A casi dos meses de que estallara el escándalo en el Colegio Luján, donde denunciaron que una alumna con discapacidad fue abusada por otro estudiante, fuentes allegadas a Lucas Salinas -el único acusado en la causa- contaron cómo el joven de 18 años vive sus días de prisión en el Penal de Chimbas.
De la escuela a la cárcel: cómo son los días de prisión del joven acusado de abuso en el Colegio Luján
El chico que transitaba su último año de Secundario permanece tras las rejas desde hace 20 días y es por ello que su defensa buscará, a través del Tribunal de Impugnación, que lo excarcelen ya que consideran una exageración que se aplique la medida de coerción más gravosa, como lo es la prisión preventiva.
Es que el joven denunciado pasó de la escuela a la cárcel, sin escalas y ello repercutió de manera negativa no sólo en su persona, sino también en su familia. Aunque en las audiencias se la pudo ver a la madre del chico, que incluso habló con los medios de comunicación para defender el honor de su hijo, aseguran que el impacto fue en toda su familia.
Las fuentes comentaron que, si bien en un principio el adolescente denunciado vivenciaba todo como si tuviera que rendir cuentas en la dirección, con el paso de los días y el contexto de encierro hicieron que hoy no se encuentre con el mejor de los ánimos. "Está mal y no es para menos", dijeron las fuentes.
Desde que fue denunciado, las fuentes cercanas al acusado manifestaron que se encontraba tranquilo. De hecho, llamó la atención lo despreocupado que se lo observaba durante la audiencia de formalización del caso. Ni el despliegue de las autoridades ni el de las cámaras que apuntaban hacia él lo perturbaron, por lo que se mantuvo sereno e inmutable al escuchar la tremenda acusación en su contra.
Esa reacción, para las fuentes consultadas, fue consecuente con su pensamiento. "Él no creía que iban a ir tan lejos porque no hizo nada, por eso estaba tranquilo, confiado. Si ni siquiera conoce a la denunciante", dijeron.
Es por esa razón que su defensa compuesta por Reinaldo Bedini y por Paola Ibáñez insistirá, frente al juez de Impugnación Benedicto Correa, que el imputado recupere la libertad apuntando munición gruesa contra la calificación: abuso sexual con acceso carnal.
Para la defensa, la imputación no estuvo bien concedida ya que el informe del médico legista señaló que no hubo lesiones en la región genital. Además, aseguró que los restos de sangre que descubrieron en la ropa interior de la presunta víctima pertenecían a la zona de la cintura. Por todo ello advierte que no hubo acceso carnal y es justamente ese agravante el que lo mantiene tras las rejas.
Entre otros tantos argumentos para descartar la sospecha sobre su patrocinado, la defensa sostiene que la menor no lo identificó concretamente al joven y que, además, indicó que el supuesto agresor tenía anteojos de sol. "O el chico entraba al baño con lentes o lo reconoció así por las fotos que la madre le mostró", añadió con suspicacia.