta.

Con independencia de este episodio de aspecto casual pero de fuerte incertidumbre sobre lo que pudo haberlo motivado, el EPRE decidió imponer a la empresa una virtual devolución de esas sumas extras cobradas al usuario, y eso motivó que el pedido de aumento quedara en casi nada.

Pero no se trata de un capítulo para pasar por alto sin más. Rivera anunció que habrá un sumario para aclarar lo que pasó, explicó que ese trabajo –el de revisar el aparato- lo hace Distrocuyo junto con personal del EPRE, y no descartó que hubiera una acción dolosa en lugar de un “accidente”.

Quedan demasiadas dudas como para que corra el asunto sin mayor ocupación. ¿Qué hubiera ocurrido en el caso en que no despertara sospecha la supuesta baja perfomance de San Juan en la medición del consumo?  Respuesta probable: si el desequilibrio no hubiera sido tan evidente, no hubiera llamado la atención del EPRE, y la situación podría haberse extendido. ¿Hay sospechosos de haber “tocado” el aparatito?, ¿amerita una investigación judicial, más allá del sumario del EPRE?

Por el malestar de la empresa, Rivera se mostró despreocupado. Explica que en los años que lleva a cargo, sólo le ganó 2 de las más de 1.000 presentaciones que hizo.

Ahora hay otro tablero. Desde que la distribuidora sanjuanina cambió de manos y pasó de los chilenos de CGA a los catalanes de Gas Fenosa, la actitud empresaria parece ser más aguerrida pese a mantener a los mismos gerentes.

Entienden que son el eslabón del sistema eléctrico menos favorecidos por el tarifazo nacional sacudido por Aranguren, como lo atestiguan los números del propio EPRE sanjuanino. En la provincia, el costo de generación subió el 1.200% desde enero de 2016 (comienzos de la gestión Macri), el del transporte el 2.000 % (Distrocuyo) y el de la distribución local apenas algo más del 45%.

Todos esos incrementos golpean el bolsillo de los consumidores sanjuaninos, pero la gente focaliza su disgusto en la empresa local de energía local, cuando son los que menos se la llevan.

Energía San Juan cambió de manos en 2016 en medio de intercambio global en el que la sanjuanina fue apenas un capítulo menor. A medida que los nuevos dueños fueron empapándose del nuevo tablero, están mostrando una actitud más combativa, expuesta en esta versión de disconformismo echada a rodar aún antes de que se conociera la resolución del EPRE.

El caso del gas aparece como más grave porque focaliza en el ojímetro como vara para facturar, y de ese modo se pasa por las partes cualquier esfuerzo del consumidor anoticiado de que la mejor manera de prevenirse ante cualquier facturazo era cortar el consumo. Como aconsejaron desde el presidente Macri para abajo.

En virtual carcajada hacia el apagón de estufas de cualquier jubilado temeroso, la incomprensible decisión de la empresa Ecogas (cuyo paquete accionario en Distribuidora de gas Cuyana integra el hermano del alma presidencial Nicolás Caputo) fue calcular el consumo mediante una tabla que unilateralmente establecieron, sin tener en cuenta lo que dice el medidor.

Es decir que si el lector hizo los esfuerzos para protegerse de la insensatez de escalar el precio del gas en tiempos de alta demanda como el invierno, con el alegado propósito de “sincerarnos” o “pagar lo que vale” (aunque quien decide lo que vale es quien lo regula, es decir el Estado), pudo haber caído en el paquete de los “proyectados” en la lectura del medidor.

Traducido al criollo quiere decir “me importa un rábano lo que diga el medidor y los esfuerzos que haya usted hecho para ahorrar”, sólo por usar lenguaje presentable y hasta paleozoico (rábano). Los más jóvenes, o en el barrio, se referirían a esta cargada de otra manera.

La irregularidad fue detectada por un grupo de legisladores nacionales sanjuaninos (Allende, Caselles y Peñaloza), quienes pusieron sobre aviso a la gente. Muy útil, pero no alcanza. Porque la notificación siempre se habrá quedado corta frente a los cientos o miles no los vieron a tiempo -o siguen atemorizados para que no les corten el gas en invierno- y fueron a pagar su boleta calculada a antojo del dueño.

Habrá que ver cómo se repara semejante daño, si es que eso ocurre. Y para que no queden dudas de la solidaridad de quienes fijan las tarifas ante la desgracia de los que no pueden pagar “lo que vale” y encima caen víctimas de las avivadas, el ministro Iguacel anunció esta semana que la luz subirá un 26% (la generación, lo que impactará lógicamente en San Juan) y el gas un 30%. El mismo día y a la misma hora que volaron los cuadernos Gloria.

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